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El fracaso de Manga Corta: cómo un crecimiento acelerado no es sinónimo de éxito (parte 1)
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El fracaso de Manga Corta: cómo un crecimiento acelerado no es sinónimo de éxito (parte 1)

Su estilo personal reflejado en la ropa llevó a Alan Earle, en plena época universitaria, a crear su primera startup de poleras estampadas. El crecimiento fue potente, al punto de opacar a la competencia y duplicar ventas. Pero en 10 años quebró, ¿qué pasó?

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Josefina Martinez

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Siempre ha sido un emprendedor, asegura, desde pequeño ganaba su propio dinero. ¿Cómo? Vendiendo consolas de videojuego, cartas o simplemente limpiando piscinas. Y nada lo detuvo. Ya en plena universidad, Alan Earle comenzó a vender poleras con el objetivo de ganar dinero y viajar en los veranos, sin siquiera conocer el término emprendimiento. “No lo conocía, no se hablaba en Chile”, afirma.

Hasta que un cartel capturó su atención y prometía dar a conocer cómo un profesor estudiante logró tener su propia empresa. Asistió. Era la historia de un docente que antes de salir de la universidad tenía inversión por lo que armó una empresa, fracasó, armó otra, fracasó, armó una tercera y hasta ahora le va más que bien.

El camino del emprendimiento

“Quedé plop, existe otro camino. Existe un camino distinto a estudiar, trabajar, casarse y morirse, de verdad uno puede tener su propia empresa”, recuerda decir. Ahí fue cuando decidió emprender y transformó su idea inicial en un negocio real, y empezó a ver un crecimiento de su empresa gracias a su toque innovador.

El contexto en que nació Manga Corta fue bastante ingenuo. Su fascinación por cortarle el cuello a las poleras –y luego las mandaba a coser con una costurera- creó un estilo que comenzó a generar interés en su entorno. Estaban de moda y sumado a un diseño con motivos rockeros, se decidió a venderlas por internet.

El dinero cumplió su objetivo y viajó cada verano, pero dos años antes de titularse de ingeniero civil en Gestión de la Construcción de la Pontificia Universidad Católica, tuvo un momento de reflexión. “Quiero hacer algo innovador, quiero ser como Mark Zuckerberg. Como vender poleras no es innovador, entonces empecé a cuestionar mi modelo de negocios”.

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Socios al ataque

Alan sabía que su mayor dolor de cabeza era hacer los diseños, entonces pensó en darle espacio a diseñadores para que pudieran subir los suyos. Así, ellos ganaban una comisión y él se encargaba de la producción, distribución y atención al cliente. Lo cierto es que la plataforma era arcaica, necesitaba automatizar. “Y dije, necesito socios”.

En plena cena de fin de año de su práctica profesional, el gerente general ofreció invertir en Manga Corta. Ese fue el comienzo, después postuló a Sercotec, ganó al igual que en Start-Up Chile en 2011. Ya con dinero en el bolsillo, Alan Earle rindió su examen de grado y comenzó a dedicarse a tiempo completo a su negocio.

“El valor agregado era que nosotros teníamos un slogan de 110% de felicidad garantizada, es decir, que cualquier cosa que le pase a tu polera, nosotros respondíamos sí o sí sin preguntar. Nos basamos en el modelo de Zappos de Estados Unidos. En Chile no existía. Manga Corta fue el primero en Chile, antes de que existiera Dafiti, en entregar cambios de talla gratis, envíos gratis. Eso hizo que la empresa creciera un montón porque era todo novedoso”, relata.

El crecimiento de Manga Corta

Lo cierto es que en un principio la startup operaba con fondos propios, a pesar de los aportes mencionados anteriormente. El primer año fue duro. Alan se pagaba el mínimo y habían meses que ni eso ocurría.

Cuenta que se juntaron con los socios y decidieron apuntar a pedidos al por mayor mientras la empresa estaba en pleno crecimiento. Todo fue en base a fondos propios hasta que lanzaron una campaña por Broota en 2015, reuniendo $84 millones en 24 horas. “Debimos haber levantado más, pero estaba todo muy en pañales en esa época, las valorizaciones no eran tan grandes y había que levantar lo que se pudiera”.  

Atacaron con Google Ads, en una época donde el costo por clic nos superaba los US$0,063. “Eso era maravilloso y empezamos a vender, vender y a crecer como locos porque éramos uno de los primeros exponentes que vendía poleras por internet al por mayor atendiendo todo online. Siempre nacidos transformados digitalmente”, asegura el fundador de Manga Corta.

Empresa que se adapta a todos

Así la empresa se transformó no solo en lugar donde personalizar poleras sino todo tipo de artículos en más de 6.600 combinaciones. La magia de este negocio era que el cliente podía elegir, por ejemplo, una polera, estampar lo que sea. En el fondo, es una tienda con productos en distintos formatos sin necesidad de tener dicho stock entregando al usuario la libertad total al momento de elegir.

Esto continuará… en la siguiente parte que ya publicamos!

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