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El fracaso de Manga Corta: cómo un crecimiento acelerado no es sinónimo de éxito (parte 1)
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El fracaso de Manga Corta: cómo un crecimiento acelerado no es sinónimo de éxito (parte 2)

Su estilo personal reflejado en la ropa llevó a Alan Earle, en plena universidad, a crear su primera startup de poleras estampadas. Su crecimiento fue potente, al punto de opacar a la competencia y duplicar ventas. Pero en 10 años quebró, ¿qué pasó?

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Josefina Martinez

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¿Se acuerdan de la historia de Alan? Resumen del resumen. Con solo 21 años decidió formalizar su pasatiempo: estampar poleras. Logró socios, financiamiento e incluso recaudó $84 millones (US$103.320) a través de Broota en 24 horas. Gracias a Google Ads crecieron de forma exponencial sumado a que ofrecían un servicio de excelencia en la personalización de artículos de más de 6.600 combinaciones. ¡Si no la has leído aun, pincha AQUÍ!

Entonces, ¿qué pasó?

¿Dónde está la competencia?

Según Alan, la competencia existía, eran otras tiendas de poleras, pero como su estrategia era atender mejor que todos, funcionaba. “Ya me acuerdo, a los seis meses de vida estábamos primero en Google en orgánico cuando alguien buscaba poleras estampadas. Entonces, el crecimiento fue muy potente”.

“De hecho, la competencia en un momento se río de nosotros. No pudo ser competencia después de ocho años líder en el mercado y nosotros, después de seis meses, ya aparecíamos más arriba en Google que ellos. Entonces eso quiere decir que siempre la gente está cómoda, se deja estar y llega alguien chico con ganas y lo supera”, agrega.

Rentabilidad x 2

Manga Corta empezó a generar utilidades en 2014 alcanzando los $10 millones (US$12.300), pero después el año siguiente eso se detuvo, ya que el foco financiero de la empresa estuvo en reinvertir en equipo humano, en maquinaria, resolver deudas y crecer en la oficina.

Su fundador asegura que “fue un proceso de crecimiento muy, muy, muy rápido. Crecíamos el doble por año. Si bien no es el ideal de una startup, pero para lo que es productivo, producir el doble por año por seis años consecutivos. Ya el sexto año era muchas poleras, era mucha logística, mucha operación”.

Y llegó la oportunidad de comprar una maquinaria pesada, de gran tamaño a un buen precio que podía producir casi infinitas poleras por día. Y este ingeniero civil lo vio como una oportunidad. Tomó un crédito bancario, más un par de amigos inversionistas que sumaron $40 millones (US$49.200) para completar la inversión, y la compra se llevó a cabo.

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Burn out a la vista

El tema fue que ahí empezó un vórtice de gastos que concluyeron que fue una inversión mal calculada, “muy de guata, muy de esta es una oportunidad está barata, me la quiero comprar en vez de una máquina más chica e ir creciendo de a poco más orgánico. Eso también se acumuló con que iba a nacer mi hija y necesitaba más plata. Trabajé mucho y tuve un burn out estratosférico”.

Y cayó en depresión. “Era un momento decisivo si echar a todo el mundo, trabajar el triple y pagar las deudas en 5-10 años o quebrar, yo ya era un bulto deprimido que miraba una hormiga y la envidiaba porque ella no tenía problemas. Las pocas energías que se quedaban las quería pasar con mi hija y no trabajando”.

Un burn out sumado a la mala inversión, donde además Alan se sentía muy solo, sin una mano derecha que le aconsejara correctamente, todo esto, llevó a Manga Corta a su cierre después de 10 años de trabajo y pasión.

¿Qué pasó después de Manga Corta?

Alan cuenta que después de su cierre, trabajó en siete empresas en los últimos cinco años, y en la última no resultó, estaba esperando una empresa que le diera alas para volar. “Pero en general, los jefes quieren algo específico de ti, te quieren enfrascar y yo no soy alguien que me pueda enfrascar fácilmente. Si no estoy de acuerdo con algo, no estoy de acuerdo, y me cuesta ser dócil h hacer cosas que no creo que sean las correctas”.

Entonces, después del último trabajo, decidió volver a emprender. Este Santiaguito explica que lleva años aprendiendo sobre cómo hackear el cuerpo, cómo ser un humano optimizado y así, se comenzó a meter en agua fría. Y ya supera los 50 días consecutivos y asegura que su vida cambió.

“Gente me está pagando por venir a mi casa y meterse al freezer, romper esa barrera mental de que tienen frío. Y fue muy potente. Ahora voy a abrir un centro y dedicarme full time a sanar gente, a que rompa sus barreras mentales y sea un humano optimizado. Así que estoy muy feliz con eso y está recién partiendo”, afirma Alan Earle a sus 36 años.

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Consejo emprendedor: la salud es lo más importante

Y entrega el siguiente consejo: “Un emprender tiene que concentrarse en descansar, en estar bien mentalmente, en comer, hacer deporte, no carretear, controlar el sueño y todo eso, porque a la larga pasa la cuenta y uno explota. Eso de que hay que trabajar hasta morir, que el ser hombre significa trabajar hasta morir para proveer, es algo que debiera estar obsoleto. Hay que preocuparse, estar bien, porque si uno no está bien, a la larga todo implosiona y uno no puede seguir”.

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