Coeckelbergh: la IA apocalíptica es marketing de las big tech

Quién es Mark Coeckelbergh y por qué importa su voz

Mark Coeckelbergh es catedrático de Filosofía de los Medios y la Tecnología en la Universidad de Viena y, desde 2025, miembro del Panel Científico Internacional Independiente de la ONU sobre Inteligencia Artificial — el primer organismo científico global sobre IA, creado por la Asamblea General de la ONU el 26 de agosto de 2025 según Unite.ai. Dirige además el Centro de Ética Ambiental y Tecnológica en la Academia Checa de Ciencias. Su conversación con Clarín, en el marco del Festival de las Ideas de Madrid, llega en plena semana de la Asamblea General de la ONU, donde el tema IA se coló en la agenda de los líderes mundiales.

No es un comentario al margen. El 16 de septiembre de 2026, el secretario general António Guterres incluyó a la IA entre las "tres amenazas existenciales" junto al cambio climático y la desigualdad, y advirtió que "el mundo no puede permitirse una carrera hacia el fondo en seguridad de IA", según recogió UN.org. Un día después, el 21 de septiembre de 2026, el panel de la ONU publicó su primer brief temático — "AI Agents, Misalignment and the Risk of Losing Human Control" — invocando el principio precautorio.

Cuando un filósofo con ese pedigree define el debate público sobre la IA como "marketing apocalíptico", conviene prestarle atención.

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Por qué dice que la IA "apocalíptica" es marketing

El detonante de la entrevista fueron las declaraciones de un ex investigador de Anthropic — la creadora de Claude — asegurando que quienes desarrollan la IA creen que "podría matarnos a todos para finales de la década". Coeckelbergh lo lee de otro modo: "Las empresas de IA necesitan urgentemente justificar y atraer inversiones financieras masivas. Al hablar de la IA como aquello que sólo ellos comprenden y pueden controlar, los tecnócratas posicionan a la IA como un fenómeno apocalíptico para legitimarse ante la sociedad y ser los 'profetas' indispensables", recoge Clarín.

El argumento tiene una segunda parte, más dura: "Incluso cuando piden regulación, como lo hace Anthropic, se refieren a alianzas directas con los gobiernos para decidir ellos mismos los términos de dicha regulación. Esto recuerda al corporativismo fascista histórico". La regulación, en este esquema, no limita a las big tech: las blinda frente a competidores.

Esta lectura se inscribe en la línea de su artículo académico "Technofascism: AI, Big Tech, and the New Authoritarianism", publicado en AI & Society en 2026 y citado por el Tehran Times. En él, Coeckelbergh describe la formación de una "constelación" en la que las grandes tecnológicas se alían con corrientes antidemocráticas, militarizan la tecnología y fabrican mitos nuevos — a menudo con lenguaje religioso — para sustituir a los viejos.

"Tecnofascismo": qué significa el término

La palabra es fuerte, y Coeckelbergh la usa con precisión académica, no como insulto. En el Tehran Times la define así: las viejas formas de autoritarismo vuelven, pero ahora la IA y las tecnologías digitales añaden vigilancia total y "gubernamentalidad algorítmica" — donde el ciudadano "puede no saber siquiera que está siendo vigilado". Se suma a eso, según el filósofo, el recurso a mitos nuevos (a menudo Cristianismo apocalíptico), la glorificación de la guerra, y un corporativismo donde Estado y grandes empresas sellan una alianza estrecha.

El fenómeno que más le preocupa es la concentración geográfica: "Sería excelente que en la ONU se respaldara una regulación mínima a nivel mundial", dice a Clarín, pero "las circunstancias geopolíticas actuales y la política interna de Estados Unidos dificultan que esté dispuesto a ceder soberanía". Como telón de fondo, Hannah Arendt y su idea de un sistema donde ya no se distingue lo verdadero de lo falso: las "alucinaciones" de los LLM, los deepfakes y los flujos automatizados de desinformación, argumenta, crean "el terreno de cultivo ideal para la manipulación totalitaria".

