Cuando dejar de sentir vergüenza mata a las comunidades
El dilema no es nueva moral o vieja moral: es cómo decides cuánto vale cada interacción humana. Eso es lo que plantea la primera columna de una nueva serie de The New Yorker, firmada por Jay Caspian Kang, que arranca con un ejemplo deportivo para aterrizar una discusión sobre negocios, tecnología y cultura. El autor escuchó al ex presidente del sindicato de jugadores de la NFL, Domonique Foxworth, describir el “tanking” de la NBA como la consecuencia de una “cultura de la optimización” que eliminó los “guardarraíles” que antes ponía la vergüenza.
La traducción al lenguaje de un founder es directa: cuando el retorno sobre la inversión desplaza a cualquier otro criterio, las comunidades dejan de poder decir “eso no se hace”. Y lo que se rompe no es un acuerdo legal: es la vergüenza, que era el cemento social que sostenía la norma.
Por qué la NBA importa aunque no te gusten los deportes
El “tanking” — perder a propósito para mejorar el pick del draft — se volvió la metáfora perfecta de una lógica empresarial. La columna repasa la cronología: la sospecha sobre los Houston Rockets de 1984 buscando a Hakeem Olajuwon, el primer draft lottery de la NBA en 1985 con David Stern sacando el sobre de los New York Knicks en una burbuja de plástico, y el momento bisagra del “Proceso” de los Philadelphia 76ers con Sam Hinkie entre 2013 y 2016. Este último renunció como general manager tras acumular la peor racha de la liga y dejar al equipo en 10-68, según reportó la Fox Sports al confirmar su salida en abril de 2016.
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👥 Unirme a la comunidadLo que ningún algoritmo les dijo a los front offices es que perder a propósito es rentable si ignorás el costo reputacional. Hinkie renunció a fingir. Lo echaron. Y desde entonces la NBA ha probado variantes del lottery sin terminar de disuadir a los equipos de jugar para perder. La solución siempre llega tarde porque la optimización siempre corre más rápido que la norma social.
“Cultura de la optimización”: la definición que un founder necesita
Kang construye el término siguiendo a Foxworth: “hemos entrado en una cultura de la optimización que elimina los guardarraíles que la vergüenza solía proveer.” No se trata solo de M.B.A.s y quants ocupando asientos que antes tenían exjugadores. El columnista lo liga a una tradición mayor: Neil Postman y su clásico Amusing Ourselves to Death, además del efecto McLuhan de cambiar el medio en que se media la vergüenza. Cuando todo el discurso pasa por redes sociales y la distancia física elimina la posibilidad de un puñetazo, insultar a la esposa de alguien deja de tener costo inmediato.
Lo que Kang llama “optimizadores” son quienes creen que toda decisión ética puede resolverse en una hoja de cálculo. Lo que llama “empathic” son quienes todavía creen que existen “barreras sociales”. El primer grupo tiene el dinero; el segundo, dice Kang, solo tiene “la seguridad pasajera de que somos más que ellos.”
El caso que ya está pegando: el deporte infantil en manos del private equity
La columna aterriza en un ejemplo concreto que cualquier padre reconoce: la compra de ligas y canchas infantiles por firmas de private equity que “afeitan cada borde blando que las hacía sentirse como propiedad de la comunidad.” Eso ya no es teoría: en EE. UU., las familias gastan más de US$40.000 millones al año en deportes juveniles — casi el doble que los ingresos anuales de la NFL — y el gasto medio por niño en su deporte principal saltó de US$693 en 2019 a US$1.016 en 2024, según datos del Proyecto Play del Aspen Institute citados por Stateline (publicado en St. Cloud Times, julio de 2026).
Lo que cambió no es solo el precio, es quién lo cobra. Algunas cifras verificables del reportaje de Stateline:
- 3STEP Sports, respaldada por la firma de private equity Juggernaut Capital desde 2019, opera más de 2.500 programas en siete deportes, con 2 millones de atletas en todos los estados.
- Unrivaled Sports concentró en 2024 las propiedades juveniles de béisbol, softball y fútbol bajo un mismo paraguas con socios como Cal Ripken Jr. y Shaun White.
- LiveBarn, plataforma de streaming amateur, fue adquirida este año por una firma con base en Chicago.
- RCX Sports — que administra las licencias oficiales de los programas juveniles de la NFL, MLB y NBA — pasó en junio a manos de la firma del ex quarterback Eli Manning, Brand Velocity Group.
La columna también menciona el caso de los centros de atención a adultos mayores, donde la misma lógica de optimización de beneficios “sucede ahora mismo frente a nuestros ojos.”
