El 88% de los despachos ya usa IA, pero solo un tercio factura más
El 88% de los abogados independientes y pequeños despachos en España ya utiliza inteligencia artificial. Sin embargo, solo el 31% afirma haber aumentado de forma significativa sus ingresos gracias a ella, frente al 48% de los despachos medianos y el 57% de los grandes, según el informe Perspectivas jurídicas en España de Clio, difundido por Territorio Fintech.
Para un founder, la lectura es incómoda: comprar la herramienta es la parte fácil. Traducir esa eficiencia en negocio es lo difícil, y casi siempre pasa por rediseñar procesos, no por sumar licencias.
Esa misma tensión aparece, desde el otro lado de la mesa, en la conversación con Andrea Viale, responsable jurídica global y secretaria del Consejo de Administración de idealista, publicada por LiderLegal. Su tesis: en plena era de la inteligencia artificial, el factor humano pesa más.
¿Y esto cómo se aplica en tu negocio?
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👥 Probar 7 días¿Quién es Andrea Viale y por qué importa su experiencia?
Viale llegó a idealista en 2017, después de siete años en grandes despachos. Se encontró con una función legal prácticamente por construir: equipo, herramientas y reglas de colaboración con el resto de la compañía.
No es un detalle menor para quien dirige una startup. "El rol del general counsel se construye y se gana", resume. Lo que le permitió obtener recursos para crecer hasta un equipo multidisciplinar y multijurisdiccional fue hacer visible lo que la función legal aportaba al negocio.
El contexto ayuda a dimensionar la escala: idealista cerró 2025 con 346 millones de euros de ingresos consolidados y una plantilla de 1.345 profesionales, con presencia en España, Italia y Portugal, según las cuentas recogidas por Expansión y publicadas por El Confidencial Digital. Dirigir la función legal de esa estructura implica coordinar personas, jurisdicciones y prioridades de negocio a la vez.
¿Qué tres frentes está acelerando la IA en la función legal?
Viale ordena el reto en tres frentes, y en los tres la IA actúa como acelerador:
- Riesgo. La presión regulatoria crece en el plano local y en el supranacional, y a eso se suman la ciberseguridad y riesgos propios de la IA, muchas veces sin precedentes. El papel de la función legal es asesorar a comités y consejos y ayudar al negocio a avanzar con seguridad.
- Personas. El reto es atraer y retener perfiles que combinen criterio jurídico con visión de procesos, datos y producto, y formar a los equipos para adoptar la IA de extremo a extremo.
- Presupuesto. La planificación se desplaza del gasto en personas y asesores externos hacia la inversión en tecnología.
Sobre el tercer punto, Viale es explícita: no se trata de una sustitución. Los despachos externos siguen teniendo su lugar en lo especializado y en las zonas grises. Lo que cambia es el reequilibrio, y ese reequilibrio exige demostrar el retorno con datos.
¿Hacia dónde se mueve el gasto legal? La señal del mercado
El mercado acompaña ese diagnóstico. Harvey, una de las plataformas de IA jurídica con más visibilidad internacional, presentó Intake, una herramienta que centraliza las consultas legales de las distintas áreas de negocio, las clasifica y determina si las resuelve un agente de IA, una herramienta especializada o un abogado, según Lawyerpress.
Tres datos de esa información describen bien el momento del sector: la herramienta se desarrolló con Carvana, GE Aerospace y Dentsu; Harvey afirma trabajar ya con más de 1.600 equipos jurídicos internos, incluidos los de cinco empresas del Fortune 10; y la compañía declara más de 3.500 clientes en 85 países.
El detalle operativo es el que importa para una startup: la plataforma permite fijar de antemano qué tipo de solicitudes puede resolver la IA y cuáles exigen la intervención de un abogado, y mantiene un registro de auditoría que da trazabilidad a cada asunto. Es, en la práctica, la versión tecnológica de la supervisión humana con criterio que describe Viale.
¿Por qué el factor humano pesa más y no menos?
La respuesta de Viale tiene tres piezas: criterio, escucha y confianza. La IA aceleró los procesos en idealista, pero también abrió riesgos nuevos. Eso cambia lo que se espera de un líder: dar ejemplo de uso responsable, acompañar al equipo en su formación y dejar espacio para experimentar.
Hay una consecuencia concreta: el valor del abogado interno se mide cada vez más por su criterio y por la responsabilidad que asume sobre el resultado, no por el volumen de tareas que despacha.
Los datos de Clio refuerzan esa jerarquía. El 63% de los españoles ve favorable que los abogados usen IA para redactar documentos y el 60% para resumir información, pero solo el 29% acepta que una inteligencia artificial tome decisiones sobre su caso. Y el 42% de los abogados ya recibió preguntas de clientes sobre el uso de IA y la transparencia en su aplicación.
¿Qué significa esto para tu startup?
La lección no es adoptar IA en el área legal sin más. Es más fina: la tecnología cambia dónde vive el valor, y ese movimiento tiene implicancias directas para un equipo pequeño.
- Segmenta antes de comprar. Separa lo repetitivo (acuerdos de confidencialidad, contratos estándar, consultas recurrentes de protección de datos) de lo que exige interpretación. Automatiza lo primero y reserva el despacho externo para lo especializado y las zonas grises, tal como describe Viale. Sin esa segmentación, la herramienta acelera el desorden.
- Define la política de uso de IA antes de que te la pidan. Con el 42% de los abogados recibiendo ya preguntas de clientes sobre transparencia, ese escenario llegará a tu mesa. Deja por escrito qué se puede resolver con IA, qué exige revisión humana y cómo se registra cada decisión.
- No uses IA genérica para investigación jurídica. Según MuyPymes, plataformas especializadas en el mercado español, como Maite.ai, construyen su base de conocimiento sobre fuentes oficiales como el BOE y las resoluciones del CENDOJ, y declaran acceso a más de 2,5 millones de resoluciones judiciales. Un borrador verosímil pero mal citado es un pasivo, no un ahorro.
- Contrata o forma perfiles híbridos. El perfil que Viale busca combina criterio jurídico con procesos, datos y producto. En una startup de 20 personas eso no siempre se contrata: se cultiva. Si alguien de operaciones o producto ya entiende el negocio, formarlo en lo legal puede rendir más que sumar un perfil puramente técnico.
- Mide para justificar el presupuesto. Si tu función legal o tu asesor externo no muestra datos (tiempo de respuesta, contratos cerrados, gasto externo evitado), el recorte llegará antes que el reconocimiento. Viale lo plantea sin rodeos: hay que demostrar el retorno y alinearlo con las prioridades del negocio.
Conclusión
La paradoja del momento es esta: la IA hace que la función legal sea más rápida y, justamente por eso, su valor se corre hacia el juicio, la supervisión y la confianza. Andrea Viale lo resume con una idea que aplica igual a un despacho grande y a una startup de diez personas: el criterio se mide por la responsabilidad que asumes sobre el resultado.
Para un founder, la decisión práctica es dónde poner el esfuerzo. Automatizar lo repetitivo es rápido y relativamente barato. Construir la capa de criterio (políticas, trazabilidad, perfiles híbridos) toma tiempo, y es la que sostiene la escala cuando la compañía cruza fronteras.
Fuentes
- LiderLegal: Andrea Viale, de idealista (fuente original)
- Lawyerpress: Harvey lanza Intake
- Territorio Fintech: el 88% de los pequeños bufetes en España ya utiliza inteligencia artificial
- El Confidencial Digital: idealista eleva sus ingresos a 346 millones
- MuyPymes: cómo la IA está transformando el trabajo de los abogados en España
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