Dos fintech construidas fuera de Venezuela que ahora miran hacia adentro
Slash factura US$500 millones al año y está valorada en US$1.400 millones tras una Serie C de US$100 millones cerrada en abril. Félix levantó US$200 millones este año y entró al club de los unicornios. Ninguna de las dos nació en Caracas: una se armó en Stanford y la otra en las filas de las tiendas de Western Union en Estados Unidos. Y las dos acaban de anunciar que empiezan a mover dinero hacia Venezuela.
Ese es el dato que importa para cualquier founder de la región. No se trata de dos casos de éxito de la diáspora contados como anécdota: se trata de dos empresas que validaron su modelo en mercados ajenos y que ahora usan esa infraestructura para entrar al país que dejaron. Víctor Cárdenas, cofundador de Slash, y Manuel Godoy, cofundador de Félix, lo contaron en el panel Sin pedir permiso del Startup Venezuela Summit, moderado por Esteban Torbar.
¿Cómo pasó Félix de una fila en Western Union a un unicornio?
Godoy se fue de Venezuela en 2006. Empezó en la Universidad Simón Bolívar, aplicó a Caltech y lo aceptaron. Sin historial crediticio en Estados Unidos no consiguió préstamo: necesitó un familiar que firmara como codeudor y cocinó hamburguesas en el campus para cubrir gastos. De esa fricción nació su tesis: «Como inmigrante en Estados Unidos no tienes acceso a los servicios financieros de los americanos. Y uno tiene que resolver».
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👥 Quiero el Kit →La idea apareció años después, en el MBA de Wharton, frente a una gráfica: las remesas ya eran el principal flujo de fondos hacia los países emergentes, por encima de la inversión extranjera. El segundo hallazgo lo convenció del todo: según Godoy, en 2020 cerca del 80% de los envíos que salían de Estados Unidos todavía empezaba en una tienda física.
Lo contraintuitivo fue la lección. El cliente confiaba en el trato humano de la tiendita y los primeros prototipos digitales no funcionaron. Lo que sí funcionó salió de un hábito observado en la fila: la gente le tomaba foto al recibo y se la mandaba por WhatsApp al familiar. «¿Por qué no hacemos esto en WhatsApp? Emulamos la experiencia de la tiendita y vemos qué pasa».
La operación detrás era artesanal: Godoy convertía dólares a la stablecoin USDC desde su cuenta personal de Coinbase, los transfería a la cuenta de un socio en Bitso y ese socio hacía el pago en pesos. «Todo esto sin ningún tipo de permiso desde el regulador», admitió. Fue un producto mínimo viable para probar si la gente lo usaba antes de construir la infraestructura y tramitar licencias. Esos primeros números fueron los que les permitieron levantar su primera ronda.
Hoy Félix opera como transmisor de dinero registrado ante FinCEN, usa stablecoins para abaratar envíos y cubre once corredores en América Latina. Venezuela, con más de un millón de ciudadanos viviendo en Estados Unidos según el propio Godoy, todavía no está en su lista de destinos: «Ya abrí el friends and family dentro de Venezuela, y espero para diciembre por fin abrir el corredor de Estados Unidos–Venezuela».
¿Cómo se convierte un nicho de revendedores de zapatos en un banco digital?
Cárdenas armó su primera fintech en la cantina de su colegio en Caracas, en plena hiperinflación, cuando el local se vio obligado a vender comida sin efectivo. Después llegó a Stanford con una beca Thiel y a los 19 años fundó Slash con Kevin Bai.
El origen fue un nicho minúsculo: jóvenes de 16 a 18 años que compraban zapatos de edición limitada para revenderlos en eBay o StockX y que pedían prestadas las tarjetas de su mamá, su papá y sus primos para multiplicar oportunidades en las rifas de lanzamiento. La pregunta que se hicieron fue simple: «¿Por qué no creamos un producto que le permita a estos revendedores crear 20 tarjetas virtuales para ellos mismos?». Sabían que el nicho era pequeño y decidieron no darle más vueltas: «¿Qué es lo peor que va a pasar?».
La apuesta funcionó porque el problema no era exclusivo de los revendedores. Un revendedor que necesita 20 tarjetas es, en el fondo, un pequeño negocio que hace muchas compras y necesita separarlas y controlarlas. Lo mismo le pasa a una agencia que paga anuncios para varios clientes o a una tienda en línea con decenas de proveedores. Alrededor de las tarjetas, Slash sumó cuentas bancarias, tesorería, pagos internacionales y stablecoins hasta definirse como banco digital para empresas de alto crecimiento.
Los números que dio Cárdenas en el escenario: US$35.000 millones procesados al año para más de 10.000 negocios, con clientes como Open English, la Universidad de Miami y la propia Félix. La primera ronda fue de US$4 millones en 2021, pocos meses después de dar con el negocio de las tarjetas.
¿Por qué el fondo que te rechaza no está equivocado?
Cárdenas dedicó buena parte del panel a explicar la aritmética del venture capital, y ahí hay material directo para cualquier founder que esté levantando. Su primer aprendizaje al llegar a Silicon Valley fue quién financia realmente la tecnología: no solo personas con mucho dinero, sino sobre todo fondos que administran capital de terceros —family offices, universidades, grandes patrimonios— y que deben devolverlo multiplicado en un plazo fijo.
