Batería atrapa CO2: el avance electroquímico de Delaware

Cómo funciona la captura electroquímica con hidróxido de níquel

Un equipo de la Universidad de Delaware, encabezado por James Buchen, demostró que es posible atrapar dióxido de carbono (CO2) del aire usando un dispositivo que, en esencia, es una batería. La técnica no necesita calentar filtros ni hacer circular líquidos a alta temperatura: el CO2 se "empuja" a través de la celda mediante una reacción electroquímica.

El diseño usa dos electrodos de hidróxido de níquel, el mismo material que llevan las pilas recargables AA y AAA de níquel-metal hidruro que todavía se venden en cualquier tienda. Al aplicar voltaje en una dirección, el cátodo produce iones hidroxilo que reaccionan con el CO2 y lo convierten en carbonato o bicarbonato. Ese carbonato cruza la membrana hasta el ánodo, donde el pH más bajo revierte la reacción y libera el CO2 en forma gaseosa para su recolección. Invertir el voltaje invierte la química y deja al dispositivo listo para empezar de nuevo.

Buchen describe el funcionamiento como un "subibaja químico": la celda nunca se "carga" como una batería normal; alterna su polaridad para mover el CO2 de un lado al otro.

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Por qué podría requerir menos energía que los sistemas actuales

La captura de carbono convencional —tanto en chimeneas industriales como en aire ambiente— depende de filtros reversibles o solventes líquidos. En el caso más usado, una solución química absorbe el CO2 y luego hay que calentarla para liberarlo. Ese paso térmico es el que dispara el consumo energético y, con él, el costo por tonelada.

El dispositivo de Buchen prescinde del calentamiento y usa electricidad para mover iones. Ars Technica explica que el equipo sostiene que su diseño es "más viable que intentos previos" del mismo tipo, con un potencial real de gastar menos energía que los filtros reversibles. La nota no publica todavía la cifra exacta de kWh por tonelada, porque la investigación está en fase de prueba de concepto, pero la promesa está clara: donde hoy se necesita calor, este enfoque usa voltaje.

Esto encaja con una categoría emergente del sector conocida como electro-swing o moisture-swing, donde el coste de la energía térmica se reduce a casi cero y la carga eléctrica, aunque alta, se paga en kilovatios-hora y no en gas natural.

El precio de capturar CO2 en 2026: dónde encaja este avance

Para entender por qué un dispositivo así importa, vale ver los números que maneja hoy el mercado. Según el análisis publicado por Energy Solutions en julio de 2026, capturar una tonelada de CO2 con tecnología de solvente líquido cuesta entre US$500 y US$700, con sorbente sólido entre US$400 y US$600, y con mineralización entre US$350 y US$550. La categoría electroquímica aparece listada con un costo proyectado de US$300 a US$450 por tonelada, todavía sin validar a escala comercial.

En la práctica, las plantas más grandes del mundo siguen siendo costosas. La planta STRATOS de 1PointFive (filial de Occidental) en el Permian Basin de Texas está diseñada para capturar hasta 500.000 toneladas de CO2 al año y se construyó con tecnología de solvente líquido de Carbon Engineering, con una inversión estimada cercana a US$1.300 millones según un análisis de Energy Analytics (febrero de 2026). En Islandia, la planta Mammoth de Climeworks está dimensionada para unas 36.000 toneladas anuales y la firma suiza ha captado cerca de US$1.000 millones en inversión acumulada, más que cualquier otra del sector.

El atractivo fiscal tampoco es menor: en EE.UU., el crédito tributario 45Q cubre hasta US$180 por tonelada de CO2 secuestrado permanentemente, lo que ha concentrado la mayoría de proyectos en la costa del Golfo. En Europa, la británica Mission Zero Technologies levantó el año pasado una ronda para construir lo que será la mayor planta de DAC del continente en Teesside, con meta de 60.000 toneladas al año hacia 2032, según reportó Oilprice.com.

Otros datos de contexto del sector que reporta Energy Digital en su ranking 2026: Heirloom opera desde 2023 la primera planta comercial de DAC en suelo estadounidense (Tracy, California) y vende créditos a Microsoft y JPMorgan. Svante cerró en 2022 una ronda de US$318 millones liderada por Chevron. Carbon Clean levantó US$150 millones también con Chevron a la cabeza. Carbfix (Islandia) ofrece mineralización subterránea en basalto con garantía de permanencia de décadas.

¿Qué significa esto para tu startup?

La tecnología todavía está a años de comercializarse, pero las señales que manda Buchen con su prototipo tocan tres palancas concretas para founders:

  • Si trabajas en climate tech, observa de cerca la categoría electro-swing. Está lo suficientemente madura como para tener rondas y demasiada inmadura como para tener competencia saturada. Empresas como Verdox y Avnos ya cotizan en este carril con proyecciones de US$300–US$450 por tonelada; un prototipo universitario que mejore la eficiencia energética puede ser la base de una tesis de inversión o de una spin-off en 12-24 meses.
  • El ángulo "batería reciclada" abre producto, no solo investigación. Usar química de NiMH —barata, probada durante décadas y disponible en cadenas de suministro ya existentes— baja la barrera de entrada para construir un piloto. Si tu startup está en almacenamiento de energía, hardware industrial o reutilización de componentes de baterías, esta arquitectura es replicable con materiales que se consiguen en retail.
  • El cuello de botella real ya no es la captura: es el almacenamiento y el offtake. Cualquier mejora en eficiencia de captura choca contra el hecho de que remover 1 gigatón de CO2 al año exigiría dedicar cerca del 30% de la electricidad estadounidense, según el análisis de Energy Analytics. Para founders, eso significa que el valor se está moviendo hacia el "lado del almacenamiento": quién inyecta, quién mineraliza, quién certifica la permanencia. Ahí están las próximas categorías de inversión, no en hacer el filtro más rápido.

El avance de Delaware es una pieza más del rompecabezas, no la solución final. Pero confirma algo que ya estaba claro: la próxima camada de startups de climate tech no competirá por construir filtros más baratos, sino por encontrar la química que elimine el paso térmico por completo.

Fuentes

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