Lebane, la fintech de la construcción, levanta US$4M

Lebane canaliza alrededor de US$1.500 millones al año en pagos y cobranzas del sector de la construcción y administra más de 3.300 proyectos inmobiliarios para unos 450 clientes activos. La startup argentina acaba de cerrar una ronda Seed de US$4 millones liderada por Atlántico y Zacua Ventures, capital que destinará a acelerar su expansión en Argentina y, principalmente, en México.

Para un founder, el caso importa por dos razones. La primera: demuestra que una industria sin digitalizar puede convertirse en un negocio fintech de alto volumen sin desarrollar tecnología exótica. La segunda: deja una secuencia replicable que se puede copiar casi tal cual — ordenar la operación del cliente, concentrar después los pagos y recién entonces usar esos datos para prestar.

¿Qué hace exactamente Lebane?

La compañía se presenta como una especie de «Mercado Pago de la construcción». Su plataforma funciona como un sistema operativo para desarrolladoras, constructoras e inmobiliarias: reemplaza los Excel dispersos con los que hoy se manejan ventas, compras y contabilidad por una única pantalla desde la cual el negocio se ve completo.

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El punto de partida no fue el software, sino el desorden. En octubre de 2023, los fundadores salieron a validar la idea con constructoras de Brasil, Uruguay, México y Colombia y encontraron el mismo patrón en cada reunión: proyectos multimillonarios administrados con información repartida en decenas de archivos separados.

Del diagnóstico al modelo de negocio hay una decisión clave: la empresa vendió antes de programar. Diseñó un contrato de US$6.000 anuales con un anticipo de US$600 y la promesa de entregar el producto en 180 días hábiles, con seis módulos potenciales para que cada cliente eligiera cuál desarrollar primero.

¿Quiénes son los fundadores y por qué importa su historial?

Lucas Glustman (37 años) y Bruno Lerer dirigen Lebane. Glustman acumula dos fracasos y una salida exitosa. Fundó su primera empresa a los 21, una cuponera para redes sociales, y tuvo que cerrarla dos años después con US$300 en el bolsillo; para sostenerse trabajó como mozo en un restaurante de sushi.

Con una beca casi completa de US$500 para un máster en la Universidad de Tel Aviv —los US$200 que le faltaban los pidió prestados— volvió al ruedo: en 2014 fundó una segunda compañía de inteligencia artificial aplicada a redes sociales, que en 2016 sumó como cliente a 20th Century Fox y hacia fines de 2018 fue adquirida por dLocal. Después vinieron la expansión de esa fintech y, en 2021, su participación en el lanzamiento de las tarjetas de Binance para América Latina.

Ese mismo año conoció a Lerer en un ascensor de Ciudad de México. Lerer venía del mundo fintech y de la expansión regional de compañías financieras. La sociedad tardó en concretarse: «Durante todo 2022 Bruno me insistía: ‘¿por qué no hacemos algo juntos?’. Y yo ni loco», recuerda Glustman sobre esa época.

El detalle más útil para otro emprendedor es el filtro que aplicaron antes de elegir industria. Pusieron tres condiciones innegociables: que fuera un sector grande, que existiera una razón natural para que el producto se adoptara porque simplificaba la vida del cliente, y que el negocio pudiera generar dinero.

¿Por qué la construcción es un mercado tan grande y tan desatendido?

Los números explican el atractivo: según la cobertura de El Cronista, la construcción representa alrededor del 6% del PBI latinoamericano y mueve más de US$700.000 millones al año. En América Latina hay unas 453.000 compañías desarrolladoras y constructoras, sin contar Centroamérica.

El problema no es la falta de actividad, sino la falta de trazabilidad. Cada proyecto suele constituirse como un fideicomiso o una razón social nueva, sin balance consolidado, lo que deja a los desarrolladores fuera del crédito bancario. «El banco dice: ‘no te puedo prestar plata’. Entonces terminan yendo a privados y haciendo cualquier cosa», describe Glustman.