De ahí sale la ley de potencias: en cada portafolio, unas pocas empresas generan casi todo el retorno y la mayoría termina en cero. Por eso los inversionistas «temen mucho más no invertir en una muy buena empresa que invertir en una muy mala».
Su ejemplo con números: un fondo de US$100 millones que aspira a convertirlos en US$300 millones en siete años. Si pone US$10 millones en una empresa valorada en US$100 millones y esa empresa llega a US$10.000 millones, ese cheque se multiplica por 100 y devuelve US$1.000 millones: el fondo entero, diez veces. Una empresa que aspire a facturar 40 o 50 millones al año, en cambio, quizá valga 200 millones. «Y la verdad es que nunca te la va a querer dar», dijo sobre la plata de un fondo para ese tipo de proyecto. Su conclusión: «La clave, si quieren levantar grandes cantidades de capital en Silicon Valley, es maximizar su visión».
¿Qué es la circulación de cerebros y por qué tiene letra pequeña?
Las dos historias encajan en la tesis de AnnaLee Saxenian, decana de la Escuela de Información de la Universidad de California en Berkeley, que en 2006 publicó The New Argonauts. El libro estudia a los ingenieros inmigrantes de Silicon Valley que llevaron el emprendimiento tecnológico a Taiwán, Israel, China e India. Su tesis central: la «fuga de cerebros» se convirtió en «circulación de cerebros», una fuerza capaz de desarrollar regiones antes periféricas. Sus «nuevos argonautas» no siempre regresan para quedarse; van y vienen y mantienen sus lazos con Silicon Valley mientras construyen en casa.
Godoy y Cárdenas encajan en el molde. Uno se formó en Caltech y Wharton; el otro, en Stanford y en el circuito de fondos de la Bahía de San Francisco. Ambos construyeron sirviendo a mercados ajenos a Venezuela —remesas hacia México y Centroamérica, tarjetas para el e-commerce estadounidense— y ahora sus productos apuntan al país.
Pero la teoría tiene letra pequeña, y el propio panel la puso sobre la mesa. La circulación necesita condiciones del otro lado: licencias, socios locales y reguladores dispuestos a entender el producto. Richard Branson lo dijo en la apertura del Summit al advertir que buena parte del capital extranjero esperará por elecciones y Estado de derecho antes de entrar al país. Los argonautas pueden traer el vellocino; lo que no pueden traer en la maleta son las instituciones.
¿Qué significa esto para tu startup?
1. Valida con un MVP manual antes de construir infraestructura. Félix movió sus primeros envíos con una cuenta personal de Coinbase, un socio en un exchange y una hoja de cálculo mental. Godoy lo resumió sin adornos: era un MVP para probar si la gente usaba el servicio antes de tramitar licencias. La advertencia es igual de importante que la lección: operar sin permisos regulatorios es un riesgo legal real, no una estrategia sostenible. La versión responsable es probar la demanda con un alcance mínimo, medir retención y usar esos números para financiar la estructura legal.
2. Construye sobre el canal que tu usuario ya usa. Los prototipos digitales de Félix fracasaron y el que funcionó fue WhatsApp, porque replicaba el comportamiento que la gente ya tenía en la fila del Western Union. Antes de diseñar una app, revisa qué hace tu cliente con el teléfono cuando resuelve ese problema hoy.
3. Empieza por el nicho incómodo. Slash nació vendiéndole tarjetas virtuales a revendedores de zapatos, un mercado que nadie quería atender. El nicho era pequeño, pero el problema detrás era universal. Si tu producto resuelve una necesidad operativa concreta de un segmento desatendido, la expansión viene sola.
4. Prepara el relato de la visión, no solo el del producto. Si vas a levantar capital institucional en Estados Unidos, el fondo necesita ver un resultado que pueda mover su portafolio completo. Eso no significa inflar proyecciones: significa explicar con claridad por qué el mercado total justifica un retorno de diez veces.
5. Trata tu mercado de origen como segundo paso, no como primer obstáculo. Los dos founders validaron en mercados con infraestructura financiera madura y volvieron después, con producto, licencias y capital. Para muchos emprendedores de LATAM, ese orden —construir afuera, regresar con estructura— es más viable que intentar resolver la fricción local desde el día uno.
El anuncio que cierra el círculo
Antes de bajar del escenario, Cárdenas hizo su propio anuncio: Slash empezará a abrir cuentas en dólares a empresas venezolanas, con pagos en stablecoins y en más de 130 monedas, sin necesidad, dijo, de «hacer ciertas llamadas a un banquero». Lo presentó como «una cosa más sin pedir permiso» y enseguida aclaró que, para lograrlo, habían tenido que pedir mucho.
Si los plazos se cumplen, desde diciembre un venezolano en Miami podrá mandarle dinero a su familia en Caracas con un mensaje de WhatsApp, y una empresa en Valencia o Maracaibo podrá abrir una cuenta en dólares sin intermediarios. En el lenguaje de Saxenian, eso es circulación de cerebros: no el regreso de quienes se fueron, sino lo que construyeron afuera llegando de vuelta a casa. Esta vez, con todos los permisos en regla.
Nota de verificación: la búsqueda complementaria realizada para este artículo no devolvió datos adicionales verificables sobre las cifras mencionadas en el panel. Todas las cifras citadas provienen de la cobertura original del evento.
Fuentes
Antes de levantar capital, que el negocio sea rentable
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