Richmond quiere multiplicar su facturación y salir a bolsa en EE.UU.
Marcelo Figueiras, presidente de Laboratorios Richmond (ticker RICH), se fijó una meta para los próximos cinco años: multiplicar por dos o tres la facturación de la compañía, convertirla en multinacional y llevarla a cotizar en Estados Unidos. El objetivo final, dijo en una entrevista con Bloomberg Línea, es transformarse en el próximo unicornio argentino, con una valuación de al menos US$1.000 millones.
"A pesar de la convulsión, todavía se siguen formando unicornios argentinos. Nosotros esperamos ser el próximo, porque queremos salir a la bolsa de Estados Unidos", afirmó el empresario.
Para un founder, lo más útil de ese plan no es la ambición sino el cronograma que Figueiras pone sobre la mesa: los acuerdos con compañías internacionales pueden demandar entre un año y un año y medio de negociaciones, y a eso se suman después la transferencia de tecnología y los procesos regulatorios. El camino a una operación global se mide en años, no en trimestres.
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Richmond y sus inversores, según Figueiras, empiezan a recoger los frutos de un trabajo que demandó tiempo y recursos. El hito concreto es el inicio del pago de los certificados vinculados al financiamiento de la planta productiva que la compañía desarrolló durante la pandemia de Covid-19, cuando Argentina necesitaba ampliar su capacidad para fabricar medicamentos y vacunas.
Ese proceso permitirá que los inversores —entre ellos bancos y particulares— comiencen a recuperar el capital aportado. Pero el beneficio, sostuvo, va más allá del rendimiento financiero: incluye el empleo generado, la actividad de los proveedores y la capacidad productiva que queda instalada en el país.
El caso más citado es la vacuna Sputnik. Figueiras afirmó que se aplicaron 10 millones de dosis del componente producido por la compañía, en una operación que implicó costos elevados y pérdidas importantes para el laboratorio. Pese al resultado económico, destacó el impacto sobre la reputación de Richmond en la comunidad médica y el valor de contar con infraestructura local ante una emergencia sanitaria. "Tenemos capacidad instalada por una eventualidad", señaló.
Ese planteo tiene una lectura de negocio interesante: las plantas y los biorreactores funcionan como una reserva estratégica que permite responder cuando la capacidad productiva internacional está comprometida. Figueiras también recordó que parte de los inversores privados que participaron del proyecto no se guiaron solo por una expectativa de rentabilidad: algunos buscaban que Argentina tuviera capacidad propia para producir medicamentos durante una crisis sanitaria.
Europa, América y el sudeste asiático: el mapa de la expansión
En el plan de internacionalización, Europa aparece como la próxima parada. La compañía ya abrió oficinas allí y comenzó los procesos de registro de productos. La estrategia también contempla otros mercados de América y el sudeste asiático.
Figueiras destacó el potencial argentino: a su juicio, la disponibilidad de profesionales médicos y científicos es una ventaja para atraer inversiones de compañías internacionales que necesitan realizar investigaciones y probar nuevos tratamientos.
Como evidencia de que ese interés existe, mencionó la operación de Fresenius sobre mAbxience. Según El Confidencial, el fabricante alemán completó a comienzos de octubre de 2026 la compra del 45% que todavía no tenía de la biofarmacéutica por 750 millones de euros, tras haber adquirido el 55% en agosto de 2022. mAbxience opera tres plantas de fabricación en España y Latinoamérica, emplea a más de 1.300 personas y en 2025 registró ventas superiores a 320 millones de euros. Fresenius proyecta que el mercado de biosimilares supere los 180.000 millones de euros en 2035.
"Eso te indica que la Argentina genera valor y hay interés desde afuera por venir, invertir y comprar", señaló Figueiras.
La oportunidad que Richmond ve en las cadenas de suministro
Figueiras advirtió que construir capacidad productiva en la industria farmacéutica no da resultados inmediatos. Pero ve una oportunidad en la reorganización de las cadenas de suministro globales.
Las economías occidentales trasladaron buena parte de la fabricación de principios activos y materias primas a China e India, una estrategia que redujo costos pero aumentó la dependencia de proveedores distantes. Ahora, agregó, las guerras, las tensiones geopolíticas y el encarecimiento del transporte pueden interrumpir esos circuitos y comprometer el abastecimiento de medicamentos.
En ese contexto defendió una mayor regionalización de la producción y la posibilidad de que Argentina gane participación en segmentos donde la seguridad de suministro sea prioridad. Pero puso una condición: competir afuera exige revisar las condiciones impositivas, porque los laboratorios argentinos enfrentan retenciones a las exportaciones y otras cargas que no tienen sus competidores de países que promueven la actividad con incentivos fiscales. "Hay que competir, hay que abrirse, hay que estar en el mundo", sostuvo.
