IA: cómo verificar en 4 pasos si una cita o ley existe

El problema ya no es solo de estudiantes

Un chatbot responde con aplomo: «Según un estudio publicado en The Lancet en 2021…», «como establece el artículo 14 de la Ley…», «en palabras de Einstein…». Suena impecable. A veces es verdad y a veces es una referencia que nunca ha existido, con autores, título y página incluidos.

La diferencia entre ambos casos no se resuelve leyendo la respuesta: se resuelve abriendo la fuente. Y eso, en un flujo de trabajo real, casi nadie lo hace.

Esta guía es para cualquiera que use ChatGPT, Gemini, Claude o Copilot para documentarse, estudiar o trabajar. El método son cuatro comprobaciones, una por tipo de fuente, y se ejecuta en pocos minutos con herramientas gratuitas.

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¿Qué está pasando en tribunales y revistas científicas?

El fenómeno ya dejó de ser anecdótico. La Sala de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia de Canarias impuso en 2026 una multa de 840 euros a un abogado por un recurso con «al menos 25 sentencias» inexistentes o ajenas al caso, según la nota del Consejo General del Poder Judicial. Las citas aparecían entrecomilladas, en negrita y cursiva, y atribuidas al Tribunal Supremo y al Constitucional. La misma nota recuerda que en febrero la Sala había multado con 420 euros a otro letrado por citar hasta 48 sentencias falsas sugeridas por inteligencia artificial.

El goteo no se detuvo ahí. Según Expansión, en julio el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia impuso una multa de 1.800 euros a otro abogado por un recurso con 24 citas jurisprudenciales inventadas, y en agosto el propio TSJ de Canarias volvió a sancionar con 840 euros a un tercer letrado.

En ciencia, la escala es otra. Una auditoría de casi 2,5 millones de artículos indexados en PubMed, publicada como carta en The Lancet en mayo de 2026 por el equipo de Maxim Topaz (Universidad de Columbia), encontró que alrededor de uno de cada 277 artículos publicados en las primeras siete semanas de 2026 citaba un trabajo inexistente. En 2025 la proporción era de uno de cada 458, y en 2023, de uno de cada 2.828. Los autores sitúan el mayor salto a mediados de 2024, coincidiendo con el auge de las herramientas de escritura con IA.

¿Cuánto inventan los propios chatbots?

Depende del modelo y de la tarea, y las cifras envejecen rápido. Un estudio de 2023 en Scientific Reports pidió a ChatGPT-3.5 y GPT-4 revisiones bibliográficas sobre 42 temas: el 55 % de las referencias de GPT-3.5 y el 18 % de las de GPT-4 eran inventadas (Walters y Wilder). Un trabajo de 2026 publicado en arXiv analizó enlaces citados por 10 modelos y agentes de investigación: entre el 3 % y el 13 % de las URL eran inventadas y entre el 5 % y el 18 % no funcionaban.

El detalle que más debería preocupar a un equipo no es el porcentaje, sino dónde se cuela. Según STAT News, Topaz revisó más de 2 millones de artículos y 97 millones de citas e identificó unas 4.000 citas fabricadas repartidas en 2.800 artículos. El problema no está concentrado en unos pocos autores: está distribuido en muchísimos papers con una o dos referencias falsas cada uno.

Y el filtro no lo detiene. El mismo análisis, recogido por Phys.org, estima que 146.900 citas alucinadas circularon solo en 2025 por arXiv, bioRxiv, SSRN y PubMed Central, y que el 78,8 % de las citas inexistentes detectadas pasó igualmente la moderación de arXiv. Como respuesta, CNET reportó que arXiv anunció que vetará a los autores que envíen trabajos con citas alucinadas.

Paso 1. Estudios científicos: empieza por el DOI

El DOI es el identificador permanente de un artículo: un número único con prefijo y sufijo separados por una barra, que se resuelve como enlace en doi.org.

  • Si la IA te da un DOI, pégalo detrás de https://doi.org/. Si no resuelve, mala señal. Si resuelve, comprueba que el título, los autores y el año coinciden con lo que te dijo. Puede darse el caso de un DOI real pegado a un título inventado.
  • Si no te da DOI, busca el título exacto entre comillas en Crossref Search, Google Scholar o, si es de biomedicina, en PubMed.
  • Comprueba que el artículo dice lo que la IA asegura. Que el estudio exista no significa que respalde la afirmación. Lee al menos el resumen.
  • Mira si se ha retractado en la base de datos de Retraction Watch.

