Llevas semanas empujando con todo.
Foco total.Reuniones, comunidad, contenido, automatizaciones.
Tienes una meta clara, ambiciosa, y estás decidido a lograrla.Estás en “modo guerra”.
Tu equipo también está remando fuerte.
Se siente como esos días de antes, cuando podías pasar semanas sin frenar.
Jueves en la noche: evento, comunidad, chelas, conversaciones potentes.
Termina tarde. Duermes poco.
Y el viernes…
Te sientas frente al computador y simplemente… no puedes.
Tu mente está en piloto automático: “vamos, si esto lo hacías todo el tiempo.”
Pero el cuerpo ya no responde.
Ni con café.
Ni con voluntad.
Nada.
Ya no tienes 25. Y hace rato que no los tienes. Casi 15 años, para ser exactos.
Y por primera vez, lo sientes real.
Podrías tomarte el fin de semana libre, pero no.
Te sientas a trabajar igual.
Automatizas procesos que venías postergando hace meses con Make.
Y ahí te pega otra pregunta:
¿Cómo no lo hiciste antes?
Unas pocas horas de trabajo…
y te devuelven días completos de respiro.
Era tan obvio… pero estabas tan metido en el hacer, que lo habías ignorado.
Esa semana no llegaste a la meta.
Pero te llevaste algo más valioso:
👉 claridad sobre lo que sí importa,
👉 foco en lo que realmente suma,
👉 y una mejor relación con la palabra NO.
Porque también dijiste que no.
A algo que te entusiasmaba, pero que esta vez simplemente no cabía.
No por falta de ganas.
Sino porque ya es tiempo de priorizar con madurez.
Sigues construyendo, apoyando a otros fundadores, creando algo más grande.
Pero ahora con más intención.
Con más estrategia.
Con menos culpa por no poder estar en todo.
Por Cristian Tala, CEO y Capitan Pirata de El Ecosistema Startup