Remolonas, la foodtech de excedentes, capta 2,1M€

Remolonas, la foodtech española que convierte excedentes alimentarios en cajas de suscripción, parte de 2,1 millones de euros ya comprometidos para acelerar su expansión nacional y completará la operación con una campaña de crowdfunding abierta desde 2.000 euros por inversor. La compañía ya da servicio a más de 13.000 hogares y empresas y supera los 320.000 euros de ingresos recurrentes mensuales.

Para un founder de consumo, el dato relevante no es solo el monto. Es la combinación de capital institucional, respaldo de la industria alimentaria y una base de clientes que ahora puede entrar al accionariado. Un manual poco habitual en el mercado español.

¿Cómo se reparte la ronda de 2,1 millones de Remolonas?

La compañía parte de una posición de 2,1 millones de euros ya comprometidos, con Clave Capital aportando 400.000 €, EONIQ con 300.000 € y SEGO Venture con 300.000 € a través de su Club Privado de Inversión, además de otros inversores.

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La ronda se completará con una campaña de crowdfunding canalizada a través de SEGO Venture, la línea de inversión en startups y scaleups del Grupo SEGOFINANCE. El objetivo es incorporar a inversores privados, operadores y profesionales de la industria alimentaria, perfiles vinculados al venture capital y particulares, con una inversión mínima de 2.000 euros.

Esa estructura de dos capas —un club privado primero y el crowdfunding después— se ha vuelto habitual en rondas medianas del ecosistema español: cierra con tickets altos y luego abre la puerta a la comunidad, a partners del sector y a los propios clientes. Para el inversor particular, el ticket de entrada es bajo; para la empresa, es una forma de financiar crecimiento sin diluirse únicamente con un lead investor.

¿Cómo gana dinero Remolonas?

El modelo está construido desde la demanda, no desde la oferta. La compañía trabaja con agricultores, productores, cooperativas y marcas para recuperar inventario que perdió su salida comercial habitual y le da salida a través de su propia plataforma.

  • Suscripción flexible a una caja de frutas y verduras imperfectas, con entregas semanales o quincenales.
  • Compra complementaria con más de 500 referencias de alimentación de productores locales y primeras marcas.
  • Vertical B2B con empresas, que la ronda busca escalar mediante una estrategia digital multicanal para reforzar fidelización y recurrencia.

El sistema tecnológico y logístico es propio y aprende de cada hogar para anticipar qué productos encajan con sus preferencias. Ese es el corazón de la propuesta: si predices mejor la demanda, absorbes mejor el inventario vulnerable y puedes pagar un precio justo al productor sin cargar el costo al cliente final.

Los números que sostienen el pitch

  • Más de 320.000 euros de MRR (ingresos recurrentes mensuales).
  • 1,1 millones de euros facturados en 2025 y una previsión de superar los 3 millones en 2026, según la propia compañía.
  • Más de 1.100 toneladas de alimento rescatadas desde 2024 y más de 1.200 toneladas de CO₂ evitadas.
  • 48% de la plantilla formada por personas con discapacidad o en riesgo de exclusión, que participan en la preparación de los pedidos.

Ese último punto no es un detalle de responsabilidad social: la preparación de pedidos es trabajo intensivo y con picos, y ahí el impacto social y la operación se alinean en lugar de competir. Para una foodtech de márgenes ajustados, ese encaje operativo es parte de la ventaja, no un anexo del pitch.

La ley contra el desperdicio cambia el tablero

España ya no trata el desperdicio alimentario como un asunto de reputación. Según el Informe de Desperdicio Alimentario de 2025 recogido por El Español, 1.129,91 millones de kilos o litros de comida acabaron en la basura, equivalentes a 24 kilos por persona y año, con una reducción del 19% desde 2020 que sitúa al país entre los de menor tasa de desperdicio de la Unión Europea.

El mismo medio señala que la ley española contra el desperdicio contempla sanciones que pueden llegar a los 500.000 euros y describe un mercado a dos velocidades: la mayoría de las empresas cumple con un plan de prevención en papel y registros manuales, mientras unas pocas usan la norma para rediseñar cómo producen y qué hacen con lo que les sobra. Entre las startups que trabajan ese frente tecnológico, El Español menciona a Naria, Coometas y Too Good to Go. Sus datos de Eurostat, citados en ese artículo, sitúan el desperdicio de toda la cadena en España en 3,1 millones de toneladas.