OraQuick: el autotest de VIH que Richmond llevará a las farmacias
Richmond también busca llegar de forma más directa al consumidor. Figueiras anticipó la llegada al mercado argentino del OraQuick HIV Self-Test, un autotest desarrollado por la estadounidense OraSure Technologies que utiliza una muestra de saliva y puede realizarse en el hogar. Llega bajo distribución exclusiva de Richmond, en el marco de un acuerdo firmado con la compañía.
Según Laboratorios Richmond, OraQuick es el autotest oral de VIH más utilizado del mundo: fue aprobado por la FDA en 2012 y hoy se comercializa en más de cincuenta países. En Argentina ya recibió la aprobación de ANMAT. El objetivo es que las personas puedan adquirirlo en farmacias y acceder a una herramienta de detección más rápida y confidencial.
Figueiras mencionó además otros desarrollos vinculados al diagnóstico, entre ellos herramientas que puedan ayudar a evitar el uso innecesario de antibióticos, aunque no brindó detalles porque siguen en negociación. Y recordó dos antecedentes de la casa: combinaciones de medicamentos a dosis fijas para reducir la cantidad de comprimidos y mejorar la adherencia a los tratamientos, y un tratamiento para hepatitis C que Richmond lanzó a un precio muy inferior al de las alternativas disponibles en ese momento, lo que según su relato permitió que más pacientes accedieran a la terapia.
Patentes: qué dice Richmond sobre la adhesión de Argentina
Sobre la adhesión de Argentina al tratado internacional de patentes, Figueiras consideró que la incorporación al sistema puede facilitar que los investigadores locales protejan sus desarrollos en distintos mercados sin afrontar solicitudes individuales en cada país. "El mundo está ahí, no podemos no estar", dijo.
Sostuvo que la innovación debe recibir una recompensa, pero planteó que el sistema de propiedad intelectual también tiene que evitar extensiones artificiales de los derechos exclusivos que limiten la competencia y el acceso a los tratamientos. En su visión, una regulación equilibrada debe reconocer el esfuerzo de quienes desarrollan nuevos productos y permitir que los laboratorios produzcan alternativas una vez vencidas las patentes.
Consultado sobre si la falta de aprobación de la adhesión frena las inversiones en la industria farmacéutica local, fue tajante: "No, para nada, porque las inversiones están viniendo". Remarcó que los laboratorios nacionales tienen una tradición de inversión de largo plazo y que la expansión internacional requiere previsibilidad para sostener proyectos que no se concretan de un año para otro.
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Tres lecciones concretas de la hoja de ruta que describió Figueiras:
- Presupuesta la negociación, no solo el acuerdo. El propio presidente de Richmond pone un número al proceso: entre 12 y 18 meses de conversaciones con compañías internacionales, más transferencia de tecnología y trámites regulatorios. Si tu plan de expansión depende de un partner corporativo, ese plazo tiene que entrar en tu runway o el plan no es realista.
- Distribuir puede ser más rápido que desarrollar. Richmond no creó el autotest de VIH: firmó una distribución exclusiva con OraSure para un producto ya aprobado por la FDA y comercializado en más de cincuenta países. Para startups con caja limitada, traer un producto validado a un mercado desatendido es una vía de ingresos más corta que construir desde cero.
- No todo el capex se justifica con el caso base. La planta que Richmond montó durante la pandemia hoy se presenta como reserva estratégica: capacidad que existe para responder a una eventualidad, no para maximizar el retorno de un trimestre. Es una lógica de resiliencia que también aplica a startups que dependen de infraestructura crítica.
Y una advertencia que vale para cualquier founder que quiera vender afuera desde LatAm: Figueiras plantea que la desventaja no es la falta de talento ni de capacidad, sino las condiciones de competencia. Retenciones a la exportación y cargas que los rivales de otros países no tienen se traducen en márgenes más finos en cada contrato internacional.
Conclusión
La meta de Richmond —duplicar o triplicar la facturación, cotizar en EE.UU. y alcanzar una valuación de al menos US$1.000 millones— es una declaración de intenciones, no un hecho consumado. Lo que sí es concreto es la hoja de ruta que describe su presidente: acuerdos de largo plazo, capacidad productiva instalada, expansión por Europa y distribución de productos de terceros para llegar al consumidor final.
Para el ecosistema argentino, el dato relevante es que un laboratorio con décadas de trayectoria esté pensando su crecimiento en términos de valuación y mercado de capitales estadounidense. Ese cambio de marco —de empresa industrial tradicional a candidata a unicornio— es el que conviene mirar, más allá de si la meta se cumple en cinco años.
Fuentes
- Bloomberg Línea (fuente original)
- El Confidencial
- PRNewswire
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