Centros de datos de IA: 5 millones de galones y resistencia

Un centro de datos puede beber lo mismo que una ciudad de 50.000 personas

Un centro de datos hyperscale consume entre 1 y 5 millones de galones de agua al día, una cifra comparable al consumo de una ciudad de entre 10.000 y 50.000 habitantes. Ese dato, publicado por Rest of World, es el punto de partida de una resistencia ciudadana que ya frenó proyectos de Google y Microsoft en Chile, Uruguay y Brasil, y que ahora se replica en Europa.

Para un founder, la lectura no es ambiental: es operativa. Si tu producto corre sobre infraestructura cloud, la licencia social de tus proveedores se está convirtiendo en un riesgo de continuidad tan real como una caída de región.

¿Por qué la IA consume tanta agua?

El primer aviso llegó en abril de 2023, cuando un paper de la Universidad de California estimó que entrenar el modelo de lenguaje detrás de la versión inicial de ChatGPT había requerido 185.000 galones de agua. La industria respondió con cifras propias —que una consulta individual gastaba apenas gotas—, pero los investigadores independientes señalaron que el cálculo ignoraba el agua necesaria para alimentar y refrigerar centros de datos cada vez más grandes.

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La razón física es simple: las GPU que sostienen la IA generativa trabajan más duro y disipan más calor que los chips y discos que tradicionalmente llenaban los racks. A eso se suma que el agua debe ser lo bastante limpia como para no dañar equipos y tuberías, y que conectarse a la red de agua potable es más barato que pagar el tratamiento propio. Resultado: los centros de datos compiten con las comunidades por el mismo recurso.

El contexto macro lo confirma. Según la consultora Rystad Energy, citada por Euronews, los centros de datos del mundo consumieron 222.000 millones de litros de agua para refrigeración en 2025, y sin medidas esa cifra podría acercarse a 644.000 millones en 2030. El informe del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas, recogido por Reuters, eleva la cifra de 2025 a 4,5 billones de litros y proyecta 9,3 billones para 2030, con un consumo eléctrico que pasaría de 448 TWh a 945 TWh.

Chile: el caso que cambió el manual

En octubre de 2019, mientras Chile vivía protestas sociales masivas con el agua como consigna central, Google peleaba por la aprobación de un centro de datos de US$200 millones en Cerrillos, al suroeste de Santiago. El argumento de la empresa fue el de siempre: empleo y prosperidad. La realidad, según el reportaje, era otra: mucho trabajo de construcción a corto plazo y poco empleo permanente, a cambio de una demanda hídrica enorme en una comuna que no tenía excedentes.

Los vecinos se organizaron en MOSACAT (Movimiento Socioambiental por el Agua y la Tierra) y tradujeron los informes técnicos. Según las propias proyecciones del proyecto, la instalación usaría 169 litros de agua por segundo: en un solo día consumiría lo mismo que los 80.000 habitantes de Cerrillos beben en un año. Peor aún, pretendía extraer de un acuífero con restricciones vigentes desde 2005 y que, semanas antes de la aprobación ambiental, había pasado a una prohibición total de nuevas extracciones.

El contexto agravaba todo: Chile arrastraba una sequía sin precedentes desde 2010 y, hacia 2021, más de la mitad de sus 19 millones de habitantes vivía en zonas con escasez hídrica severa. En diciembre de 2019, un referéndum vecinal arrojó 49% en contra del proyecto y 38% a favor. Tras las reclamaciones del municipio y de la comunidad en 2020, Google volvió en febrero de 2022 con una propuesta de refrigeración exclusivamente por aire.

El caso no terminó ahí: según TechTimes, un tribunal chileno revocó parcialmente en 2024 la autorización del centro de datos de Cerrillos y ordenó una nueva evaluación ambiental, al considerar que el proyecto no había incorporado adecuadamente el cambio climático.

