La cultura de la hiperdisponibilidad: cuando los agentes no duermen (y tú tampoco)
Trabajar 72 horas semanales, acostarse a las 6 de la mañana tras aprobar peticiones de un agente, o recibir alertas en el Apple Watch mientras sales a correr. Los fundadores de startups que han adoptado agentes de IA en 2026 están rompiendo sus ciclos de sueño hasta límites que los propios protagonistas describen como adictivos, según recoge Xataka en un artículo que cita una investigación del Wall Street Journal.
El detonante, según Xataka, fue el éxito viral de OpenClaw a principios de 2026. Pocos meses después, las empresas empezaron a llenar sus operaciones de agentes: tantos, que ya ha llegado a ser un problema. Los agentes no duermen y pueden encadenar tareas durante días, semanas o meses. Su mayor virtud se ha vuelto también su efecto secundario más nocivo.
Tres fundadores que no desconectan
El artículo de Xataka recoge el testimonio de tres emprendedores cuya vida gira alrededor del pitido de sus agentes.
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👥 Aplicarla en la comunidadAditya Sharma, cofundador de la startup Keel, cuenta días en los que se acuesta a las 6 de la mañana porque está pendiente de las peticiones de los agentes. Peter Pezaris, fundador de Proxon, resume su estado con una frase que Xataka reproduce textual: «Es como una droga. Nunca he consumido drogas, pero me imagino que se siente igual». Pezaris calcula que su empresa funciona 30 veces más rápido gracias a los agentes, y por eso trabaja de 7:30 de la mañana a 2 de la madrugada.
El tercero, Ajay Kalia, fundador de Alt, alarga su jornada hasta las 15 horas diarias y, cuando no está en la oficina, recibe las peticiones de sus agentes directamente en su Apple Watch. «No sé si es sano para mí salir a correr mirando el reloj para darle permiso a mi agente para hacer algo», confiesa a Xataka.
Por qué los agentes bloquean a los fundadores
El patrón detrás de las tres historias es el mismo: los agentes no son 100% autónomos. Pueden ejecutar flujos complejos, pero ciertos pasos requieren validación humana. Si nadie responde, el agente se queda bloqueado.
Sharma lo resume así, según Xataka: «El coste de que los agentes estén bloqueados durante ocho horas es excesivamente alto». Para evitarlo, los fundadores se vuelven esclavos del «ok» que el sistema espera: cualquier pausa de varias horas se traduce en cuellos de botella operativos.
Esta dinámica no es exclusiva de las startups citadas. CNBCdocumentó en julio de 2026 el mismo fenómeno en el sector financiero: firmas como Public están construyendo agentes que automatizan flujos de inversión, pero mantienen la regla de «el humano tiene la última palabra» y obligan a revisar y aprobar el flujo del agente antes de que ejecute operaciones. Un ejecutivo de la firma resumió la filosofía ante CNBC: «El agente de IA no tendrá mente propia. Solo ejecutará».
La tensión es estructural: cuanto más capaz es el agente, más caro se vuelve dejarlo parado. Y cuanto más caro es dejarlo parado, más rápido vuelve el fundador al teclado.
FOMO y la nueva Silicon Valley de 72 horas
Xataka describe el fenómeno como una cultura de la hiperdisponibilidad, alimentada por dos capas de ansiedad. La primera es operativa: el agente bloqueado esperando tu visto bueno. La segunda es competitiva: el miedo a que un competidor que sí está despierto te adelante mientras descansas.
Pezaris lo explica en términos crudos: «Cada minuto que no trabajo, pierdo el equivalente a una semana de trabajo». El cálculo importa: si tu rival opera con agentes desatendidos y tú no, la asimetría de velocidad se vuelve insalvable en cuestión de días.
Antes de la IA, Silicon Valley compensaba las jornadas largas con comodidades dentro de la oficina: gimnasios, masajistas, comida gratis. Ese chollo se acabó, señala Xataka. El boom de los agentes ha instaurado una cultura de ultraproductividad donde trabajar 72 horas semanales es la norma. Ajay Kalia lo ve en su propia red de contactos: «Todos reconocen en voz baja que, por un lado, es insostenible, pero, por otro, ¿por qué parar?».
¿Qué significa esto para tu startup?
La historia tiene dos lecturas, y conviene tener las dos en la cabeza antes de tomar decisiones operativas.
1. Audita qué agentes necesitan validación humana y cuáles no. El problema no es el agente, es el diseño del flujo. Si un paso bloqueante puede automatizarse o eliminarse, el equipo recupera horas de sueño. La investigación recogida por Xataka apunta a que el coste de un agente bloqueado 8 horas supera al coste de rediseñar el workflow. Haz el ejercicio: ¿qué porcentaje de tus «ok» humanos podrían convertirse en reglas pre-aprobadas?
2. Define un protocolo de guardia explícito. Si tu startup va a operar con agentes 24/7, decide quién cubre qué franja y cuándo se responde. Una rotación de tres personas aguanta mejor el ritmo que un fundador siempre conectado. No hacerlo, según los casos de Pezaris, Sharma y Kalia, acaba en jornadas de 15 a 20 horas diarias y dependencia del reloj.
3. Mide el ROI real, no la velocidad nominal. Pezaris presume de que su empresa corre 30 veces más rápido. Pero la pregunta honesta es: ¿esa velocidad extra se traduce en margen, retención o crecimiento defendible, o solo en ansiedad competitiva? Un agente que no duerme no es una ventaja estratégica si la persona que lo vigila termina quemándose en seis meses.
4. Pule tu cultura antes de pulir tus agentes. El FOMO descrito por Xataka es un problema cultural, no técnico. Si tu equipo asume que «parar = perder», ningún workflow te salvará. Define públicamente qué horas son de respuesta humana y qué horas no, y respétalo. La velocidad de tu competidor importa menos si tú sigues en el juego dentro de dos años.
Fuentes
- Xataka: «Es como una droga»: los agentes de IA nunca duermen, así que los fundadores de las startups tampoco
- CNBC: The future of Wall Street is here as startups and brokers build AI agents to trade 24/7
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