Quién es Thomas Dullien y por qué importa lo que dice
Thomas Dullien —conocido en la industria como Halvar Flake— es uno de los investigadores de seguridad más respetados del mundo. Su trabajo sobre Rowhammer, realizado junto con Mark Seaborn en Google Project Zero alrededor de 2014-2015, demostró por primera vez que un problema físico de hardware DRAM podía convertirse en un exploit práctico de seguridad, según consta en su perfil de LinkedIn. Recibió el Pwnie Lifetime Achievement Award en 2015 y fundó Optimyze.cloud, una plataforma de continuous profiling que terminó integrándose en Elastic, de acuerdo con el mismo perfil.
No es un gurú de autoayuda. Es un ingeniero que pasó décadas resolviendo problemas donde el determinismo se rompe. Y por eso, cuando comparte tres «pasos de maduración» en un post reciente, conviene leerlos dos veces.
El artículo no anuncia un producto ni una ronda. Es una reflexión personal publicada el 21 de agosto de 2026, titulada «Three important steps in my maturation process», en la que Dullien enumera tres cambios de mentalidad que, según él, «aparecen en su vida con una regularidad asombrosa». A continuación los traducimos al lenguaje del fundador.
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👥 Unirme a la comunidadLección 1: conoce tus incentivos y no creas todo lo que piensas
La primera lección ataca un vicio muy humano: confundir la angustia por el impacto de tu trabajo con una señal de que ese trabajo importa. Dullien cuenta que, en sus años jóvenes, cuando tenía 0days que nadie más tenía, agonizaba sobre si debía publicarlos, venderlos o usarlos «para el bien». La conclusión a la que llegó es incómoda: las ideas tienen un momento en que maduran, y la acción individual importa menos de lo que el individuo cree en ese momento.
La trampa, dice, es que la estructura de incentivos contamina la narrativa. «La gente quiere ser la heroína de su propia historia, y al mismo tiempo tiene necesidades básicas de reconocimiento y bienes materiales», escribe. Así que construye un relato que le permita satisfacer esas necesidades sin dejar de ser la protagonista.
La pregunta operativa que propone es brutal: «¿Cómo podría ser yo la villana de esta historia?». Ejercitarla antes de tomar una decisión grande —un pivote, una adquisición, una ronda— es un hábito que pocos fundadores cultivan.
Y hay un dato que respalda esta intuición desde fuera: según un resumen de Nature Index sobre «Cognitive Biases and Decision-Making in Entrepreneurship», emprendedores con alta necesidad de cognitive closure (cerrar el tema rápido) dan peso indebido a inversiones pasadas al decidir si continuar con un proyecto bajo rendimiento, ignorando indicadores como potencial de crecimiento o riesgo de mercado. El sesgo heroico del que habla Dullien y el sesgo cognitivo que mide la academia son, en esencia, el mismo fenómeno.
Lección 2: el determinismo monocausal es una ilusión
La segunda lección viene directamente de su día a día como ingeniero. Dullien recuerda que los jóvenes entusiastas de la computación crecen creyendo en el determinismo monocausal: para cada problema, hay una causa y un efecto. Pero esa ilusión, dice, fue construida por generaciones de ingenieros eléctricos y de procesos que trabajaron para que las máquinas parecieran deterministas.
La realidad física es otra: las máquinas son dispositivos físicos, con desgaste, diferencias de calidad entre unidades y un comportamiento que es probabilísticamente determinista —parece determinista si no las sacudes mucho. Si las empujas (temperatura, voltaje, campos electromagnéticos, accesos rápidos a filas de DRAM adyacentes), el determinismo se va por la ventana.
La conexión con el presente es directa. Dullien se pregunta: ¿qué pasa con la alineación de modelos de IA cuando un bit puede flipear aleatoriamente durante la inferencia? Es difícil mantener garantías razonables cuando un valor cambia de forma inoportuna en un momento inoportuno. Para un founder que está desplegando IA en producción, no es una pregunta filosófica: es una pregunta de arquitectura.
Y la conclusión es más amplia: el mundo real es probabilístico y multicausal. Pocas cosas tienen una sola razón. Vale para founders tanto como para físicos: aceptar esa realidad cambia cómo diseñás productos, contratos y experimentos.
Lección 3: la separación entre razón y emoción es un invento cultural
La tercera lección desmonta un mito occidental muy arraigado: que razón y emoción son dos extremos opuestos, y que la razón debe «controlar» a las emociones. Dullien sostiene que esto es un constructo cultural: en la mayoría de las culturas no occidentales, la integración entre deliberación racional e impulsos emocionales es más habitual, y está mucho más cerca de la biología real.
Desde la neurociencia, el dato es claro: la valoración emocional es parte del sistema de toma de decisiones, y deja de funcionar bien si se daña o se elimina. El cerebro transmite vía emociones cosas que le cuesta articular verbalmente, y también feedback real de los órganos sensoriales del cuerpo. Un ejemplo que cita: el sistema nervioso entérico del intestino contiene tantas neuronas como toda la corteza cerebral de un perro. El cuerpo forward-despacha neuronas a músculos y extremidades como una optimización de latencia.
El argumento lógico es directo: tener más información disponible para decidir mejora la calidad de las decisiones; eliminar una fuente de información casi seguro empeora esa calidad. Esto no significa actuar por impulso, sino integrar todo el espectro —incluidas las emociones— en la decisión final.
Qué significa esto para tu startup
Las tres lecciones de Dullien no son teoría. Son el código fuente de alguien que pasó años viendo cómo sistemas «deterministas» se rompen en producción. Tres acciones concretas para aplicar esta semana:
- Audita tus propias decisiones con la pregunta del villano. Antes de tu próximo pivote, contratación clave o ronda, escribí en una hoja: ¿qué narrativa estoy construyendo sobre por qué hago esto? ¿Cómo podría ser esta la decisión equivocada? Si no podés escribir al menos dos versiones alternativas, no estás pensando: estás justificando.
- Diseñá tus sistemas de IA asumiendo el bit flip. Si usás LLMs en producción (atención al cliente, scoring, generación de código), asumí que el modelo puede devolver respuestas anómalas por motivos no controlables. Implementá validaciones downstream, logs de inferencia y fallbacks. No es paranoia: es ingeniería honesta sobre qué es realmente una máquina probabilística.
- Recuperá las emociones como input, no como ruido. Cuando un cofundador o tu equipo te dice que «siente» que algo está mal, antes de descartarlo como subjetivo, preguntá: ¿qué señal concreta está percibiendo que no llegó todavía a mis reportes? La integración razón-emoción es una ventaja competitiva, no una debilidad.
La madurez profesional, según Dullien, no se trata de volverse más cínico ni más estoico. Se trata de ver más claro cómo funcionan tus propios incentivos, el mundo real y tu propia biología —y decidir en consecuencia.
Fuentes
- Thomas Dullien – Three important steps in my maturation process (fuente original)
- Thomas Dullien – LinkedIn (perfil profesional, Rowhammer, Optimyze.cloud, Pwnie Award)
- Nature Index – Cognitive Biases and Decision-Making in Entrepreneurship (research sobre sesgos cognitivos en fundadores)
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