ReForest LATAM: drones e IA para restaurar a escala

La restauración ya no se mide en árboles plantados, sino en hectáreas recuperadas

Hasta el 40% de las tierras del planeta están degradadas y cada año se pierden alrededor de 100 millones de hectáreas de suelo saludable y productivo, según los datos que se discutieron en el Congreso RedLAC 2026, la reunión de fondos ambientales de América Latina y el Caribe. Al mismo tiempo, los países se comprometieron a restaurar cerca de 1.000 millones de hectáreas hacia 2030. La distancia entre ambas cifras es el problema central del sector.

Para un founder, esa brecha no es un dato ambiental más: es un mercado que todavía no tiene la infraestructura para ejecutarse. La restauración dejó de ser una jornada de plantación y se convirtió en un problema de logística, datos y financiamiento a largo plazo.

Qué se discutió en RedLAC 2026

El congreso reunió a 34 fondos ambientales de 20 países que, en conjunto, gestionan más de USD 1.500 millones y trabajan en la conservación de más de 900 áreas protegidas. La pregunta que atravesó las conversaciones fue concreta: cómo restaurar a escala y no solo con intervenciones puntuales en territorios aislados.

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La respuesta que emergió no es fotogénica. Requiere infraestructura científica para entender qué necesita cada territorio, bancos y cadenas de suministro de semillas nativas, viveros, sistemas de información geográfica, tecnología para operar en lugares remotos, monitoreo de largo plazo y estándares que permitan saber qué funcionó y qué no.

Ese es el hueco que las startups están empezando a ocupar. Y explica por qué la conversación se corrió del "cuántos árboles plantamos" al "cómo construimos sistemas que sostengan la recuperación durante décadas".

ReForest LATAM: iSeeds, drones e IA en el Gran Chaco

El caso más citado en esas conversaciones nació en Argentina. ReForest LATAM combina análisis ecosistémico, biotecnología y dispersión aérea para atacar el cuello de botella de la escala.

Su sistema se apoya en iSeeds, cápsulas biodegradables que protegen semillas nativas y las acompañan con sustratos y bioestimulantes para favorecer la germinación y el establecimiento. Antes de intervenir, imágenes satelitales, sistemas de información geográfica e inteligencia artificial analizan suelo, cobertura, topografía y condiciones ambientales para determinar qué especies conviene dispersar y dónde. Después, los drones ejecutan esa prescripción sobre grandes extensiones.

Según reportó Ecoticias, The Nature Conservancy (TNC) Argentina y ReForest Latam realizaron un piloto de regeneración asistida en zonas productivas de Tostado (Santa Fe) y Bandera (Santiago del Estero). El objetivo inmediato fue enriquecer 13 hectáreas con semillas nativas encapsuladas, equivalentes a 8.000 árboles, dentro de un proyecto más amplio que busca llegar a 100.000. En la zona ya se habían intervenido más de 300 hectáreas con plantines mediante métodos tradicionales.

La especie principal del piloto es el algarrobo blanco, acompañado por palo borracho amarillo, guayacán y quebracho colorado santiagueño. Todas son especies del propio Chaco, adaptadas al clima y al suelo local.

El Gran Chaco Americano es el segundo ecosistema forestal más extenso de Sudamérica, solo detrás de la Amazonia. Maia Plaza Behr, especialista de TNC, lo describió como "un territorio vital" y "uno de los más deforestados y degradados del planeta". Ignacio Gasparri, director de ciencia de ReForest, resume el enfoque de la compañía como la combinación de "biotecnología aplicada a semillas, drones de precisión y análisis ecosistémico".

El monitoreo es la parte que casi nadie financia

El piloto asume una realidad incómoda: se dispersan más cápsulas de las que terminarán convertidas en plantas. Para aprender qué funciona, el equipo instaló parcelas testigo y las monitorea cada 45 días, comparando áreas intervenidas con zonas no intervenidas. Tras unos 120 días desde los vuelos, estiman que las plántulas deberían estar establecidas.

