Chema Molina, el CEO de Frenetic que trabaja con la NASA

De Fuente Álamo a Silicon Valley: quién es Chema Molina

Chema Molina pasó todas las Navidades cogiendo aceituna y los veranos vendimiando en Albacete hasta que se casó. Hoy dirige Frenetic, una startup de electrónica de potencia con sede en Madrid y oficinas en Zúrich y San Francisco, y su tecnología la emplea el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA. Para un founder, el dato relevante no es la anécdota: es que el salto lo dio un ingeniero que se doctoró en conversores de energía en Madrid y que aprendió a vender con un inglés de Albacete.

Hijo de maestros, Molina recorrió los pueblos de la sierra albaceteña hasta que a los 9 años sus padres se establecieron en Fuente Álamo. Su primer laboratorio fue el corral de gallinas de su abuelo, donde convirtió un coche abandonado en una nave espacial. «Me identifico mucho con eso, con construir. Yo soy un constructor», dice hoy en una entrevista desde Silicon Valley.

Qué hace Frenetic y por qué el JPL de la NASA usa su tecnología

El transformador es el corazón de cualquier cargador y, a la vez, su cuello de botella. «Representan el principal problema que tienen las compañías. Son componentes muy manuales, muy caros y los más grandes», señala Molina.

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Frenetic ataca ese problema simulando la física del componente en segundos, en lugar de los meses de prueba y error que exigía el diseño tradicional. El resultado son componentes ultraligeros, más eficientes y compactos, que sirven desde cargadores de vehículo eléctrico integrados junto al motor hasta electrónica de alta precisión para dispositivos médicos o grandes aceleradores de partículas.

La compañía nació en el entorno de la Universidad Politécnica de Madrid — Cinco Días situaba su origen ahí en 2015 — y Molina decidió buscar inversión y fundarla en 2018, años antes del boom mediático de ChatGPT. Ese mismo medio recogía entonces que Frenetic podía desarrollar en una semana lo que otras empresas tardaban un año.

Los clientes que ya tenía antes de ser famosa

Conviene mirar el historial para calibrar de qué tamaño es la operación. Según Cinco Días, en 2020 Frenetic había recibido más de 1,7 millones de euros de inversores españoles, alemanes y portugueses, y esperaba duplicar su facturación hasta los dos millones de euros ese año.

Su cartera de entonces ya incluía nombres que explican el resto: Porsche (les enviaron magnéticos en Alemania), Lear Corporation —cotizada que diseña productos para Mercedes y Volkswagen—, Airbus, Huawei y Amate Audio, repartidos en 13 países. En 2019 había sumado 40 clientes nuevos.

El método para conseguirlos no fue un equipo de ventas agresivo, sino la comunidad técnica: Molina y su CTO, Alfonso Martínez, daban conferencias en la Applied Power Electronics Conference, una de las citas clave del sector. «Nuestra forma de darnos a conocer está siendo desde la comunidad técnica pura, que es muy pequeña», explicaba entonces.

Physical AI: la apuesta que va más allá de los chatbots

Molina sostiene que la próxima gran revolución de la IA no estará en la generación de texto, sino en el mundo físico: lo que se conoce como Physical AI. Frenetic ya genera datos reales de laboratorio que no existen en internet, un activo que ningún modelo generalista puede replicar.

«En el futuro no vamos a tener que estar haciendo pruebas hasta ver algo que funcione. El objetivo final de este proyecto sería construir un ingeniero o constructor basado en IA», plantea.

La evidencia de que esa apuesta avanza está en el producto. Según Electronic Design, la plataforma de diseño de magnéticos de Frenetic incorporó simulación de transformadores planares, modelado térmico, simulación de encapsulado y placas de refrigeración líquida. Molina afirmó a esa publicación que la herramienta combina la precisión de los métodos de elementos finitos con la velocidad de sus modelos analíticos propios, con una exactitud media de alrededor del 94% en pocos minutos, y que ya cerca del 80% de sus clientes la usaban.

Del inglés de Albacete a los clientes de SpaceX

Molina reconoce que la barrera más dura no fue la tecnología: «La primera vez que fui a una conferencia en Estados Unidos no me enteraba de nada». Aun así se acercaba a los referentes del sector para pedirles opinión sobre Frenetic. Sin buscarlo, así llegaron clientes como SpaceX.

Su lectura para el ecosistema español es directa: «En España seguimos pecando de hacernos pequeños, y cuando te pones a hablar con un americano sientes inferioridad, pero la realidad es que la ventaja se acaba en el lenguaje, nada más». Hoy, asegura, nadie en Silicon Valley duda del talento de los ingenieros españoles.

Qué significa esto para tu startup

Tres lecciones que se pueden aplicar mañana mismo:

  • Vende donde está la comunidad técnica, no donde está el ruido. Frenetic no llegó a Porsche o Airbus con campañas, sino presentando en conferencias especializadas. Si tu producto es técnico, el comprador no está en LinkedIn: está en el congreso del sector. Reserva una ponencia al año como canal comercial.
  • Convierte tu conocimiento propietario en producto. El activo de Frenetic no es solo el software, son los datos de laboratorio que no existen en internet. Pregúntate qué datos genera tu operación que nadie más tiene y que un modelo generalista no puede replicar.
  • Trata el idioma como una habilidad operativa, no como un techo. Molina llegó a clientes como SpaceX con un inglés imperfecto. Si tu mercado objetivo está fuera, la prioridad es la conversación técnica, no la fluidez.

Conclusión

Frenetic empezó en 2018 con un problema poco glamuroso —transformadores caros, manuales y grandes— y hoy su tecnología optimiza diseños espaciales en el JPL de la NASA. El recorrido de Chema Molina no demuestra que el talento español necesite Silicon Valley para validarse; demuestra que necesita exposición. Para un founder hispanohablante, la conclusión es incómoda y liberadora a la vez: la ventaja competitiva se construye con conocimiento técnico profundo, y la distancia se cierra hablando.

Fuentes

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