Uruguay, Brasil y el efecto contagio

El patrón se repitió. En Quilicura, Microsoft anunció en 2022 su intención de construir un centro de datos, el mismo año en que entraron en vigor reglas estrictas de racionamiento de agua en Santiago. En Montevideo, mientras el país vivía su peor sequía en 70 años, los vecinos descubrieron que Google planeaba una instalación en Canelones. El investigador Daniel Pena, de la Universidad de la República, tuvo que acudir a la Justicia para obtener del Ministerio de Ambiente los detalles del consumo: el sitio de 72 acres planeaba usar 2 millones de galones de agua al día para refrigeración.

Brasil ya supera los 180 centros de datos, incluso con regiones que sufren sequías recurrentes. En las afueras de Fortaleza, al menos cuatro instalaciones grandes buscaban instalarse en la zona franca de Caucaia. Una de ellas, del tamaño de 12 campos de fútbol y con un costo estimado de US$10.000 millones, será formalmente de una empresa local de energía eólica pero se desarrolla para servir a TikTok, en una región con condiciones de sequía de emergencia en 16 de los 21 años entre 2003 y 2024.

¿Y en Europa? El precedente belga

La resistencia ya cruzó el Atlántico. Según TechTimes, el viceprimer ministro valón François Desquesnes rechazó el 14 de agosto una modificación de permiso que habría permitido a Google bombear 600 metros cúbicos por hora del río Sambre para refrigerar un segundo centro de datos en el Ecopôle, del que solo devolvería el 25% y a 30°C. La decisión se apoyó en el principio de precaución y en una sequía documentada: ocho municipios valones llevaban bajo restricciones formales desde finales de julio.

Lo relevante para cualquier operador es el mecanismo: bastó una apelación administrativa de un ciudadano para que el expediente subiera al ministro y se bloqueara un permiso que la administración ya había aprobado. Sin nueva ley, sin regulación específica de IA y sin sentencia judicial.

¿Qué significa esto para tu startup?

Aunque no construyas centros de datos, dependes de quien los construye. Estos son los frentes que conviene revisar:

  • Audita la exposición geográfica de tu nube. Pregunta a tu proveedor en qué regiones operan tus cargas críticas y si alguna está en cuencas con estrés hídrico declarado. Un permiso revocado o una moratoria municipal puede retrasar la capacidad que tu roadmap da por hecha.
  • Incluye el riesgo hídrico en tu due diligence de proveedores. Los reportes de sostenibilidad ya publican métricas de consumo de agua; compararlas entre proveedores te da poder de negociación y te evita sorpresas en renovaciones de contrato.
  • Diseña para la eficiencia, no solo para el costo. La refrigeración en circuito cerrado, la refrigeración directa al chip y el enfriamiento por inmersión reducen el consumo de agua, pero suelen implicar más electricidad. Ese trade-off —explicado por el investigador Andy Masley a Euronews— es el que están resolviendo Nvidia, Microsoft, AWS y Meta con sus nuevas arquitecturas.
  • Anticipa la conversación regulatoria en LATAM. Lo que ocurrió en Cerrillos, Canelones y Caucaia muestra que la licencia social se pierde rápido cuando la comunidad no tiene información. Si tu startup opera infraestructura física en la región, publicar datos de consumo antes de que te los pidan es más barato que litigar después.

La conclusión: el agua es local, el cómputo es global

El carbono se diluye en la atmósfera; el agua no. Lo que un centro de datos extrae en Cerrillos afecta el suministro de Cerrillos y de nadie más. Esa asimetría explica por qué la oposición ciudadana es tan efectiva y por qué los marcos regulatorios locales —pensados antes de la IA— están resultando insuficientes.

Para el ecosistema emprendedor, la implicación es doble. Primero, la infraestructura barata y abundante deja de ser un supuesto y se convierte en una variable de riesgo que hay que gestionar. Segundo, se abre una oportunidad real para startups que resuelvan refrigeración eficiente, reciclaje de agua industrial o monitoreo de consumo hídrico: la presión regulatoria que hoy frena a los gigantes es el mercado que mañana financiará a sus proveedores.

Fuentes

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