Uruguay tiene un nivel alto de automatización estándar, pero casi nulo de soluciones a medida
Deng, experto sénior del Industrial Internet of Things Hub de McKinsey y de la oficina de la consultora en Shanghái, recorrió plantas industriales uruguayas y llegó a una conclusión incómoda: el país adoptó bien la automatización que viene lista para instalar, pero casi no usa sistemas diseñados a medida de cada producto o proceso.
El diagnóstico tiene un dato que debería hacer ruido entre los industriales locales. Durante su recorrido, el experto no encontró ni una sola máquina o robot fabricado en Uruguay. La mayoría de la tecnología especializada se importa de Francia, Alemania o Finlandia, y lo que más le llamó la atención fue que la mayoría de los clientes compra a proveedores europeos de alto costo cuando existen alternativas más competitivas en el mercado global.
Esa brecha entre "lo que se puede instalar hoy" y "lo que se puede diseñar a medida" es, en la práctica, la frontera donde se juega la competitividad de la industria uruguaya en los próximos años.
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👥 Quiero el Kit →Por qué Uruguay puede ser un mercado de prueba para la automatización en América Latina
Según Deng, Uruguay reúne características que lo convierten en un mercado de prueba interesante para soluciones de automatización e inteligencia artificial. El razonamiento es contraintuitivo: su escala pequeña es una ventaja, no un límite.
Un país chico permite probar una tecnología, desarrollar un caso de uso y medir resultados con costos y tiempos acotados. Una vez que la solución está validada, el siguiente paso es aprovechar las economías de escala y promoverla en mercados más grandes de la región.
A esto se suma un factor de perfil productivo. El informe de McKinsey sobre América Latina señala que Uruguay tiene una proporción significativa de trabajo no físico, lo que le da un potencial relevante para soluciones basadas en inteligencia artificial, no solo para robótica de planta.
Cómo debería empezar una empresa mediana que nunca automatizó
Este es el punto más accionable de la entrevista, y aplica casi igual a una pyme industrial uruguaya que a una startup de manufactura en cualquier país hispanohablante. La recomendación de McKinsey es clara: no intentes desarrollar capacidades internas de diseño de automatización desde cero.
El camino que propone Deng tiene tres etapas:
- Diagnóstico integral con expertos globales. El primer paso es identificar el potencial real convocando especialistas que construyan una hoja de ruta basada en la viabilidad técnica y el retorno de la inversión, no en el entusiasmo por la tecnología.
- Mapeo y selección de proveedores. Buscar socios con experiencia comprobada en cada tipo de solución para armar una red de soporte confiable, en lugar de casarse con un único integrador.
- Capacidades internas de gestión. Formar un equipo técnico propio que supervise y guíe a los proveedores, trabajando codo a codo con los integradores externos. La empresa no necesita saber diseñar el robot; necesita saber evaluarlo y gestionarlo.
El mensaje de fondo: la ventaja no está en construir la tecnología, sino en saber comprarla, integrarla y gobernarla.
Cuánto tarda el retorno de la inversión en automatización
La respuesta depende de la industria, del tipo de solución y de dónde se compre la tecnología. Pero hay un dato concreto que sale de la experiencia de McKinsey con clientes industriales: la firma observó reducciones de hasta dos tercios en los períodos de retorno de inversión cuando las empresas diversifican proveedores e incorporan alternativas más competitivas.
Traducido a la práctica: si una planta recuperaba su inversión en un plazo determinado comprando solo a proveedores europeos de alto costo, abrir la cancha a otros orígenes puede recortar ese plazo drásticamente. Es una de las palancas más rápidas y menos riesgosas que tiene una empresa mediana, porque no exige rediseñar la operación: exige negociar mejor.
Qué pasa con el empleo cuando se automatiza un proceso
El informe de McKinsey "Agentes, robots y nosotros: cómo la IA redefine el trabajo y las habilidades en América Latina" encontró que el 57% de las horas de trabajo actuales en América Latina podrían automatizarse. La cifra suena alarmante, pero Deng aclara que no es una proyección de pérdida de empleos.
La razón es que la mayoría de los puestos combinan tareas automatizables con otras que requieren juicio, contexto, decisiones, relaciones interpersonales y responsabilidad humana. Un sistema de IA puede analizar información y detectar un problema, pero todavía hace falta una persona para interpretar el dato, decidir y asumir la responsabilidad del resultado.
