SMR: 127 proyectos nucleares y solo 2 países operando

SMR: la tecnología nuclear que prometía bajar costos y todavía no arranca

Solo Rusia y China tienen reactores modulares pequeños (SMR) en funcionamiento comercial, mientras en el mundo hay 127 proyectos que contemplan construir nuevas unidades, según datos de Statista citados por Xataka. Para un founder que arma un plan de infraestructura a cinco años, ese desfase no es un detalle técnico: es la diferencia entre presupuestar energía barata y presupuestar energía que todavía no existe.

Un SMR es, según la definición de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA), un reactor nuclear de hasta 300 MW por unidad, aproximadamente un tercio de lo que genera un reactor convencional. Al ser más chicos, son más fáciles de transportar y de ensamblar, y sus plantas ocupan menos superficie que una central tradicional. Además, su diseño simplificado se apoya en sistemas pasivos —la propia física del módulo hace parte del trabajo de seguridad—, lo que reduce o elimina el riesgo de fugas radiactivas peligrosas en caso de accidente.

Sobre el papel, resuelven los tres problemas históricos de la nuclear: costo, plazos y percepción pública. En la práctica, llevan años sin pasar de la fase de promesa.

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¿Por qué los SMR no terminan de despegar?

El obstáculo central es una trampa circular que Xataka describe con precisión: los SMR necesitan ser baratos para justificar su construcción en serie, pero necesitan construirse en serie para volverse baratos. NuScale, la compañía estadounidense más avanzada en el diseño de estos reactores, lo plantea igual: sin fabricación en serie no hay rentabilidad posible.

Ahí aparece la carrera de obstáculos. Cada prototipo cuesta miles de millones y las licencias nucleares no se consiguen rápido. El caso canadiense lo ilustra bien. Ontario Power Generation construye en Darlington (Ontario) el primer SMR del G7, un proyecto pensado para desplegar hasta cuatro unidades BWRX-300 y que aún depende de aprobaciones y procesos regulatorios. La lógica es que el gasto inicial del primer reactor sirva además para levantar una instalación que después albergue al resto, de modo que cada unidad nueva cueste menos que la anterior. El funcionamiento se espera antes de 2030.

En Estados Unidos, NuScale consiguió el hito regulatorio más relevante del sector: es el único desarrollador de SMR con una aprobación de diseño estándar de la Comisión Reguladora Nuclear (NRC), recuerda The Motley Fool. Su diseño es de 77 MWe y el 1 de septiembre dio un paso de ingeniería al fabricar junto a MilleniTEK pellets especializados de óxido de boro para su sistema pasivo de refrigeración de emergencia, un componente clave para llevar el diseño a producción masiva.

Aun así, su primer proyecto, el RoPower Doicești en Rumanía, contempla hasta seis módulos y recién proyecta el primero en 2033. Antes, en 2023, NuScale había cancelado su Carbon Free Power Project en Utah por costos descontrolados, según la misma publicación.

A eso se suma la discusión sobre los residuos: el World Nuclear Industry Status Report 2026 señala que algunos SMR pueden producir más residuos radiactivos que los reactores convencionales, aunque el informe aclara que eso no aplica a todos los diseños.

Y está la hipótesis menos amable. Para Ben Kritz, columnista de The Manila Times citado por Beyond Nuclear International, los SMR son una burbuja que estallará pronto y desviará el interés hacia sectores más competitivos y fáciles de levantar, como las renovables. La Comisión de Transiciones Energéticas coincide en el fondo del diagnóstico: los SMR están todavía a años de su funcionamiento generalizado.

¿Por qué las tecnológicas están firmando acuerdos nucleares ahora?

Porque la IA cambió la ecuación de la demanda. Una búsqueda convencional en Google consume alrededor de 0,3 vatios-hora; una consulta a un modelo de lenguaje grande de frontera ronda los 10 vatios-hora, según cifras recogidas por WWWhat's New. Multiplicado por millones de consultas diarias, el salto es estructural.

La nuclear aporta justo lo que las renovables no garantizan: continuidad. Según la misma fuente, una central nuclear opera con un factor de capacidad cercano al 90%, mientras que la solar y la eólica se mueven en el rango del 25-35%. Para un centro de datos, esa diferencia define si el servicio se sostiene o no.