Ese detalle es el que separa un proyecto de restauración de una campaña de marketing. Sin datos de seguimiento no hay forma de demostrar resultados, y sin resultados demostrables no hay financiamiento institucional.

Hay un dato que conviene tener presente: según el Banco Interamericano de Desarrollo, en 2022 los incendios explicaron el 35% de la pérdida total de bosques nativos a nivel nacional en Argentina. La restauración tecnológica no sustituye la prevención. Si la deforestación y el fuego siguen ganando terreno, sembrar desde el aire es achicar agua con un vaso.

La brecha de financiamiento: de US$64.000M a US$296.000M

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que la inversión mundial en restauración debería pasar de aproximadamente USD 64.000 millones en 2022 a USD 296.000 millones anuales hacia 2030. Hoy los gobiernos aportan cerca de tres cuartas partes de ese financiamiento.

Esa brecha no se cierra solo con presupuestos públicos o filantropía. El sector necesita proyectos medibles, verificables y comparables, sin reducir la complejidad de la naturaleza a una tonelada de carbono o a un conteo de árboles.

El contexto global acompaña. Un informe de The Nature Conservancy y Forest Trends citado por EFEverde muestra que la inversión en soluciones basadas en la naturaleza para seguridad hídrica pasó de USD 22.400 millones en 2013 a USD 49.000 millones en 2023, con China concentrando USD 26.400 millones (56%) y África como la región de mayor crecimiento, al pasar de USD 57 millones a USD 288 millones en la misma década. El 97% de ese total sigue siendo financiación pública.

En Europa, el Reglamento de Restauración de la Naturaleza fijó objetivos vinculantes para recuperar al menos el 20% de los hábitats antes de 2030, en un continente donde más del 80% de los ecosistemas presenta algún grado de degradación, según Ecoticias. La misma fuente señala que más del 50% del PIB mundial depende directamente de los servicios ecosistémicos.

¿Qué significa esto para tu startup?

La restauración se está pareciendo cada vez más a un sector de infraestructura: capital intensivo, ciclos largos y necesidad de trazabilidad. Eso abre oportunidades concretas para equipos tecnológicos hispanohablantes.

  • Vende verificación, no solo ejecución. El cuello de botella del sector no es plantar: es demostrar que lo plantado sobrevivió. Herramientas de monitoreo satelital, sensores y reportes auditables son el producto que los fondos ambientales y los bancos de desarrollo necesitan para desembolsar capital. Si tu startup ya maneja datos geoespaciales, ese es el puente más corto hacia este mercado.
  • Diseña para el ciclo de financiamiento real, no para el trimestre. Los procesos ecológicos no cierran en un ejercicio fiscal. Un modelo de negocio que solo cobra por intervención puntual choca contra esa realidad; uno que cobra por hectárea monitoreada durante varios años se alinea con cómo se estructura el capital de restauración.
  • Aprovecha la ventaja regulatoria europea. El Reglamento 2023/1115 de la UE busca frenar la entrada de productos vinculados a la deforestación, como carne o soja. Eso empuja a las cadenas de suministro agropecuarias a exigir trazabilidad y restauración comprobable en origen. Para una startup latinoamericana, es una demanda exportable que ya tiene comprador.

Conclusión

La próxima generación de soluciones para la restauración tendrá que combinar tecnología con ciencia ecológica, conocimiento territorial y gobernanza local. América Latina tiene los ecosistemas, la comunidad científica y una generación emergente de emprendedores aplicando biotecnología, IA, sensores, imágenes satelitales y drones a problemas ambientales.

El desafío no es tecnológico: es conectar esas capacidades con financiamiento, instituciones y territorios. El objetivo siempre debe ser el mismo: maximizar ecosistemas recuperados, no árboles plantados.

Fuentes

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