Harvard ya tiene siete profesores clonados con inteligencia artificial
Siete docentes de Harvard Business School cuentan con una réplica digital capaz de conversar con estudiantes y emprendedores a cualquier hora del día. La tecnología, desarrollada por la empresa estadounidense HeyGen, es el corazón de HBS Foundry, un programa que combina avatares de inteligencia artificial con formación de posgrado y que, según The New York Times, ya se puso a prueba en más de 100 universidades de Estados Unidos y del exterior.
El programa opera desde abril de 2026 y ofrece un curso virtual de ocho semanas dirigido a fundadores de empresas, estudiantes de posgrado y doctorandos. Por USD 699, los participantes ensayan presentaciones para inversores, llamadas de ventas y reuniones de directorio frente a videos generados con la plataforma, que reproducen los criterios, materiales y respuestas de cada docente.
Cómo funciona HBS Foundry y por qué apostaron por avatares
El diseño original no era un avatar, sino un chatbot. Según TechCrunch, la directora del proyecto, Katharina Rings, imaginó al principio una herramienta conversacional simple, pero tras una versión de prueba los estudiantes pidieron una experiencia más guiada. La universidad lanzó la versión definitiva en abril.
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👥 Probar 7 díasEl formato combina sesiones en vivo semanales con instructores reales y avatares que dan retroalimentación durante los ensayos. Según Entrepreneur, que cita el reporte del New York Times, al menos 760 fundadores ya tomaron el curso, y el objetivo declarado es extender la educación emprendedora más allá de los 900 estudiantes de MBA que Harvard admite cada año.
La lógica de escala es explícita. Harold Solomon, del Georgia Institute of Technology, lo resumió así al Times: puede sostener veinte o treinta reuniones por semana, pero no más, y no hay forma de atender a toda la clase —y mucho menos a todo el campus— en persona de manera constante. El programa de Harvard se sumó a un curso de emprendimiento de doce semanas de esa institución.
Rings sostiene que el componente humano detrás de cada avatar es lo que hace que los estudiantes se animen a usarlo. «La inteligencia artificial puede parecer anónima, casi como una caja negra», señaló al New York Times, y saber que existe un profesor real detrás estimula la participación. Foteini Giannopoulou, diseñadora instruccional de la iniciativa, apuntó en la misma línea: «Podemos ir más allá del acceso a la información y avanzar hacia un acceso más amplio a la práctica».
El antecedente: Davatar y el clon disponible 24 horas
La experiencia del Imperial College de Londres precedió a la de Harvard. El profesor David Shrier puso en marcha en enero de 2024 a Davatar, su propio clon digital, para asistir a los alumnos de la materia AI Ventures. La réplica responde consultas en cualquier horario y fue entrenada con más de medio millón de palabras extraídas de sus escritos y materiales.
El origen del proyecto tiene una arista legal. Shrier contó que una institución donde había trabajado antes siguió usando sus videos para promocionar un curso después de su salida, lo que lo llevó a iniciar acciones legales para retirar ese contenido. Esa situación influyó en su decisión de construir una versión controlada de su propia imagen. «Ahora mi nombre, mi imagen y mi apariencia me pertenecen», declaró.
El docente indicó que la matrícula de su asignatura pasó de 78 a cerca de 200 estudiantes, aunque ese aumento no demuestra por sí solo una mejora en la formación. Shrier trabaja además con Star Echo, una empresa fundada por un exalumno, para fijar límites sobre lo que su clon puede generar.
Los riesgos: errores, propiedad intelectual y falta de evaluación externa
Uno de los temores centrales es que la IA atribuya a los docentes respuestas erróneas, desactualizadas o ajenas a su pensamiento real. Harvard permite a los profesores revisar y modificar el comportamiento de sus réplicas, pero esa supervisión depende de cada participante. Jeffrey Bussgang, profesor de la escuela y cofundador del fondo Flybridge Capital, relató que al principio revisaba las conversaciones de su avatar y luego dejó de hacerlo porque confiaba en el equipo y en el algoritmo. Shikhar Ghosh, en cambio, actualiza su clon cada vez que modifica sus posturas y recibe alertas si alguien intenta llevarlo fuera de su área de conocimiento: una vez un usuario le pidió redactar un acuerdo prenupcial.
Los errores de los tutores con IA no son hipotéticos. Según EL PAÍS, en febrero de 2024 el Wall Street Journal probó Khanmigo, el tutor de Khan Academy, y el sistema falló en una resta básica y aceptó una respuesta incorrecta a un problema del teorema de Pitágoras con un entusiasta «¡Excelente!».