Cuando la regulación sustituye a la vergüenza
Cuando la vergüenza ya no cumple su función, el Estado tiene que entrar. Kang lo dice sin ambigüedad: “como la NBA, nuestro mundo en general necesitará intervención y regulación directa para contrarrestar el evangelio de la optimización flagrante.” Ya está empezando a ocurrir. En mayo de 2026, según Stateline, demócratas del Senado y la Cámara de EE. UU. presentaron el Let Kids Play Act, un proyecto que:
- Designa como “vulture investors” a cualquier fondo de private equity que compre una liga o instalación deportiva, a menos que demuestre lo contrario ante la FTC.
- Prohíbe las llamadas “junk fees”: cargos ocultos, sin contraprestación real, o añadidos después del precio inicial.
- Obliga al “inversionista buitre” designado a desinvertir en dos años de cualquier activo de deporte juvenil, incluidas arenas y ligas.
El proyecto fue impulsado por el senador Chris Murphy (Connecticut) y el diputado Chris Deluzio (Pennsylvania), con Cory Booker, Jeff Merkley y Bernie Sanders como copatrocinadores en el Senado. En junio hubo una audiencia en un subcomité de Educación y Trabajo titulada “Field of Fees: Private Equity’s Role in the Commercialization of American Youth Sports.”
Hay un caso testigo en el expediente: Black Bear Sports Group, fundada en 2015 por Murry Gunty y su firma Blackstreet Capital Holdings, dueña del Atlantic Hockey Federation y de Defender Hockey Tournaments. El senador Murphy contó en una conferencia de prensa que su hijo de 14 años juega en un equipo del AHF, donde Black Bear tiene derechos exclusivos para grabar los partidos y obliga a las familias a pagar por las copias del footage o una suscripción premium. La fiscal general de Michigan, Dana Nessel, abrió en abril una investigación por prácticas anticompetitivas; el Procurador de Texas, Ken Paxton, hizo lo propio en noviembre de 2025.
El Congreso quizá no apruebe el proyecto — el socio de Duane Morris A.J. Rudowitz dijo a Stateline que duda que prospere por sus provisions “especialmente agresivas” — pero ya cumplió una función: señaló el campo. Otros entes reguladores (la FTC, fiscales generales estatales) pueden usar esa definición como referencia para perseguir prácticas abusivas.
¿Qué significa esto para tu startup?
El error más común de un founder optimizing es olvidar que el ROI no incluye el costo reputacional. El “Proceso” de los Sixers funcionó en la pizarra: terminó con Joel Embiid, dos veces MVP, y un campeonato en 2024, según la nota de Fox Sports. Pero costó tres temporadas consecutivas con menos de 20 victorias, la salida forzada del GM y una reputación tan quemante que todavía hoy nadie recomienda el manual Hinkie a quien evite el memes.
Cuando tomás una decisión que solo se sostiene sobre el Excel, teóricamente infalible, pero invisible a la vergüenza del mercado, estás apostando a que nadie te va a castigar por ser el primero en cruzar la línea. La columna de Kang — y lo que ya está pasando en el deporte infantil — muestra que eso cambia: la vergüenza individual se reemplaza por regulación colectiva, antimonopolio, y titulares que te ponen en la lista negra del consumidor.
Tres acciones concretas que podés implementar esta semana:
- Auditoría del “shame cost.” Antes de aprobar cualquier feature o política que maximice una métrica de corto plazo, anotá el peor titular posible que un competidor, un regulador o un creador de contenido podría escribir sobre vos. Si te da vergüenza, replanteá la decisión. Kang lo describe como el “guardarraíl” que la optimización arranca.
- Diseña con el “toque físico” en mente. La columna argumenta que nos volvemos más vergonzosos cuando hay distancia física. Llevé esta idea a tu producto: ¿qué pasa si tu SaaS tuviera que presentar esa decisión cara a cara con el cliente? Si la respuesta te incomoda, es una señal de que la vergüenza que ya no aplicás individualmente te la va a terminar aplicando el regulador.
- Leé el Let Kids Play Act aunque no tengas nada que ver con deportes juveniles. La arquitectura del proyecto — presumir “vulture” hasta que demuestres lo contrario, obligatoriedad de desinversión, prohibición de “junk fees” — es la plantilla que vas a ver replicada en LATAM y Europa contra cualquier modelo SaaS B2C que captive usuarios con tarifas opacas. Lo que hoy parece un debate sobre ligas de hockey, mañana lo verás en tu Terms of Service.
Fuentes
- The Death of Shame Is Tearing Us Apart – The New Yorker (fuente original)
- Private equity could be pricing kids out of youth sports – Stateline / St. Cloud Times
- Major Shift: As cost of youth sports grows, Congress eyes regulation of private equity – Tucson Weekly
- Sam Hinkie, GM who put 76ers on endless rebuild, resigns – Fox Sports
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