Una ex de OpenAI quiere fabricar chips en órbita usando cohetes de SpaceX
Besxar, una startup fundada por la ex investigadora de OpenAI Ashley Pilipiszyn, está convencida de que las fábricas de semiconductores del futuro no se levantarán en enormes complejos terrestres: flotarán en el vacío del espacio, adosadas a cohetes reutilizables. Para probarlo, la compañía acaba de cerrar un acuerdo con SpaceX para volar una docena de misiones en el cohete Falcon 9 —el vehículo que más ida y vuelta hace a la órbita— con el objetivo de prototipar lo que llaman fabships: pequeños contenedores que llevan obleas semiconductoras al espacio, las exponen al vacío y regresan a la Tierra con material más puro.
La propuesta ya cuenta con respaldo financiero: casi US$14 millones levantados hasta la fecha, incluyendo una ronda semilla de US$9 millones liderada por Dauntless Ventures y Overture VC. El primer par de fabships voló en una misión de Starlink en julio y, según la fundadora, las muestras orbitales eran las más limpias comparadas con obleas terrestres no voladas, pese a un fallo en el sistema de datos de vuelo que la empresa está investigando.
Por qué fabricar semiconductores en el espacio
El argumento de Pilipiszyn es directo: las fábricas de chips en tierra son proyectos de infraestructura gigantescos porque necesitan salas blancas presurizadas que filtren hasta el polvo microscópico que arruinaría una oblea durante la producción. En el espacio, ese vacío ya existe de forma natural.
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👥 Unirme a la comunidad«Estamos en un momento en el que resulta más rentable ir donde la física ya funciona a tu favor», explicó la fundadora a TechCrunch. «No lo hagas en la Tierra, donde peleás contra la física».
El plan no es construir una fábrica gigante en órbita, sino aprovechar el creciente tráfico de cohetes reutilizables para iterar rápido. En los próximos dos años Besxar prevé pasar de calentar las obleas a depositar un material sobre ellas, luego dos, y así sucesivamente. Cuando llegue a producir muestras de calificación, quiere vender obleas a los grandes fabricantes de chips avanzados —especialmente los que regulan energía eléctrica en centros de datos, robots y vehículos eléctricos.
El nombre de la empresa, Besxar, viene del beskar, el metal con el que se fabrica la armadura mandaloriana en Star Wars. La propia fundadora aclara la broma: armadura ligera y resistente contra condiciones extremas.
El Falcon 9 como banco de pruebas
El Falcon 9 no fue elegido por casualidad. En 2025 completó 163 viajes de ida y vuelta a órbita y en lo que va de 2026 ya supera el centenar de vuelos, según datos de SpaceX recogidos por TechCrunch. Eso lo convierte en el vehículo con mayor cadencia de retorno del mundo.
Pilipiszyn se acercó a SpaceX hace tres años para hablar de comprar misiones en Starship, la nave de próxima generación todavía en desarrollo. Mientras Starship se operacionaliza, Besxar optó por usar cargas útiles en el booster del Falcon 9 como vía para desriesgar su tecnología.
El objetivo final sigue siendo Starship —o lo que ofrezcan competidoras como Rocket Lab o Stoke Space con sus cohetes de nueva generación—. Escalar a cientos y luego miles de obleas por fab depende directamente de que esos cohetes baratos existan.
El ecosistema de manufactura espacial ya está en marcha
Besxar no está sola. Varios competidores ya exploran el mismo terreno, aunque con enfoques distintos:
- United Semiconductors LLC (USLLC) anunció en agosto de 2026 un contrato de Fase 2 con la NASA, a través del programa InSPA, para escalar la producción de cristales semiconductores en la Estación Espacial Internacional (ISS). La empresa, con sede en Los Alamitos (California), trabaja con materiales III-V para chips de IA, computación cuántica, sensores infrarrojos y electrónica endurecida contra radiación. Su misión inicial ya demostró cristales de media pulgada y apunta a obleas de ocho pulgadas, con la arquitectura OSCAR como reactor orbital autónomo.
- Space Forge, con sede en Cardiff (Reino Unido), generó en diciembre de 2025 un plasma de alta temperatura a bordo de su nave ForgeStar-1 para producir cristales de diamante sintético. Según su CTO Andrew Bacon, las obleas espaciales podrían reducir el consumo energético de chips, centros de datos y redes eléctricas hasta un 60%. Su escudo térmico plegable Pridwen permitiría acoplarse a casi cualquier satélite para el reingreso, con pruebas previstas en los próximos años y eventual amerizaje cerca de las Azores.
- Varda lidera el segmento de retorno de cápsulas, con seis cápsulas W-Series ya regresadas con éxito a la Tierra.
- BioOrbit (Reino Unido) levantó en abril de 2026 £9,8M (US$13,2M) en semilla para producir cristales farmacéuticos en microgravedad —en especial anticuerpos anticancerígenos que podrían pasar de inyectarse en clínica a inyectarse en casa.
El dato de mercado: según un informe de la Cámara de los Lores del Reino Unido de noviembre de 2025, la manufactura en órbita podría alcanzar US$18.000 millones para 2033 y aportar US$170.000 millones a la economía global en los próximos 20 años.
Qué significa esto para tu startup
Aunque fabricar chips en órbita es un negocio capital-intensivo y reservado a deeptech de altísimo nivel, hay lecciones que aplican a founders de cualquier vertical:
- La fricción física define la tesis de inversión. Pilipiszyn no inventó una nueva tecnología: detectó dónde la física deja de pelear contra vos. Cualquier founder debería mapear dónde existen «vacíos regulatorios, fiscales o físicos» que reduzcan el costo de servir un mercado. Esa es la palanca que buscan los inversores deeptech hoy.
- Los costos de transporte redefinen industrias enteras. SpaceX convirtió el kilogramo a órbita en commodity. Besxar, Space Forge y Varda existen porque alguien rompió una barrera estructural antes que ellas. ¿En qué barrera logística o de distribución de tu sector hay un disruptor trabajando? Si hay uno, tu tesis puede quedar obsoleta en 24 meses.
- Validar con capital semilla agresivo y socios industriales. Una ronda de US$9M en deeptech espacial es agresiva pero no descabellada —y la combinación de fondos especializados (Dauntless, Overture) más acceso directo a SpaceX es lo que hace viable el proyecto. Para founders hispanos: la barrera no es solo el dinero, es la red. Identificá inversores con tesis técnicas similares, no firmas generalistas.
Fuentes
- TechCrunch — Besxar is strapping advanced chip fabs onto SpaceX’s Falcon 9 rockets
- Science Focus — How tiny companies are racing to create ‘impossible’ space crystals worth billions
- EIN Presswire — NASA Awards United Semiconductors Contract
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