Blackstone: el pánico por la deuda de la IA está exagerado

Blackstone pone US$1,3 billones sobre la mesa

Blackstone administra US$1,3 billones en activos y su equipo de IA afirma que es el mayor dueño de capacidad de cómputo del mundo fuera de las grandes nubes. Con ese músculo, el fondo se ubicó en el centro de la economía de la IA, y su veterano Jas Khaira salió a responder la pregunta que hoy recorre los mercados: ¿la deuda que financia los data centers de IA es la próxima crisis de crédito?

Su respuesta, dada en el escenario de TechCrunch Disrupt la semana pasada, fue directa: el pánico está sobredimensionado. "Esto no se siente como algo donde tengas bancos de 2008 con créditos temblorosos", dijo Khaira.

Por qué le importa a un founder: el costo del capital con el que se construye la infraestructura de IA define, en última instancia, cuánto vas a pagar por hora de GPU y qué tan barato —o caro— te va a salir entrenar y correr tus modelos durante los próximos dos años.

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¿Qué es Blackstone N1 y por qué importa?

A comienzos de este año el fondo lanzó Blackstone N1 (BXN1), un hub con base en San Francisco dedicado a sus iniciativas de IA. Al frente está Khaira, que se mudó desde Nueva York para estar en el epicentro del sector. No es una oficina de relaciones públicas: es la estructura desde la que Blackstone escribe cheques que van desde préstamos gigantes a data centers hasta inversiones directas en modelos y aplicaciones de IA.

La diferencia con un venture capital tradicional está en el tipo de capital. Blackstone no solo ofrece equity: arma estructuras flexibles que combinan deuda y participación, algo que muy pocos fondos de venture pueden hacer a esa escala. En ese modelo, el cómputo no es un costo operativo más, sino el activo sobre el que se construye toda la operación financiera.

El préstamo de US$2.300M a CoreWeave que creó el manual

El caso que Blackstone repite como origen de todo es CoreWeave. El primer deal fue en 2023, poco después de que la demanda por cómputo de IA explotara con el lanzamiento de ChatGPT. En ese momento CoreWeave facturaba apenas US$30 millones con una rentabilidad mínima, según Khaira, y aun así se acercó a Blackstone a pedir un préstamo de US$2.300M.

El fondo aceptó porque podía analizar dos cosas que un banco tradicional no sabe leer: los contratos ya firmados con clientes y las GPUs de NVIDIA puestas como colateral. Que NVIDIA fuera además inversor en la compañía y que hubiera contratos con clientes de primer nivel como Microsoft terminó de destrabar la operación. Ese préstamo se convirtió en el modelo que Blackstone y otras instituciones de crédito replicaron después, inyectando miles de millones en deuda a CoreWeave y a otros neoclouds rivales.

Los neoclouds son, en simple, proveedores de nube que alquilan infraestructura de GPU para cargas de IA. Sobre esa lógica Blackstone construyó su tesis: "una de las primeras cosas que miramos es la naturaleza del cliente. Si el cliente es de grado de inversión —digamos Microsoft o Meta—, el riesgo se cotiza en relación con ese cliente", explicó Khaira.

Con ese criterio firmó otros acuerdos, entre ellos co-liderar junto a Coatue una línea de crédito de US$10.000M para el proveedor australiano Firmus este año, y comprometer US$5.000M como inversor en Crux AI, un neocloud lanzado en alianza con Google para comercializar sus TPUs personalizados. También respaldó a Etched, una startup de chips de cuatro años que llamó la atención de los inversores por su velocidad de desarrollo.

¿Por qué el mercado empezó a desconfiar?

En las últimas semanas la acumulación de deuda de estos operadores empezó a encender luces amarillas. La deuda de CoreWeave se multiplicó hasta unos US$50.000M, un número que llevó a Brad Gerstner, fundador de Altimeter Capital, a decir en una entrevista con CNBC que "el colateral que está poniendo CoreWeave, que en realidad son solo GPUs, ya no es suficiente".

Khaira identifica tres causas del nerviosismo del lado del crédito: las tasas de interés subieron en septiembre, las señales de inflación más alta de lo esperado sugieren que el costo de endeudarse puede seguir subiendo, y hay una avalancha de emisiones de deuda de infraestructura de IA compitiendo por el mismo dinero. "También estamos viendo spreads de crédito más altos", señaló, y agregó que el costo de capital para financiar deuda de una Meta o una Microsoft se amplió, es decir que hasta las tecnológicas con balances enormes están pagando más por pedir prestado.

El miedo se trasladó al mercado accionario. Las acciones de CoreWeave cayeron más del 20% en pocos días y Firmus canceló su salida a bolsa en la Australian Securities Exchange, donde buscaba una valuación de unos US$30.000M. "Finalmente el mercado no estaba a esa valuación, y como resultado esa operación no se hizo", comentó Khaira.

