Spora: la startup chilena que lleva hongos a Harrods

De Hualqui al laboratorio: quién es Maximiliano Venegas

La historia de Maximiliano Venegas ilustra un camino que cada vez más científicos latinoamericanos están recorriendo: de la academia al impacto aplicado. Creció en Hualqui, una comuna pequeña de la Región del Biobío donde las salidas profesionales en biotecnología se reducían, según su propio relato, a la industria salmonera o forestal. Fue una profesora de tercero medio la que le mostró la malla de Ingeniería en Biotecnología Molecular de la Universidad de Chile y le cambió la trayectoria.

Allí, la académica Jennifer Alcaino fue determinante. "Si tuviera que mencionar a alguien que cambió mi vida en la universidad, fue la profesora Jennifer", dice Venegas. Una mentoría de largo plazo dentro de la Facultad de Ciencias que, según él, combinó formación personal con rigor académico. Cuando el financiamiento de postgrado se cortó y la pandemia reconfiguró el mercado laboral, en lugar de quedarse esperando una plaza académica, Venegas se sumó a una startup: Spora.

Qué es Spora y por qué importa a un founder

Spora es una plataforma biotecnológica basada en Santiago de Chile que trabaja con hongos. Sus fundadores son Hernán Rebolledo y José Figuera, según el reporte de WWD, y la compañía se define como un "innovador de extremo a extremo": busca cepas de hongos en regiones biodiversas como la Patagonia y la Amazonía, las cultiva, las procesa con bio y nanotecnología propietaria, y convierte el micelio en materiales para lujo, arte e interiores.

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Lo que distingue a Spora del resto de competidores que cultivan micelio en laboratorio es el catálogo: la empresa preserva más de 130 especies de hongos mediante criopreservación y archivo genómico, lo que funciona como una biblioteca viva de biodiversidad fúngica. Esa biblioteca es la materia prima de cada producto y la base de su tesis de valor.

El micotextil: del laboratorio a las vitrinas de lujo

El primer producto comercial de Spora es un biomaterial textil elaborado a partir del micelio de hongos —el "micotextil" que menciona Venegas. Según WWD, la empresa lanzó su Wild Collection en Londres, una línea de accesorios que incluye llaveros, porta pasaportes, tarjeteros, posavasos, fundas para libretas y un maletín estructurado. Los precios oscilan entre 69 libras por un llavero y 1.050 libras por el maletín, mientras que las piezas de arte con micelio se venden entre 2.000 y 2.500 libras.

El canal de distribución es un termómetro del posicionamiento: Spora trabaja con Harrods y The Peninsula Hotels, y mantiene relación de colaboración con The Natural History Museum de Londres para investigación e innovación con sus cepas. También produce en una fábrica en España, lo que le da acceso directo al mercado europeo sin la barrera logística del despacho desde Chile.

Para Venegas, este biomaterial es apenas el piso. "Es un biomaterial sustentable que a futuro se espera que incorpore nuevas funcionalidades mediante biotecnología y nanotecnología", explicó. La tesis: pasar de un sustituto de cuero a una plataforma de materiales con propiedades programables.

La segunda apuesta: psilocibina para dolor crónico

Mientras el micotextil se comercializa, Spora ejecuta una segunda línea que apunta a otro mercado: el de los microfármacos basados en psilocibina para tratamientos alternativos contra el dolor crónico. Venegas contó que es uno de los proyectos que la empresa se adjudicó de Corfo el año pasado, y que se encuentra en etapas iniciales.

El interés no es especulativo. La investigación clínica con psilocibina y otros psicodélicos ha ganado tracción global en los últimos años para indicaciones como depresión resistente al tratamiento y dolor crónico, áreas donde la farmacología tradicional muestra limitaciones. Que una startup chilena esté corriendo un programa así, con financiamiento público de Corfo, es una señal de que el ecosistema biotech regional ya no se limita a servicios para salmoneras.

El problema de fondo: validar lo que el mercado ya está vendiendo

Venegas lanzó una advertencia que cualquier founder biotech debería tener en su radar. En Chile y en buena parte de Latinoamérica, los hongos nutracéuticos —como la melena de león— se venden crecientemente como suplementos, pero el principio activo no está estandarizado.

"Las condiciones de fructificación hacen que varíe la concentración de la molécula según el medio en el cual creció", explicó. Su lectura es directa: sin estandarización analítica, la categoría entera de hongos adaptógenos opera en un terreno regulatorio blando. Para una startup, esa fragilidad es a la vez un riesgo reputacional y una oportunidad: quien logre construir la cadena de cultivo + caracterización molecular + trazabilidad se lleva el mercado cuando los reguladores se pongan serios.

Qué significa esto para tu startup

Más allá de la curiosidad, hay tres lecciones operativas que un founder biotech o deeptech puede llevarse de esta historia:

  • El talento no se fuga, se reconvierte. Venegas llegó al mundo startup no por vocación emprendedora declarada, sino porque el sistema académico dejó de sostenerlo. Founders de biotech en LATAM deberían mirar con otros ojos a los postdocs y doctorandos sin financiamiento: ahí hay ciencia aplicada lista para incorporarse a un equipo.
  • El catálogo de biodiversidad es defensivo. Tener 130+ cepas criopreservadas no es marketing: es propiedad intelectual en un sector donde la materia prima es finita y diversa. Cualquier startup basada en recursos naturales debería preguntarse qué activo único de su bioregión puede convertir en biblioteca.
  • Los canales premium validan, los canales masivos escalan. La estrategia de Spora —entrar por Harrods y The Peninsula antes de masificar— es replicable para founders deeptech: usar el segmento de lujo como prueba de calidad y precio, y luego bajar a retail. El precio de 1.050 libras por un maletín de micelio no es un error, es la prueba de que el material tiene una propuesta de valor defendible.

Conclusión

La historia de Venegas y Spora muestra que la biología molecular dejó de ser una disciplina confinada al paper: hoy se traduce en productos físicos que se exhiben en Harrods, moléculas psicodélicas en investigación clínica y una plataforma biotech con fábrica en Europa. Para el ecosistema startup hispanohablante, el caso es un recordatorio de que la biotecnología latinoamericana ya tiene capacidad para jugar en ligas globales — siempre que resuelva los problemas de fondo, como la estandarización analítica, que Venegas mismo señaló.

Fuentes

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