Enrique Dans, profesor de innovación de IE University, advirtió que el programa podría reducir costos o acercar apoyo a estudiantes que hoy no lo reciben, pero remarcó que la falta de una evaluación externa limita las conclusiones. «Sin una evaluación independiente, solo tenemos una herramienta de marketing con apariencia de docente», planteó. Su preocupación de fondo es la autoridad implícita: la cara y la voz de un profesor hacen que el estudiante no perciba una alucinación algorítmica, sino la afirmación de un académico.
La discusión también es laboral. Un informe de 2025 de la Asociación Estadounidense de Profesores Universitarios (AAUP), basado en una encuesta a 500 docentes, registró que el 71% consideraba que la incorporación de inteligencia artificial estaba dirigida principalmente por administradores, con escasa participación del profesorado.
Qué exige la regulación sobre réplicas digitales
El Reglamento de Inteligencia Artificial de la Unión Europea exige desde el 2 de agosto de 2026 que los usuarios sean informados cuando interactúan con sistemas de IA y que los contenidos que imitan a personas reales queden identificados como tales. En Estados Unidos no existe una norma federal específica sobre réplicas digitales, aunque California y Tennessee ya aprobaron regulaciones propias. La No Fakes Act, que sentaría las bases de una regla nacional, pasó el comité judicial del Senado en junio y sigue en consideración, según EL PAÍS. En España, el Consejo de Ministros aprobó el 7 de julio un anteproyecto de ley orgánica que considera ilegítimo el uso no autorizado de la voz o la imagen de una persona con fines publicitarios o comerciales mediante IA.
Qué significa esto para tu startup
El mensaje para un founder hispanohablante no es «contrata un avatar», sino que el entrenamiento práctico dejó de ser un recurso escaso. Durante años, la retroalimentación de calidad dependió de conseguir treinta minutos con un inversor o un mentor. Un clon entrenado con los criterios de esa persona puede darte repeticiones ilimitadas antes de la conversación que sí importa.
Al mismo tiempo, el caso deja tres lecciones que aplican a cualquier empresa que use IA para representar a alguien:
- Consentimiento explícito y por escrito. El propio Shrier llegó a los tribunales porque una institución siguió usando su imagen después de que se fuera. Si vas a clonar la voz o el rostro de un fundador, un empleado o un experto, el acuerdo debe definir alcance, plazo, revocación y qué pasa con el contenido cuando la relación termina.
- Límites técnicos, no solo buenas intenciones. Ghosh recibe alertas cuando alguien intenta llevar su avatar fuera de su dominio. Define por adelantado los temas que tu clon no debe tocar y monitorea las conversaciones, sobre todo si el avatar habla en nombre de tu marca.
- Etiqueta siempre. La norma europea ya obliga a identificar el contenido que imita a personas reales, y varias legislaciones estatales van en la misma dirección. Un aviso visible no te resta credibilidad: te protege.
HeyGen, la empresa detrás de los avatares de Harvard, reportó en octubre de 2026 que superó los US$200 millones de ARR y que duplicó sus ingresos en ocho meses, con más de 40 millones de usuarios en 196 países y presencia en el 85% de las empresas del Fortune 100. La compañía también lanzó un clon de voz profesional de US$99 al mes entrenado con consentimiento explícito del dueño de la voz. Es decir: la tecnología que hoy usa una universidad de élite ya está disponible para cualquier equipo con presupuesto de suscripción.
La pregunta que queda abierta no es tecnológica sino de evidencia. Harvard todavía no tiene resultados longitudinales que comparen a quienes entrenaron con avatares frente a quienes no lo hicieron. Si tu startup va a invertir en este tipo de herramientas, mide antes y después: define una métrica concreta —número de ensayos completados, calidad del pitch según evaluadores externos, tasa de cierre— y compárala con un grupo de control. Sin esa medición, estarás comprando la sensación de progreso, no el progreso.
Fuentes
- Infobae: Harvard hace clones digitales de sus profesores con inteligencia artificial
- EL PAÍS: The time of avatars in the classroom has arrived: Harvard clones its faculty
- TechCrunch: Harvard's $699 startup bootcamp offers AI avatars of its instructors
- Entrepreneur: Harvard Is Offering a New $699 Bootcamp for Entrepreneurs
- HeyGen: HeyGen Launches HeyGen Voice
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