Los números fuera de la conversación con Khaira dibujan un cuadro más duro. Según recogió Bisnow, CoreWeave acumulaba obligaciones cercanas a los US$50.000M —unos US$35.000M en deuda y US$16.300M en compromisos de arriendo de data centers—, sus bonos con vencimiento en 2030 cotizaban a más del 15%, y Microsoft, OpenAI y Meta concentraban alrededor del 72% de los ingresos del segundo trimestre. Ese mismo medio cita al abogado especialista en data centers Jeffrey Moerdler con una advertencia incómoda: "para mí los neoclouds son WeWork 2.0", porque firman arriendos a 15 años y venden capacidad a sus clientes por hora, día o mes.

Hoodline reportó que el spread de los credit default swaps a cinco años de CoreWeave superó los 1.140 puntos base antes de estabilizarse cerca de 1.038, y que un informe de Gartner proyecta que el 80% de los neoclouds dejará de operar de forma independiente hacia 2030, con hasta US$3,5 billones en gasto de infraestructura de IA expuesto a deterioro. En la vereda opuesta, CNBC reportó que HSBC le bajó la recomendación a CoreWeave con un precio objetivo que implica una caída adicional superior al 30%, argumentando que el retorno sobre capital invertido proyectado para 2026-2030 (8,9%) está por debajo de su costo de endeudamiento.

Hay que decir que esta discusión no es marginal para el sector: según Synergy Research Group, citado por Bisnow, los neoclouds crecieron 223% interanual en ingresos en el cuarto trimestre de 2025. El debate no es si el negocio existe, sino a qué precio se financia.

¿Qué salva a Blackstone de la quiebra del modelo?

El argumento central de Khaira es de estructura, no de optimismo. La gran mayoría de los data centers se construye para hyperscalers, y la deuda que los financia está respaldada, en sus palabras, "por las compañías con mejor crédito del mundo". Esa es una exposición distinta a la de un banco en 2008, cuando el colateral eran hipotecas de hogares sin capacidad de pago.

También hay que mirar de dónde viene la alarma. Un informe del Australian Financial Review recogido por Crypto Briefing describe deuda de data centers especulativa siendo reempaquetada y vendida a inversores institucionales —fondos de pensión, dotaciones universitarias— mediante bonos 144A y títulos respaldados por activos, con un paralelo explícito al mercado subprime. Ese es exactamente el tipo de estructura que Blackstone dice no estar originando.

Ode: el otro negocio de Blackstone con Anthropic

Financiar el cómputo es solo una parte. Este año Blackstone formó Ode, un joint venture de US$1.500M junto a Anthropic y Hellman & Friedman. Ode no vende crédito: provee ingenieros desplegados dentro de las empresas para que adopten IA e integren modelos en sus operaciones, empezando por las 280 compañías del portafolio de Blackstone.

Ahí el mensaje de Khaira fue menos triunfal. Cuando le preguntaron si sus propias empresas ya ven retornos tangibles, respondió que "definitivamente hay ROI, pero es desparejo", y describió la adopción tecnológica como un patrón de dientes de sierra: a los ojos de los escépticos, eso se ve como sobreoferta de cómputo antes de que la adopción alcance.

¿Qué significa esto para tu startup?

  • Si vendes a neoclouds o hyperscalers, tu contrato es tu activo más valioso. El modelo que Blackstone inventó con CoreWeave se apoya en dos cosas: contratos firmados con clientes de grado de inversión y GPUs como colateral. Un acuerdo plurianual con un cliente grande y conocido no solo asegura ingresos: te abre la puerta a deuda estructurada que de otro modo no conseguirías.
  • Revisa tu mezcla de deuda y equity ahora, no cuando la ronda esté cerrada. Con tasas al alza y spreads de crédito más amplios, el capital de deuda se encareció incluso para compañías con balances sólidos. Si tu plan de infraestructura asumía el costo de capital de hace doce meses, ese supuesto probablemente ya está vencido.
  • Cuidado con el descalce de plazos. La crítica más filosa contra los neoclouds —firmar arriendos a 15 años y vender cómputo por hora o por mes— aplica también a cualquier startup que venda capacidad on-demand. Si tu ingreso se renegocia cada mes, tus costos fijos no deberían estar comprometidos por una década.
  • Concentración de clientes es riesgo de financiación, no solo de ingresos. Que tres clientes expliquen el 72% de los ingresos es lo que lleva a un analista a preguntar si el colateral vale lo que se dice que vale. Si tu facturación depende de dos o tres cuentas, diluirlo es también una decisión financiera.
  • La adopción interna no es automática. Incluso un fondo con US$1,3 billones en activos y un JV con Anthropic admite retornos desiguales. Presupuesta tiempo y personas para la adopción, no solo licencias y GPUs.

Conclusión

La apuesta de Blackstone es que la deuda de la IA no es una burbuja de crédito sino un ajuste de precios: el mercado todavía está buscando cuál es el valor correcto de un neocloud mientras las tasas se mueven hacia arriba. Puede tener razón en la estructura y equivocarse en el timing. Para un founder, la lectura práctica no es si el fondo acierta, sino entender que el capital que financia la infraestructura de IA dejó de ser barato y que quien tenga contratos sólidos con clientes grandes negociará mejor. El resto debería modelar su próximo año con un costo de capital más alto.

Fuentes

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