Qué cambió: el decreto que renombró la IA en el Gobierno de EEUU
A finales de septiembre, Donald Trump firmó un decreto que instruye a las agencias del Poder Ejecutivo de Estados Unidos a sustituir 'inteligencia artificial' y 'AI' por 'superinteligencia' y 'SI' en comunicaciones oficiales, sitios web, informes y documentos de política pública, en la medida en que la ley lo permita. La maquinaria federal ya se movió: el Center for AI Standards and Innovation pasó a llamarse Center for Advancing Innovation and Standards for Super Intelligence (CAISSI) y el Departamento de Justicia usó el término nuevo en un comunicado sobre fraude musical, según ProPakistani.
El argumento oficial es que la tecnología superó su nombre. El decreto sostiene que los sistemas actuales amplifican cada vez más la creatividad humana y que 'superinteligencia' captura mejor su potencial.
El origen retórico es anterior. En su discurso ante la ONU, Trump dijo que 'el uso de la palabra artificial hace que la inteligencia parezca falsa, hace que suene falsa'. En un mitin en Nebraska fue más lejos: anunció que reservaría 'artificial' —una palabra 'fea', según él— para referirse a los medios de comunicación.
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👥 Probar 7 díasEl jueves, el presidente escribió en redes sociales que su Casa Blanca considerará '¡EL ENEMIGO!' a cualquiera que siga usando 'inteligencia artificial' en lugar de 'superinteligencia'. Lo que muchos podrían descartar como una distinción semántica está moviendo documentos, sitios web y comunicados de todo el Gobierno federal.
Por qué Trump empuja el cambio de nombre
El contexto es incómodo para la industria: los centros de datos de IA que el propio Trump defiende generan un rechazo creciente entre los votantes. Una encuesta de The Wall Street Journal citada por AFP encontró que el 62% de los votantes apoyaba pausar la construcción de centros de datos, y el 40% de ellos lo consideraba una prioridad máxima.
Los números se sostienen en varias mediciones. Una encuesta de Gallup de marzo encontró que 7 de cada 10 estadounidenses se oponían a que se construyera un centro de datos en su zona, según Newsweek. Un sondeo de Economist/YouGov realizado entre el 21 y el 24 de agosto mostró que el 47% de los votantes de Trump en 2024 rechazaba un centro de datos nuevo en su comunidad, frente al 35% que lo apoyaba, y el 52% creía que subiría su factura de luz.
Renombrar la tecnología es, en ese marco, una operación de narrativa: si 'artificial' suena a falso, el problema deja de ser la infraestructura y pasa a ser el vocabulario. Trump lo dijo sin rodeos en septiembre: 'El único control o mecanismo de protección que necesita la IA es un PRESIDENTE FUERTE E INTELIGENTE'.
Qué están haciendo las tecnológicas
El sector respondió rápido, aunque de forma desigual.
- Elon Musk anunció en X que renombraría SpaceXAI como SpaceXSI. Según Business Insider, la cuenta de la compañía en esa red ya cambió, aunque el cambio corporativo todavía no se concretó.
- Marc Benioff, CEO de Salesforce, dijo que su plataforma AIForce pasa a llamarse SIForce: 'La era de la Superinteligencia está aquí', escribió en X.
- Satya Nadella, CEO de Microsoft, usó 'Super Intelligence' —en dos palabras y con mayúsculas— en una publicación sobre contención y gobernanza de modelos.
- Jensen Huang, CEO de Nvidia, adoptó el término y dijo en X que representa una gran oportunidad para avanzar en descubrimiento, productividad, seguridad, salud y prosperidad, según Free Press Journal.
- Jeff Bezos también respaldó la idea, argumentando que 'artificial' no presenta bien la tecnología, reportó ProPakistani.
No todos. Sam Altman dijo en el podcast 'Decoded' de Politico que no hay planes de renombrar OpenAI como OpenSI, y recordó que el sector usa 'superinteligencia' desde hace tiempo. También puso en duda el objetivo de fondo: '¿Acaso la superinteligencia no suena mucho menos aterradora para la gente que la inteligencia artificial?', se preguntó, y predijo que la gente seguirá diciendo IA.
El problema técnico: superinteligencia ya significa otra cosa
Aquí está el nudo del asunto. Nick Bostrom, filósofo de Oxford, definió la superinteligencia en un ensayo de 1997 como 'un intelecto mucho más brillante que los mejores cerebros humanos en prácticamente todos los ámbitos', y desarrolló el concepto en su libro de 2014 'Superinteligencia: caminos, peligros, estrategias'.