Ahí está la asimetría que Lebane detectó: una industria que mueve cientos de miles de millones de dólares y que, al mismo tiempo, no tiene historial crediticio porque nunca tuvo datos ordenados. La empresa lo resume como una secuencia de tres etapas: primero ordenar la operación, después concentrar los pagos y cobranzas, y finalmente usar esa información para construir un historial que permita financiar a los que hoy quedan afuera.

¿Cómo creció la empresa y qué números maneja hoy?

La plataforma hoy administra más de 3.300 proyectos inmobiliarios y canaliza alrededor de US$1.500 millones al año dentro de la industria. La operación se sostiene con unos 80 empleados en Argentina y un equipo de 15 personas en México.

En cuanto a facturación, la compañía pasó de rondar los US$550.000 en 2024 a US$1,95 millones en 2025, y proyecta alcanzar los US$6 millones este año. Es un crecimiento de casi cuatro veces en dos ejercicios sobre un modelo de suscripción con contratos anuales.

La lógica de producto detrás de ese crecimiento es explícita en la voz de su CEO: «Para que un producto funcione tiene que generar uso. Si consigues que alguien entre todos los días, es muy difícil que lo abandone». A partir de esas métricas de uso definieron qué herramientas desarrollar y para quién. Desde ahí agregaron módulos hasta convertir la plataforma en un sistema operativo para el sector.

¿Qué significa esto para tu startup?

El caso de Lebane se puede desarmar en decisiones aplicables a cualquier negocio B2B, incluso fuera de la construcción.

  • Vende antes de programar. Lebane firmó contratos de US$6.000 anuales con un anticipo de US$600 antes de tener producto terminado, y prometió entregarlo en 180 días hábiles. No es una anécdota de crecimiento: es la forma más barata de validar que el problema duele lo suficiente como para pagar por resolverlo. Si nadie pone dinero por adelantado, el dolor no era tan grande.
  • Usa el uso diario como brújula del roadmap. La empresa no eligió los módulos a construir desde un plan estratégico cerrado, sino desde qué pantallas entraban a ver sus clientes todos los días. Define una métrica de frecuencia de uso y deja que ella priorice el backlog.
  • Busca industrias grandes y poco digitalizadas. El atractivo de la construcción no está en la tecnología, sino en el tamaño del flujo de dinero que circula sin trazabilidad. Sectores «aburridos» con márgenes ajustados y procesos caóticos suelen esconder mejor relación esfuerzo-retorno que mercados ya saturados de software.
  • Trata los datos operativos como un activo financiero. Ordenar la operación de un cliente es solo el primer paso; el valor compuesto aparece cuando esa información permite ofrecer crédito a quien el sistema bancario rechaza. Si tu producto genera datos de negocio, pregúntate qué producto financiero habilitan.

¿Qué sigue para Lebane y para el sector de la construcción digital?

La visión de largo plazo apunta a crear un fondo que financie a desarrolladores y constructores que hoy quedan afuera de la banca tradicional. Glustman estima que, si todo avanza según lo previsto, ese fondo podría estar operativo en los próximos nueve meses.

En el corto plazo, el capital de la ronda Seed se orienta a México, donde la compañía ya tiene equipo local y donde describe su apuesta como «enorme». El mercado mexicano comparte el patrón que detectaron en la validación de 2023: muchas desarrolladoras gestionando proyectos grandes con herramientas fragmentadas.

Para los founders de la región, el aprendizaje de fondo es de timing más que de tecnología. Lebane no inventó una categoría: encontró una industria que ya movía cientos de miles de millones de dólares, le puso orden a la información y recién ahí empezó a construir la capa financiera. Esa secuencia —operación, pagos, crédito— es más replicable que cualquier producto puntual.

No se encontraron datos adicionales verificables sobre los inversionistas de la ronda en el research realizado para esta nota.

Fuentes

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