Un estudio del BID Lab puso números sobre la mesa
Chile tiene una posición favorable dentro de América Latina en deep tech, pero arrastra brechas frente a los ecosistemas más avanzados. Ese es el hallazgo central del estudio que analizó a las deep tech locales y que Carolina Carrasco, especialista líder de BID Lab, repasó en el sexto episodio de la segunda temporada de Link en Bio, el pódcast de innovación de El Mercurio junto a Fundación Chile.
Las tres brechas que el estudio identifica son concretas: inversión en I+D, colaboración ciencia-industria y financiamiento privado. Para un founder de base científica, esas tres palabras resumen casi todos los cuellos de botella que enfrenta entre el laboratorio y el mercado.
El episodio, conducido por la bióloga y comunicadora Macarena Rojas Ábalos, se grabó en los laboratorios de Startuplab.01, con dos miradas complementarias: la macro, desde el organismo del Banco Interamericano de Desarrollo, y la micro, desde una startup que está atravesando el camino en tiempo real.
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La tesis de Carrasco parte de las vocaciones productivas del país. «Hay necesidades de innovación por las vocaciones productivas que tiene nuestro país. En minería, alimentos, acuicultura, agricultura y economía azul la biotecnología claramente es una oportunidad enorme de mejorar el desarrollo de esas industrias», plantea la especialista de BID Lab.
El razonamiento es relevante para cualquier founder hispanohablante que esté pensando en deep tech: la ventaja competitiva no nace de una tecnología huérfana, sino de aplicarla sobre una industria que ya existe y que ya tiene un problema caro sin resolver. Chile no compite por tener el mejor laboratorio del mundo, compite por resolver los dolores de sectores que ya mueven su economía.
Ahí está la diferencia entre una startup de biotecnología que busca mercado y una que lo tiene esperándola. Minería, alimentos, acuicultura, agricultura y economía azul son industrias con presupuesto, con incentivos para innovar y con problemas que la ciencia puede atacar.
El obstáculo no es científico, es de conexión
Carrasco es clara en que el problema no se resuelve con más papers. Para ella, es clave generar un ecosistema que conecte a los diferentes actores para que ocurran las sinergias que se necesitan. Esa frase apunta a un fallo estructural clásico del ecosistema deep tech latinoamericano: la ciencia se produce en universidades, el capital está en fondos, y las empresas que podrían comprar la solución viven en otra conversación.
Cuando esa conexión no existe, el resultado es predecible. El investigador no encuentra quién le compre, el fondo no encuentra proyectos con tracción comercial y la empresa no encuentra proveedores locales, así que importa tecnología. Las tres brechas del estudio —I+D, colaboración ciencia-industria y financiamiento privado— son en realidad síntomas del mismo problema de articulación.
Southerly Technologies: el caso de la innovación aplicada
La segunda invitada aporta la perspectiva de quien ya está en la cancha. Ángela Contreras, cofundadora de Southerly Technologies, una startup residente de Startuplab.01 enfocada en soluciones para extender la vida útil de los alimentos, viene del mundo de la academia y conoce el tránsito de cerca.
Su diagnóstico pone el foco en el lado de la demanda: «Si las empresas no sienten que la innovación es una estrategia de sobrevivencia en un mundo tan competitivo, entonces nunca vamos a tener desarrollos aplicados. No pueden existir sin las empresas», postula.
Es una inversión del relato habitual. En vez de pedirle a la academia que sea más emprendedora, Contreras señala que sin una industria que demande innovación, la transferencia tecnológica no ocurre. El comprador es parte del ecosistema, no el cliente final al que se llega después.
El caso de Southerly es ilustrativo del tipo de apuesta que el estudio considera valiosa: tecnología aplicada a un problema concreto de la cadena alimentaria, un sector que Chile ya domina productivamente. Extender la vida útil de los alimentos tiene impacto directo en mermas, costos logísticos y exportación, tres variables que cualquier empresa del rubro mide todos los meses.
¿Qué significa esto para tu startup?
Si estás construyendo una startup de base científica o deep tech en LATAM o España, el estudio deja lecciones operativas más que inspiracionales.
- Elige el problema antes que la tecnología. Las brechas de financiamiento privado castigan con más dureza a los proyectos que no tienen un comprador identificable. Anclar tu propuesta a una industria con presupuesto —alimentos, minería, acuicultura, agricultura— te da una narrativa de ingresos que un fondo puede evaluar.
- Construye el puente ciencia-industria desde el día uno. La colaboración entre academia y empresa es una de las brechas señaladas. Si vienes de la academia, busca un cofundador o un consejero con experiencia comercial en el sector objetivo antes de salir a levantar capital.
- Trata a la empresa grande como parte del ecosistema, no como cliente lejano. El argumento de Contreras sugiere que los pilotos con industrias establecidas son la vía más realista para validar tecnología aplicada en mercados donde el capital de riesgo profundo es escaso.
- Usa los espacios de articulación. Startuplab.01, donde se grabó el episodio, es un ejemplo del tipo de infraestructura que conecta laboratorio, startup e industria. Para un equipo pequeño, instalarse en un hub con acceso a laboratorios y red corporativa ahorra años de gestión.
Conclusión
El estudio del BID Lab no trae una mala noticia para Chile, sino una advertencia útil: la posición favorable en América Latina no se sostiene sola. Las brechas en inversión en I+D, colaboración ciencia-industria y financiamiento privado son las mismas que enfrentan la mayoría de los ecosistemas hispanohablantes, y se cierran con articulación, no con más investigación aislada.
Para un founder, la lectura es directa: la biotecnología aplicada a las industrias que ya existen en tu región es una de las pocas apuestas donde la ventaja geográfica sigue jugando a favor. El trabajo pendiente está en conectar la ciencia con quien tiene el problema y el presupuesto para pagarlo.
Fuentes
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