Paso 2. Leyes y sentencias: ve al boletín oficial

Las normas españolas tienen una fuente única: el BOE (boe.es), que publica también los textos consolidados con todas sus modificaciones. Las europeas están en EUR-Lex.

  • Busca la ley por su número y año, no por cómo te la resume la IA. Después abre el artículo concreto y verifica que dice lo que te contaron: que la ley exista no garantiza que el artículo citado sea el correcto.
  • Mira siempre la versión consolidada y su fecha: una norma puede existir y haber sido modificada después.
  • Para jurisprudencia española, el buscador del CENDOJ permite localizar resoluciones. Si una sentencia «del Supremo» no aparece por número, fecha ni ponente, no la cites. Es exactamente lo que el TSJ de Canarias reprochó al letrado multado: no haber contrastado ni una sola referencia contra una base pública y gratuita.

Paso 3. Citas textuales: busca la frase exacta

Las frases célebres atribuidas a personajes históricos son un terreno abonado para la invención, también antes de la IA.

  • Busca la cita entre comillas en un buscador. Si solo aparece en webs de frases sin fuente, desconfía.
  • Pide a la IA la fuente primaria: libro, discurso o carta, con fecha y página. Luego comprueba esa fuente, no la respuesta.
  • Si es una declaración reciente de un cargo público o un directivo, busca la nota de prensa o la transcripción original. Si solo la encuentras en la respuesta del chatbot, no existe a efectos prácticos.

Paso 4. Desconfía de las señales de «demasiado perfecto»

Hay patrones que deberían encenderte la alarma:

  • La referencia encaja exactamente con lo que buscabas. Cuanto más a medida parece, más motivo para comprobarla.
  • Autores reales con un título que no le suena a nadie. Los modelos combinan piezas verosímiles.
  • Cifras redondas sin fecha ni muestra. «El 70 % de los usuarios…» sin decir de qué estudio, cuándo y con cuántas personas.
  • Enlaces que no abren o que llevan a la portada del medio.

Qué significa esto para tu startup

El error de fondo es tratar al chatbot como una biblioteca cuando es un redactor. Escribe con la seguridad de quien ha leído mucho, pero no garantiza que cada referencia esté detrás. Y la responsabilidad del escrito es de quien lo firma, no de la herramienta.

Para un equipo pequeño el riesgo es doble, porque la IA es justo lo que permite producir más con menos gente. Los datos apuntan en esa dirección: el análisis de Phys.org señala que los científicos junior y los equipos pequeños son los más propensos a incluir citas falsas, y que algunos de esos mismos investigadores multiplicaron su productividad por tres desde la llegada de la IA. Más output, mismo tiempo de verificación: ahí está el hueco.

Dos acciones concretas para implementar esta semana:

  • Exige la fuente en el prompt, desde el principio. Pide a la IA el DOI, el número de ley o la URL de cada afirmación que te dé. No es una garantía, pero convierte una respuesta cerrada en una lista de cosas comprobables. Verifica dos o tres al azar: si fallan, revisa todo.
  • Adopta una regla de una línea para el equipo. «Si no abriste la fuente, no la citas.» Aplica igual a un informe para un cliente, a una propuesta comercial, a un post de blog o a un memo interno. En sectores regulados el listón ya es legal, no de estilo: el Journal of Accountancy documenta que el Tribunal Fiscal de EE. UU. advirtió en el caso Clinco que presentar escritos con jurisprudencia ficticia «es una receta para sanciones», y que el IRS ya publicó guías para el uso responsable de IA en la práctica fiscal.

Si tu equipo trabaja con contenido o asesoría, añade una tercera capa: un revisor humano distinto del que generó el texto. La ABA Journal recoge que varios estados de EE. UU. ya exigen certificar que las citas de un escrito fueron verificadas de forma independiente, y que California propuso modificar su regla de conducta profesional para obligar a los abogados a confirmar que ninguna autoridad citada es «fabricada, mal citada o sacada de contexto», incluida la generada por IA.

Conclusión

La IA no va a dejar de alucinar referencias porque se lo pidamos. Lo que sí está en tu mano es el hábito: pedir la fuente, abrirla y comprobar que dice lo que te dijeron que decía. El mismo reflejo que usas para detectar vídeos, voces e imágenes falsas sirve aquí. Lo que importa no es si parece auténtico, sino si puedes llegar a la fuente original.

Fuentes

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