El contexto europeo refuerza esa lectura. Según el informe de McKinsey Global Institute recogido por elDiario.es, el 59% de las horas de trabajo en España son técnicamente automatizables con la tecnología actual, y de ese total un 44% corresponde a tareas cognitivas que podrían asumir agentes de software y un 15% a robots físicos. El mismo trabajo, citado por ABC, sostiene que el 85% de las habilidades humanas actuales seguirán siendo necesarias, porque cerca del 75% de las competencias que piden las empresas se aplican en entornos híbridos donde la IA complementa en lugar de sustituir.
Qué puede aprender Uruguay de la experiencia de China
Deng traza el paralelo con una política concreta. Hace diez años China diseñó la estrategia "Made in China 2025", con fuerte apoyo gubernamental para que los fabricantes adoptaran soluciones digitales y de automatización mediante subsidios. Eso generó una demanda sólida que impulsó el surgimiento de miles de empresas del sector con altos estándares tecnológicos y de calidad a costos competitivos.
El resultado se mide en dos variables que cualquier comprador industrial entiende: los costos de automatización en China son generalmente entre un 50% y un 80% más económicos que los de proveedores europeos, con plazos de entrega entre 2 y 3 veces más rápidos.
A eso se suma el sistema educativo, que genera millones de ingenieros con formación científica y tecnológica. Las tres lecciones que Uruguay podría tomar como referencia, según el experto, son una estrategia nacional clara sobre manufactura avanzada, el apoyo mediante políticas públicas y la formación de ingenieros de alta calidad.
El próximo salto: de robots de una sola tarea a IA física
El cambio más importante que está viviendo el sector, según Deng, es el paso de una automatización enfocada en tareas específicas hacia sistemas más flexibles. Durante décadas los robots industriales se programaron para operar en entornos estructurados y repetibles. La nueva generación avanza hacia máquinas capaces de percibir, aprender y adaptarse a lo que ocurre a su alrededor.
Su proyección es concreta: para 2040, podríamos pasar de soluciones diseñadas para una tarea específica a robots capaces de adaptarse a diferentes tareas e incluso de aprender observando cómo las realizan las personas. El próximo gran avance reside en lo que McKinsey llama IA encarnada o IA física (embodied AI): inteligencia artificial que sale de la pantalla e interactúa con el mundo físico.
Qué significa esto para tu startup
Si diriges una empresa industrial, una startup de manufactura o un negocio con procesos repetitivos, hay tres movimientos que puedes ejecutar esta semana:
- Haz un diagnóstico antes de comprar. Antes de cotizar cualquier solución, define qué proceso duele más y cuánto cuesta hoy en horas y errores. Sin ese número, no hay forma de calcular el retorno ni de comparar proveedores.
- Abre la cancha de proveedores. La evidencia de McKinsey apunta a que diversificar el origen de la tecnología puede recortar hasta dos tercios el plazo de recuperación de la inversión. Cotizar solo a integradores europeos de alto costo es dejar dinero sobre la mesa.
- Invierte en el equipo que gestiona, no en el que diseña. Para una pyme, contratar un perfil técnico que sepa supervisar proveedores y evaluar integraciones rinde más que intentar construir capacidades de diseño desde cero.
El contexto regional empuja en la misma dirección. Según elDiario.es, desde 2023 la demanda de perfiles con "fluidez en IA" se ha multiplicado por 4,4 en España, muy por encima del crecimiento de las habilidades técnicas especializadas. La alfabetización en IA dejó de ser un diferencial de perfiles técnicos y se convirtió en una competencia transversal.
La oportunidad para Uruguay y para la región no está en fabricar el robot. Está en ser el lugar donde una solución se prueba, se valida y se escala al resto de América Latina. Ese rol de mercado de prueba es más barato de conquistar que el de fabricante, y la ventana está abierta ahora.
Fuentes
- El Observador: Tras visita a plantas industriales, experto de McKinsey analiza el potencial de la automatización en Uruguay
- elDiario.es: El 60% de las horas de trabajo en España son automatizables con la tecnología actual, según McKinsey
- ABC: El 59% de las horas de trabajo en España son automatizables con inteligencia artificial
- El Periódico: El 60% de las horas que se trabajan en España podrían hacerlas la IA y los robots, según McKinsey
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