Industria de EE.UU. se une contra prohibición de exportaciones de diésel

El pulso interno en Washington: Trump a favor, su gabinete en contra

El 22 de septiembre, en el marco de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, Donald Trump sorprendió al endosar públicamente la propuesta de varios legisladores republicanos de prohibir las exportaciones de diésel para contener los precios del combustible. Dos meses antes de las elecciones intermedias del 3 de noviembre, el tema se convirtió en munición electoral en estados agrícolas y distritos competitivos.

La propuesta, sin embargo, choca con su propio gabinete. El secretario de Energía, Chris Wright, dijo a Reuters que «la herramienta contundente de prohibir exportaciones de diésel definitivamente no funciona» y advirtió que, sin mercados externos donde colocar el excedente, las refinerías estadounidenses tendrían que reducir su procesamiento, lo que empujaría al alza los precios de la gasolina y el combustible de aviación. El New York Post reportó además que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el secretario del Interior, Doug Burgum también expresaron objeciones internas a una prohibición total, según fuentes citadas por Politico.

Wright incluso realizó llamadas a CEOs del sector energético la noche del martes para advertirles que un veto de 90 días era probable, según un asesor energético de Trump citado por Politico. La Casa Blanca negó ese reportaje y lo calificó de «fake news», pero el tono del miércoles dejó claro que el gobierno se inclina por límites voluntarios en lugar de una prohibición formal.

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Por qué el diésel se volvió un tema electoral

El contexto es lo que empujó la propuesta al centro del debate. Según la Agencia de Información Energética de EE.UU. (EIA), el precio promedio nacional del diésel alcanzó US$6,52 por galón la semana del 14 de septiembre, un 74% por encima del mismo periodo de 2025. En California supera los US$8 por galón, mientras que en la Costa del Golfo se ubica cerca de US$6,03. El alza responde a dos shocks simultáneos: la guerra de EE.UU. contra Irán —que redujo drásticamente el flujo de crudo por el Estrecho de Ormuz— y los ataques ucranianos a refinerías rusas, que limitaron la presencia de diésel ruso en el mercado global. Rusia suspendió sus exportaciones de diésel a principios de julio y extendió la medida al menos hasta fin de año.

El diésel es el combustible que mueve camiones de carga, locomotoras, maquinaria agrícola, barcos pesqueros y generadores de respaldo en hospitales. Según The Conversation, un aumento del 20% en el costo del combustible puede traducirse en un 4% más en los costos operativos del transporte por carretera, un margen que el sector del trucking no puede absorber y termina trasladando al consumidor final.

La carta de los 36 grupos: qué argumentan

El miércoles, 36 asociaciones empresariales nacionales y estatales enviaron una carta a la Casa Blanca urging a Trump a rechazar cualquier prohibición o limitación a las exportaciones de diésel y otros productos refinados. Entre los firmantes están la American Fuel & Petrochemical Manufacturers, la Cámara de Comercio de EE.UU. y el American Petroleum Institute (API).

El documento, visto por Bloomberg Línea, sostiene que alrededor del 10% de la capacidad mundial de refinación está fuera de servicio y que las refinerías estadounidenses ya operan a máxima capacidad. Prohíbe exportar, argumentan, forzaría recortes de producción que terminarían encareciendo también la gasolina y el jet fuel, y abriría represalias comerciales de socios como México, Chile, Brasil, Países Bajos y Reino Unido —los principales destinos del diésel estadounidense, según la EIA.

El análisis de S&P Global Energy CERA recogido por el New York Post cuantifica el riesgo: una prohibición total obligaría a las refinerías a recortar el procesamiento de crudo en aproximadamente 1,9 millones de barriles diarios, cerca del 12% del throughput total, y podría sacar hasta 750.000 barriles diarios de la producción estadounidense de gasolina, convirtiendo al país en importador neto durante el cuarto trimestre.

México, Chile y Brasil: los más expuestos en LATAM

México es, por lejos, el país más vulnerable de la región. Según datos de la EIA citados por El País, en junio México importó un promedio de 288.000 barriles diarios de diésel estadounidense, un 10% más interanual, y el combustible estadounidense cubre más del 40% del consumo doméstico mexicano. Alejandro Montufar, CEO de PetroIntelligence, dijo al mismo medio que un corte prolongado «causaría disrupciones de oferta y aumentos de precio, con efectos adicionales sobre el transporte, la actividad productiva y la inflación».

La presidenta Claudia Sheinbaum aseguró esta semana que el país cuenta con producción suficiente de su red de refinerías, incluida Dos Bocas en Tabasco, y reiteró que el gobierno mantiene el subsidio al diésel —actualmente más de 9 pesos por litro, según El País— junto con un acuerdo voluntario con gasolineras que fija un tope de 27 pesos por litro. El experto Ramsés Pech advirtió, no obstante, que más de 200.000 barriles diarios de diésel importado «no se reemplazan de un día para otro» y que México necesita diversificar proveedores hacia Asia o Europa y elevar su capacidad de almacenamiento.

Chile y Brasil también figuran entre los principales destinos del diésel de EE.UU., por lo que un recorte de oferta impactaría sus costos logísticos en minería, agroindustria y transporte de carga.

¿Qué significa esto para tu startup?

Aunque la prohibición aún no es política formal —y el propio gabinete de Trump parece frenarla— el solo debate ya encarece coberturas y encoge márgenes en operaciones intensivas en logística. Para founders que importan, distribuyen o transportan combustibles, insumos o productos sensibles al precio del diésel en LATAM, conviene:

  • Mapear tu exposición al diésel ahora. Calcula qué porcentaje de tu costo logístico depende directamente del combustible y modela un escenario con +20% adicional sobre el precio actual. En México, ese número suele estar entre el 8% y el 18% del OPEX en operaciones de distribución.
  • Diversificar proveedores y rutas antes de noviembre. Si tu cadena depende de un solo proveedor de combustible o de una sola frontera, esta es la ventana para abrir alternativas (Asia, Europa, puertos del Pacífico) o firmar contratos de suministro de mediano plazo que blinden precio.
  • Atender el componente regulatorio y fiscal. En México, el subsidio al IEPS y el acuerdo de tope de precio son piezas políticas que pueden cambiar tras las elecciones intermedias. Un fundador bien informado debe tener un plan B si el subsidio se reduce.

Al final, lo que está en juego no es sólo el precio en el surtidor: es la estabilidad de una cadena de suministro que sostiene desde la cosecha en Sinaloa hasta la última milla en São Paulo. La industria energética de EE.UU. ya movió sus piezas —y los fundadores en LATAM harían bien en mover las suyas.

Fuentes

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