Quietus abrió sus puertas el mismo día que la ley de muerte asistida entró en vigor en Nueva York
El 5 de agosto de 2026 entró en vigor en Nueva York la Medical Aid in Dying Act, firmada por la gobernadora Kathy Hochul en febrero de este año tras más de una década de intentos legislativos, según reportó Newsday. Ese mismo día comenzó a operar Quietus, una práctica privada que coordina todo el proceso para pacientes terminales que cumplen los requisitos de la nueva norma. The New York Times, citado por el artículo original de Emprendedor, la describe como lo que se cree que es la primera organización en el estado creada expresamente alrededor de esta ley.
Nueva York se convirtió así en el estado número 13, junto con Washington D. C., en legalizar esta práctica en Estados Unidos, de acuerdo con Newsday. Desde que Oregón abrió la puerta en 1997, más de 14.000 personas han utilizado leyes similares en el país, según datos de la organización Aging with Dignity citados por PIX11.
¿Qué ofrece Quietus y cuánto cuesta?
El paquete completo cuesta poco menos de US$12.000, alrededor de 220.000 pesos mexicanos al tipo de cambio de referencia, según el reportaje original. Incluye consulta médica, evaluación psicológica obligatoria, coordinación logística, atención en casa y acompañamiento posterior a la familia. La primera llamada informativa es gratuita y la empresa asegura que también atenderá a quienes no puedan pagar el monto completo.
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👥 Unirme a la comunidadQuietus no tiene clínica propia. Su modelo se apoya en visitas domiciliarias y telesalud para conectar al paciente con una red de profesionales independientes: Daniel Cogan, enfermero especializado en cuidados al final de la vida; David Atkins, trabajador social de hospicio; y la doctora Tara Shapiro, médica de cuidados paliativos con más de 30 años de experiencia. El equipo clínico inicial está integrado por nueve profesionales.
¿Quién puede acceder? Una ley con cinco capas de filtro
La legislación neoyorquina no convierte el proceso en un trámite. Para calificar, el paciente debe ser mayor de 18 años, residente del estado, tener una enfermedad terminal con pronóstico de seis meses o menos de vida y conservar capacidad para decidir por sí mismo. Además, según los requisitos resumidos por WBNG y PIX11, deben cumplirse cinco pasos obligatorios:
- Dos médicos independientes deben confirmar el diagnóstico y el pronóstico.
- Un profesional de salud mental debe certificar la capacidad de decisión.
- El paciente debe firmar una solicitud escrita con dos testigos que no sean familiares ni beneficiarios.
- Debe existir una grabación de audio o video que confirme que la petición es voluntaria.
- Hay una espera mínima de cinco días entre la receta y su dispensación.
La autoadministración del medicamento por parte del paciente es lo que distingue legalmente esta práctica de la eutanasia, en la que un tercero aplica la sustancia.
Un negocio cuya materia prima es la regulación
Visto desde la operación, Quietus no fabrica una tecnología nueva ni descubre un fármaco. Su propuesta de valor es reducir la fricción de un proceso que una familia tendría que reconstruir por su cuenta: localizar profesionales autorizados, organizar evaluaciones, documentar requisitos, coordinar farmacias y acompañar después del fallecimiento. Es el mismo patrón que siguen muchas startups de salud actuales: el producto es la orquestación de un sistema altamente regulado.
Esa capa regulatoria es, a la vez, su barrera de entrada y su riesgo. La norma prohíbe cualquier conflicto económico y exige que el acto final lo ejecute el propio paciente. Cualquier paso en falso puede convertirse en una demanda federal, como ya están ocurriendo: dos demandaschallenges legales presentadas por organizaciones de derechos de discapacidad y por entidades católicas, entre ellas la Diócesis de Rockville Centre, según reportó Newsday. Un juez federal ya rechazó una de ellas y la otra cuenta con una restricción temporal limitada para hospitales católicos.
El debate ético sostiene y amenaza al modelo
La Medical Aid in Dying Act desató de inmediato la polarización que acompañó al proyecto durante diez años. Quienes la apoyan, como Mandi Zucker, directora de End of Life Choices New York, insisten en que se trata de un porcentaje muy pequeño de pacientes terminales que buscan evitar sufrimiento. Sus detractores, entre ellos la New York State Catholic Conference, argumentan que Nueva York debería fortalecer primero los cuidados paliativos y de hospicio antes de sumar una tercera vía. Kristen Curran, directora de relaciones gubernamentales de la conferencia católica, dijo a PIX11 que el estado está "saltándose" ese paso.
El negocio de Quietus solo es viable mientras la ley se mantenga en pie y mientras la objeción de conciencia de médicos y hospitales no se transforme en una restricción operativa más amplia. Bassett Health Care, por ejemplo, ya anunció que no brindará el servicio hasta resolver dudas técnicas, según reportó WBNG.
América Latina mira desde dos veredas opuestas
El contraste regional es marcado. En España, la ley de eutanasia aprobada en 2021 acumula alrededor de 1.300 procedimientos sin controversias graves hasta la fecha, según datos de la Asociación por el Derecho a Morir Dignamente recogidos por Telecinco.
En México, el artículo 166 Bis 21 de la Ley General de Salud prohíbe expresamente la eutanasia y el suicidio asistido. Lo que existe en Ciudad de México es la Voluntad Anticipada, que permite rechazar tratamientos que prolonguen la vida y acceder a cuidados paliativos, pero el marco sigue restringido. El 28 de agosto de 2026, alrededor de 300 activistas y pacientes marcharon desde el Palacio de Bellas Artes hasta el Congreso capitalino para exigir el derecho a una muerte asistida, según reportó MVS Noticias. La marcha, encabezada por la activista Samara Martínez, entregó un paquete de iniciativas y anunció que el 9 de septiembre se realizaría un foro en la Cámara de Diputados para dictaminar la propuesta, que cuenta con unas 200.000 firmas de respaldo en la capital.
¿Qué significa esto para tu startup?
1. Una regulación nueva es una ventana de negocio limitada en el tiempo. Quietus salió el día uno porque su equipo llevaba meses preparándose para ese texto legal. Para founders en healthtech, legaltech o fintech regulada, mapear legislaciones en trámite y construir antes del go-live es una ventaja competitiva difícil de igualar después.
2. El producto puede ser coordinación, no tecnología. No hay un software propietario ni un dispositivo médico detrás de Quietus. Hay un flujo de trabajo complejo, cinco capas de validación regulatoria y una familia que necesita a alguien que se haga cargo. Founders en mercados fragmentados suelen subestimar cuánto vale ese rol de "orquestador" si la regulación exige precisión.
3. La demanda ética es parte del riesgo operativo. Cualquier founder que construya sobre un sector controversial debe presupuestar desde el inicio litigios, campañas de descrédito y restricciones regulatorias adicionales. Quietus nació con dos demandas activas sobre su cabeza. Si tu modelo depende de una ley específica, el plan B jurídico no es opcional.
Fuentes
- Quietus: la startup que cobra cerca de US$12.000 por ayudar a morir
- New York's controversial medical aid in dying law takes effect amid legal fight
- Medical Aid in Dying Act takes effect Wednesday in NYS
- Medical Aid in Dying goes into effect in New York
- Marchan cientos para pedir "Muerte Digna" en CDMX
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