De Perth al living: cómo nació Canva con US$0
En 2007, Melanie Perkins tenía 19 años y daba clases particulares de diseño gráfico en Perth, Australia. Notó algo que cambiaría su carrera: sus alumnos tardaban meses en dominar programas como Photoshop. Si diseñar fuera tan sencillo como editar un documento de Google, ¿cuántos más podrían hacerlo? Esa pregunta se convirtió en el origen de Canva.
El primer intento se llamó Fusion Books, una plataforma para que los colegios creasen anuarios escolares con un sistema de arrastrar y soltar. Perkins la montó en el living de su madre, junto a su novio Cliff Obrecht. Las familias se repartieron los roles: la madre de Melanie revisaba el material impreso, la madre de Cliff llevaba la contabilidad. En cinco años, Fusion Books ya era la mayor editorial de anuarios de Australia, con operaciones en Francia y Nueva Zelanda.
Pero el salto a una herramienta de diseño masiva requería capital. Perkins persiguió inversores locales en Perth durante meses y acumuló más de 100 rechazos, según el relato recogido por VietNamNet. El punto de inflexión llegó en 2011, cuando conoció al inversor de Silicon Valley Bill Tai en una conferencia. Tai no invirtió de inmediato, pero la presentó a su red. En esos círculos conoció a Lars Rasmussen, cofundador de Google Maps, y a Cameron Adams, ex ingeniero de la misma empresa. Adams se convirtió en el tercer cofundador y director de producto.
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👥 Construir en la comunidadEn 2012, Canva cerró su primera ronda —US$1,6 millones— con Felicis, Blackbird Ventures y Sequoia, más US$1,4 millones del gobierno australiano. En 2013 lanzó oficialmente la plataforma.
Una valoración de montaña rusa: del primer millón a US$32.000M
La trayectoria de Canva en valoraciones se parece más a una montaña rusa que a una línea recta, según los hitos que recoge la fuente original:
- 2018: alcanza el estatus de unicornio al superar los US$1.000 millones de valoración.
- 2019: la valoración sube a US$2.500 millones y luego a US$3.200 millones con el lanzamiento de productos enterprise.
- 2021: ronda de US$200 millones que lleva a Canva a los US$40.000 millones.
- 2025: año de alta volatilidad. Las valuaciones cayeron hasta los US$26.000 millones en algún momento, antes de repuntar a US$32.000 millones mediante una venta secundaria de acciones a fin de año.
Esa cifra de cierre de 2025 es la que recoge el artículo vietnamita. Sin embargo, según reportó SmartCompany a partir de documentos de Blackbird y Airtree, los fondos que participaron en rondas tempranas situaron a Canva más recientemente en torno a los US$34.900 millones, en un ajuste a la baja del 17% desde el pico de US$42.000 millones alcanzado en 2025. En el mismo reporte, la plataforma secundaria Hiive ofreció acciones a una valoración implícita cercana a los US$30.000 millones, mientras que la emisión interna para empleados se valoró en unos US$31.000 millones.
Es decir: aunque Canva sigue siendo uno de los unicornios más valiosos del sector, su valoración oscila según el cristal con el que se mire y el momento del año. Lo que no se discute es que la empresa es rentable desde hace nueve años y cerró el trimestre de junio con US$1.470 millones en caja, según el mismo reporte de SmartCompany.
IA: la apuesta que se convirtió en gasto (y en plan B)
Canva abrazó la inteligencia artificial con fuerza. Adquirió Kaleido.ai y Leonardo.ai, lanzó la suite Magic Studio con asistentes virtuales para diseño y se posicionó como una herramienta IA-first. El crecimiento siguió: la fuente reporta más de 260 millones de usuarios en 190 países y más de 100 idiomas soportados.
Pero por debajo, la factura subió. El cofundador Cliff Obrecht reconoció —según cita Forbes Australia— que la dependencia de modelos frontera de OpenAI y Anthropic disparó los costes hasta el punto de forzar retrasos en lanzamientos de producto. La respuesta: duplicar la inversión en modelos internos.
Esa decisión rindió frutos. Rick Baker, socio de Blackbird, afirmó en el reporte citado por SmartCompany que Canva logró reducir en un 90% el coste de servir tareas de IA, lo que abre la puerta a escalar funciones con unit economics sanas. La CEO Melanie Perkins lo explicó así en su actualización a inversores del segundo trimestre de 2026: fue una «decisión deliberada de cuadrar la economía», frenando el despliegue para reconstruir arquitectura y reducir costes unitarios.
No todo el mundo ve la misma película. En el podcast 20VC con Harry Stebbings, el inversor Jason Lemkin describió la posición de Canva como «deprimente» y apuntó que los agentes de IA están «rodeando» a la plataforma. Su estimación: Canva podría valer hoy unos US$12.000 millones al 20% de crecimiento y US$4.000 millones de ARR en mercados públicos. Es una visión minoritaria, pero circuló entre LPs.
El movimiento filantrópico y la expansión global
Perkins y Obrecht han destinado una parte significativa de sus acciones a causas filantrópicas. La Fundación Canva ha canalizado más de US$31 millones a iniciativas de alfabetización, enseñanza de matemáticas en África e India, y programas de ayuda humanitaria en crisis globales, según la fuente original.
En paralelo, Canva firmó una alianza estratégica con el Centro Nacional de Innovación de Vietnam (NIC) para acercar herramientas de diseño e IA a estudiantes y profesores. El primer programa es de formación docente: más de 30.000 profesores vietnamitas serán capacitados a finales de año en diseño de lecciones interactivas y uso de IA. Un programa paralelo, Canva Creando Ciudadanos Digitales, llegará a más de 30.000 estudiantes.
¿Qué significa esto para tu startup?
La historia de Canva no es una receta, pero sí deja tres lecciones accionables para founders hispanohablantes:
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1. Construye algo que tu usuario no sabía que necesitaba. Perkins identificó una fricción concreta (la curva de aprendizaje del diseño) y la resolvió con un modelo freemium que eliminó la barrera de entrada. Pregúntate: ¿qué fricción de tu cliente podrías simplificar hasta volverla invisible?
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2. Persevera en el «no» antes del «sí». Cien inversores rechazaron a Perkins. No fue un acto de fe ciega: ajustó su pitch, cambió de mercado geográfico (de Perth a Silicon Valley) y construyó un equipo técnico con credibilidad. Si recibes rechazos, el problema suele estar en la presentación o en el encaje, no en la idea.
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3. Controla el coste de la IA antes de que controle tu runway. El caso Canva muestra que apoyarse en modelos de frontera puede disparar gastos más rápido que los ingresos. Diseña desde el día uno con un plan para construir modelos propios o reducir consumo. El ahorro del 90% que reporta Canva no fue suerte: fue una decisión de arquitectura.
Canva sigue siendo una empresa en movimiento. Su valoración late al ritmo del mercado, pero el producto, la base de usuarios y la caja siguen intactos. Para founders en LATAM y España, el mensaje de fondo es claro: el camino al product-market fit rara vez es recto, pero suele empezar por eliminar una fricción que otros ignoran.
Fuentes
- La startup fue rechazada 100 veces antes de convertirse en un unicornio valorado en 32 mil millones de dólares (fuente original)
- Canva bet millions on data centre play Sharon AI before becoming its ‘major customer’
- Canva just wiped another $11 billion from its valuation
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