De ahí los contratos. Alphabet firmó con Constellation Energy un acuerdo por 890 megavatios distribuidos en once unidades reactoras en Illinois, Pensilvania y Nueva Jersey, con una inversión comprometida superior a US$4.300 millones —el mayor contrato de energía nuclear corporativo de la historia del sector tecnológico, según WWWhat's New. Microsoft ya había movido primero, con un acuerdo en 2023 para reabrir la planta de Three Mile Island en Pensilvania.

Meta, por su parte, cerró un acuerdo a 20 años con Vistra para acceder a 2,6 gigavatios a través de tres centrales nucleares, y sumó una alianza con Oklo —respaldada por Sam Altman— para un campus de tecnología nuclear avanzada de 1,2 gigavatios en el condado de Pike, Ohio. Además, TerraPower recibirá financiación de Meta para desarrollar hasta 8 plantas del reactor Natrium, que aportarían hasta 2,8 gigavatios de carga base libre de carbono, según reportó Yahoo Finance.

El contexto macro acompaña. Según COPE, este año entrarán en funcionamiento 15 reactores nuevos que aportarán 12 gigavatios adicionales, contra apenas dos reactores activados en 2025; y la inversión mundial en nuclear, hoy en torno a US$65.000 millones, se duplicaría según cálculos de BNP Paribas. El mismo medio señala el riesgo real del sector: la cadena de suministro, con Kazajistán controlando más del 40% de la producción de uranio.

Conviene subrayar un dato que desinfla el relato: actualmente no hay ningún SMR en operación comercial en Estados Unidos, según críticos citados por Reuters y recogidos por Yahoo Finance. La energía nuclear que hoy alimenta a las grandes tecnológicas viene de reactores grandes y existentes, no de módulos nuevos.

¿Qué significa esto para tu startup?

Tres lecturas concretas, sin humo.

  • No pongas los SMR en tu presupuesto de corto plazo. Los plazos verificables —Darlington antes de 2030, el primer módulo de NuScale en Rumanía en 2033— indican que la nuclear modular no será una palanca de costos en los próximos dos o tres años. Si tu plan de infraestructura asume electricidad nuclear barata a la vuelta de la esquina, revisa ese supuesto y prioriza eficiencia energética, renovables y almacenamiento.
  • Mira la cadena de suministro, no el reactor. El cuello de botella del sector es regulatorio y documental: licencias, análisis de seguridad, trazabilidad de componentes. NuScale ya está incorporando herramientas de IA específicas para flujos nucleares junto a Nuclearn y NPX, con la expectativa de reducir hasta 80% el tiempo para encontrar información relevante, según Yahoo Finance. Si construyes software de cumplimiento, gestión documental o auditoría para industrias reguladas, el nuclear es un vertical con presupuesto y sin proveedores consolidados.
  • Trata el hype como señal, no como dato. El debate entre "renacer nuclear" y "burbuja" convive en las mismas fuentes. Para un founder eso significa que levantar capital con narrativa energética sigue siendo posible, pero defenderla ante un inversor serio exige distinguir entre contratos firmados sobre plantas que ya existen (Google, Meta) y proyectos de tecnología nueva que todavía esperan permisos.
  • Ubica tu ventaja geográfica. El despliegue se concentra en mercados con Estado financiando y cadena industrial propia. Si operas en LATAM o España, el camino más realista no es ser proveedor de reactores, sino de servicios digitales, consultoría regulatoria o eficiencia energética para la industria que sí va a electrificarse.

Conclusión

Los SMR siguen siendo una promesa razonable y mal cronometrada. La tecnología resolvió buena parte del problema de diseño; lo que falta es la parte aburrida y cara: permisos, fábricas en serie y años de operación real. Mientras eso ocurre, el dinero inteligente no está apostando a construir reactores, sino a asegurar energía que ya existe y a vender servicios al sector que sí tendrá que construirlos. Para una startup, esa es la diferencia entre esperar la revolución y facturarle a quien intenta hacerla.

Fuentes

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