Trump firma pacto «moralmente vinculante» con Big Tech para auto-regular la IA

El "acuerdo del siglo" que no obliga a nadie

El 29 de septiembre de 2026, en una improvisada rueda de prensa de 33 minutos en el acceso a la West Wing de la Casa Blanca, Donald Trump presentó junto a Mark Zuckerberg (Meta), Sundar Pichai (Google), Jensen Huang (Nvidia), Dario Amodei (Anthropic), Greg Brockman (OpenAI) y Elon Musk (xAI) un documento de una sola página titulado "White House Accord on Super Intelligence: Joint Commitment on Frontier Responsibilities". Trump lo describió como "casi una constitución" y "morally binding", no legalmente vinculante, según la cobertura de AP replicada por AOL y SFGate.

El acuerdo, del que TechCrunch reportó una errata notable ("Unites States" en lugar de "United States" justo bajo la firma presidencial), se apoya en cuatro capas voluntarias de control: controles internos sobre riesgos de ciberseguridad, bioseguridad y amenazas químicas; equipos internos que verifiquen su funcionamiento; auditores externos independientes; y un comité en cada junta directiva que reciba los reportes. El texto deja una puerta abierta: "Over time, it may make sense to codify these steps into laws or regulations", reportó AP.

La peculiaridad es que Trump firmó a la misma hora una orden ejecutiva que ordena a todas las agencias federales sustituir el término "artificial intelligence" por "super intelligence" o "SI" en sus comunicaciones oficiales. Lo hizo después de haber calificado el miedo a la IA como un "hoax" de los demócratas y, ahora, de renegar de esa frase porque la IA ya no se llama IA.

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Lo que dijeron los seis firmantes en la acera de la Casa Blanca

Mark Zuckerberg abrió el tono: describió el acuerdo como un "start" y un "historic conversation" sin precedentes, y recordó que las empresas firmantes representan a las mayores potencias del sector. Jensen Huang, a quien Trump presentó como "a very handsome guy", aseguró que la IA es "la mayor revolución industrial de la historia" y que ha creado cerca de un millón de empleos en Estados Unidos. Greg Brockman habló de un "renacimiento de las small businesses", descubrimientos científicos y desarrollo de fármacos. Sundar Pichai, presentado por Trump como "un monstruo del que nadie sabe nada", dijo que la industria "step up" para "poner productos seguros". Elon Musk cambió el nombre a "SI" a mitad de frase y pintó un futuro de "universal high income" y mejor sanidad para todos que para él mismo. Dario Amodei, el más escéptico de los seis, repitió que "the technology has very real risks" y que "el mecanismo para abordarlos sigue bajo discusión".

Ninguno de los seis cerró la puerta a una futura regulación legal, pero todos subrayaron que el camino es la autorregulación.

Las voces críticas: "¿qué otra industria de un billón de dólares se corrige a sí misma?"

El anuncio recibió respaldos y duros cuestionamientos en las mismas horas. David Sacks, ex zar de IA de Trump, lo celebró en X como "far better" que un acuerdo internacional que "probablemente nunca pasaría". Pero la reacción mayoritaria de los expertos consultados por Al Jazeera fue escéptica:

  • Toby Walsh, jefe del UNSW AI Institute en Sídney: "¿Qué otra industria de un billón de dólares marca su propia tarea? Es demasiado tentador recortar esquinas."
  • David Krueger, experto en IA de la Universidad de Montreal: el acuerdo es "vago" y parte de la estrategia de Trump de "regular sin regular" con amenaza implícita para quien no cumpla; dijo que podría reducir el riesgo "como mucho un 1 %".
  • Alvin Wang Graylin, del Asia Society Policy Institute: el problema no es una superinteligencia china, sino "un modelo más pequeño en manos no estatales usado para daño biológico, químico o cibernético"; criticó que las empresas redacten las reglas, contraten al auditor y definan la voluntariedad.
  • Alex Pascal, director ejecutivo del Berkman Klein Center for Internet and Society, citado por AP: "La única forma de reducir los riesgos de la IA para los estadounidenses es la responsabilidad legal robusta y cambiar la dinámica de carrera que empuja a decisiones inseguras."

Trump también rechazó de plano las peticiones de Bill Gates, que el domingo anterior advirtió que la IA mal gestionada podría causar "mil millones de muertes", y el dato de una encuesta según la cual el 71 % de los estadounidenses considera que el gobierno hace muy poco para regular la IA.

El antecedente que nadie mencionó en el anuncio

Días antes, el 17 de agosto de 2026, Mark Zuckerberg mantuvo una llamada privada con Trump para expresar su oposición a una propuesta de regulador nacional de IA estilo FINRA, impulsada por el científico Nobel de Google Demis Hassabis y respaldada por parte del equipo de la Casa Blanca, según reportó Yahoo News/Politico. Zuckerberg no pidió a Trump cambiar de postura, pero sugirió que cualquier regulador debería reflejar el "enfoque light-touch" de la Administración.

Trump acabó eligiendo el camino contrario: ningún regulador independiente, solo este pacto voluntario. La propuesta estilo FINRA sigue "under consideration" según la Casa Blanca. En paralelo, OpenAI canceló el lunes el lanzamiento de un nuevo modelo citando riesgos detectados en pruebas internas, según Al Jazeera; Sam Altman explicó después en televisión que la empresa "pacea" su progreso y a veces "no entrena un modelo" para poder hacer afirmaciones de seguridad.

¿Qué significa esto para tu startup?

Para una startup hispanohablante que construye sobre modelos de frontera o vende a clientes enterprise, este pacto cambia poco a corto plazo, pero señala tres cosas que sí puedes actuar:

  • El "compliance bar" se está escribiendo ahora mismo por las propias Big Tech. Los seis firmantes se comprometen a controles internos, auditores externos y revisión de junta. Si vendes a clientes enterprise en EE. UU. o Europa, tu procurement checklist va a empezar a pedirte los mismos documentos: model cards, evaluaciones de riesgo, política de biosecurity. Adelantarte te diferencia. Documenta ya qué modelo usas, qué datos entrenó, qué filtros tienes y quién responde si falla.
  • La regulación "dura" sigue en Europa, no en EE. UU. El AI Act europeo y los códigos de práctica ya están vigentes; el acuerdo de la Casa Blanca abre la puerta a que "con el tiempo tenga sentido codificar". Diseña tu producto para el escenario más exigente (Europa) y te funcionará en casi todos los demás. Lo que sea "morally binding" en EE. UU. puede ser legalmente exigible si cruza frontera.
  • El riesgo sistémico lo paga quien no firma. Los seis concentran músculo técnico para implementar las cuatro capas; las demás (incluida casi toda la camada de startups) tendrán que demostrar controles equivalentes si quieren contratos serios. Construye o compra un red team mínimo: pruebas adversariales, jailbreak testing y un canal claro de reporte de incidentes. No es glamour, pero cada vez es más table stakes.

Fuentes

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