Ahí está el encaje de Remolonas. La obligación legal convierte la gestión del excedente en algo medible y con responsables, y eso crea demanda corporativa para quien tenga tecnología y logística capaz de mover inventario perecedero rápido y con trazabilidad. El propio ecoticias.com resume el contexto español: en los hogares se tiran más de mil millones de kilos de comida al año, y a nivel mundial se desperdicia cerca del 30% de los alimentos producidos.

El respaldo de la industria alimentaria

Al inversor financiero se le suma el inversor estratégico. En 2025, Eroski, a través del Grupo Mondragón, entró en el capital como inversor líder con 450.000 €, acompañado por EONIQ en esa misma ronda. Un socio de distribución en la cap table de una startup que precisamente quiere crecer frente a la gran distribución dice bastante sobre por dónde pasa su estrategia.

La compañía cuenta además con Philip Behn, ex-CEO de Imperfect Foods, y Neil Neufeld, de Misfits Market, como asesores e inversores. Ambos vienen de modelos de recuperación de excedente en mercados anglosajones, el mismo terreno que Remolonas explota en España.

El reconocimiento institucional también acompaña: Premio Alimentos de España a la Innovación en 2025, otorgado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación; selección entre las Top 101 Spain Up Nation, impulsada por ENISA y el Ministerio de Industria y Turismo; y su paso por Lanzadera, la aceleradora impulsada por Juan Roig, en 2023. Según ecoticias.com, la empresa recibió además financiación pública vía AgroInnpulso, con fondos europeos NextGenerationEU, y en su modelo el ahorro para el consumidor llega a rozar el 40%.

¿Qué significa esto para tu startup?

1. El crowdfunding no es el plan B de las rondas pequeñas, es una herramienta de distribución. Si tu negocio vende a consumidor final y tiene recurrencia, abrir una parte de la ronda a clientes convierte cada aportación en un cliente con incentivo para que la empresa funcione. Copiar el formato de Remolonas exige dos cosas: una base de usuarios ya activa —13.000 hogares no se improvisan— y una plataforma regulada que canalice la operación, como el modelo que usa SEGO Venture.

2. Si tu producto resuelve un problema que la ley vuelve obligatorio, tu métrica de impacto es un activo comercial. Con sanciones de hasta 500.000 euros sobre la mesa, según El Español, herramientas que reducen, mueven o documentan excedentes dejan de ser un gasto de sostenibilidad y pasan a ser una decisión de gestión. Empaqueta esa métrica para venderla a empresas, no solo para el pitch de inversión.

3. Construye desde la demanda antes de escalar la oferta. Remolonas suscribe hogares y luego compra inventario para servir esa demanda. Hacerlo al revés —comprar stock y buscar comprador— es lo que generó el problema que ella misma monetiza. Si vendes producto físico, la suscripción con entrega flexible y un sistema que aprenda del cliente es un patrón replicable incluso a pequeña escala.

4. El inversor estratégico pesa más que el ticket. Eroski entró en 2025 y la compañía sigue levantando para expandirse. Si tu ronda está en marcha, dedica tiempo a los inversores que además te abren canal, logística o acceso a proveedores: en capital, un socio de industria suele valer más que un punto extra de valoración.

Conclusión

Remolonas no está vendiendo una idea: está monetizando un problema estructural con números sobre la mesa —13.000 hogares y empresas, más de 320.000 euros de MRR y una previsión de triplicar facturación en 2026— y una ley que convierte el desperdicio en un asunto con responsables y sanciones. La ronda combina capital institucional, respaldo industrial y, ahora, clientes que pueden convertirse en accionistas.

El reto no es menor: escalar una operación logística de producto perecedero con márgenes estrechos es cara y difícil de replicar fuera de sus plazas actuales. Pero el playbook de Remolonas —métricas de impacto medibles, suscripción desde la demanda, crowdfunding como canal y no como último recurso— es de los que un founder de consumo puede estudiar y adaptar sin inventar nada.

Fuentes

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