Es decir: la superinteligencia describe un sistema hipotético que supera radicalmente a los humanos, no el filtro de correo no deseado. 'Si la idea es usar el nuevo término superinteligencia para abarcar todo eso, quizás sea un poco exagerado llamar superinteligencia a mi filtro de spam', dijo Bostrom a CNN.
Entre la IA actual y la superinteligencia está la IAG (inteligencia artificial general), un sistema con el mismo tipo de aprendizaje y razonamiento que un humano. El riesgo práctico del rebranding es que diluye la palabra justo cuando se necesita para nombrar lo que preocupa. David Krueger, profesor de IA y fundador de la organización Evitable, señaló al SF Standard que el término se refiere a una IA muy superior a la humana y muy difícil de controlar, según Free Press Journal.
Hay además un límite legal. El decreto aplica a agencias del Ejecutivo, pero no puede obligar al Congreso a dejar de usar 'inteligencia artificial': leyes vigentes como la Take It Down Act ya contienen el término, y la senadora Bernie Sanders respaldó en septiembre la Ban Artificial Superintelligence Act, que usa 'superinteligencia' en su sentido técnico, reportó ProPakistani.
Los centros de datos: el elefante en la sala
El rebranding no toca el conflicto de fondo. Matt Garman, CEO de AWS, dijo que hay más de 100 moratorias a centros de datos en consideración en Estados Unidos y anunció 'Built Together', un programa de más de 1.000 millones de dólares a cinco años para comunidades anfitrionas, según AFP. Más de 500 jurisdicciones ya prohibieron la construcción de centros de datos, según un análisis de The Information citado por Newsweek.
Los costos son concretos: un centro de datos mediano puede usar hasta 300.000 galones de agua al día para refrigeración, y uno grande hasta 5 millones, según estimaciones del Environmental and Energy Study Institute. Para Megan Mullin, profesora de UCLA, la resistencia local no va a detener la construcción a nivel nacional, solo a redirigirla, y el costo de los permisos y los acuerdos comunitarios terminará trasladándose a los usuarios de datos.
También hay un contraejemplo útil: en Loudoun County, Virginia, los centros de datos generan cerca del 40% de los ingresos fiscales del condado, lo que permitió bajar las tasas residenciales, según Mullin.
¿Qué significa esto para tu startup?
Para un founder, el cambio de nombre no es un detalle de Washington: toca contratos, propuestas comerciales y posicionamiento.
- No renombres tu producto por moda regulatoria. El decreto no obliga a empresas privadas. Tus compradores, tus contratos y las leyes que te aplican siguen diciendo 'inteligencia artificial'. Revisa qué término usan tus clientes enterprise y tus documentos de compliance antes de tocar el copy.
- Si vendes al Gobierno de EEUU, adapta el lenguaje. Las agencias federales ya usan 'Super Intelligence' y 'SI' en documentos oficiales. Si respondes a licitaciones o integras con agencias, alinea el vocabulario de tus propuestas para no quedar fuera de contexto.
- Mantén 'inteligencia artificial' en tu SEO. La gente sigue buscando IA. Altman lo dijo: la gente seguirá usando el término. Cambiar tus keywords por una expresión que casi nadie busca es regalar tráfico.
- Si dependes de infraestructura, presupuesta el costo comunitario. Con más de 100 moratorias en evaluación y más de 500 jurisdicciones con prohibiciones, los permisos se vuelven más lentos y caros. Ese sobrecosto se traslada a quien consume cómputo.
Conclusión
El rebranding de Trump es una jugada de narrativa, no de tecnología. Cambia cómo se llama la IA en los papeles del Gobierno de EEUU, pero no cambia lo que la IA hace, ni el rechazo local a los centros de datos, ni el hecho de que 'superinteligencia' ya tenía un significado técnico preciso. Para una startup, la lectura útil es doble: el término que usas en tu comunicación es una decisión de negocio, y el costo real de la infraestructura que sostiene tu producto va a subir. Adapta el lenguaje donde te conviene, pero no confundas el cambio de nombre con un cambio de reglas.
Fuentes
- CNN en Español (fuente original)
- ProPakistani
- Business Insider
- Free Press Journal
- Newsweek
- Yahoo News / AFP
- UCLA Newsroom
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