Peter Thiel, Palantir y Argentina: el caso que Coeckelbergh pone sobre la mesa

Cuando Clarín le recuerda que Peter Thiel "se acaba de instalar en Argentina", Coeckelbergh responde sin rodeos: "Creo que lo ha hecho porque el actual gobierno es anti-regulaciones, ¿verdad? Es muy libertario y eso es perfecto para él".

La instalación no es simbólica. Según El País, Thiel compró una mansión de US$12 millones en Barrio Parque (Buenos Aires) y planea quedarse al menos dos meses. El 23 de abril de 2026 se reunió con el presidente Javier Milei en Casa Rosada, junto al canciller Pablo Quirno, Matt Danzeisen (Thiel Capital) y Matías Van Thienen (socio de Founders Fund). Previamente se había visto con el ministro de Desregulación Federico Sturzenegger y con Santiago Caputo, jefe de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE), según El País. Su fondo inyectó US$76 millones en Vista Energy, la operadora de Vaca Muerta.

A nivel institucional, el DNU 941/2025 creó la Comunidad de Inteligencia Nacional (CITN), que unifica bases de datos de migraciones, la CONAE y Aduana. Y en noviembre de 2025 un acuerdo marco entre Argentina y EE. UU. habilitó la transferencia transnacional de datos hacia el norte, lo que abre la puerta — según especialistas citados por El País — a aplicar desde fuera la CLOUD Act y la FISA estadounidense. El Decreto 105/2026 incorporó software, robótica, IA y tecnologías de defensa al RIGI, el régimen de incentivos para grandes inversiones, con estabilidad normativa por 30 años, según Diario TI.

En el Festival de las Ideas y en sus entrevistas con Clarín, Coeckelbergh no menciona la palabra "Palantir" en este contexto, pero sí la pone como ejemplo en su artículo académico: el manifiesto de Palantir y figuras como Alex Karp (CEO) y el propio Thiel "declaran abiertamente que la democracia ha muerto". Las protestas del 29 de agosto de 2026 en Buenos Aires — los autodenominados "Gandalfs del Sur" que cantaban "You shall not pass" frente a la mansión de Thiel — muestran que ese diagnóstico dejó de ser académico: se convirtió en debate público, reporta La Nueva España.

Qué dice sobre la regulación global y el rol de la ONU

Coeckelbergh no es ingenuo respecto a la capacidad real del organismo. "Estoy completamente a favor de la cooperación internacional y de contar con autoridades supranacionales como la ONU", afirma, pero" actualmente no existe un marco regulatorio internacional"**, le dice a Clarín. Reconoce que la diplomacia entre EE. UU. y China, y la política interna estadounidense, juegan en contra.

En España, el presidente Pedro Sánchez ha hecho de la regulación de la IA una bandera discursiva. El 18 de febrero de 2026 la AEPD (Agencia Española de Protección de Datos) publicó una guía de 71 páginas que es, según Yahoo News, la primera guía formal de una autoridad supervisora de la UE sobre IA agéntica. Introduce la "Regla de 2": nunca combinar sin safeguards los tres factores de riesgo — entradas no controladas, datos sensibles y acciones autónomas. Y aclara un punto clave para founders: "los agentes de IA son medios técnicos de procesamiento, no actores jurídicos autónomos" — la responsabilidad sigue siendo del deployer humano.

En el plano europeo, el 30 de julio de 2026 la Comisión lanzó la licitación para hasta siete AI Gigafactories, con presupuesto global estimado de €30.000 millones, pero solo €1.000 millones confirmados en el presupuesto corriente, según TechTimes. Los chips vendrán de Nvidia, AMD y Qualcomm — la "soberanía europea" en cómputo depende, paradójicamente, de proveedores estadounidenses. La licitación cierra el 12 de noviembre de 2026.

Por qué las alucinaciones no son un bug, son la arquitectura

Una de las afirmaciones más contraintuitivas de Coeckelbergh es sobre los errores de los LLM. "No son fallos accidentales sino una propiedad estructural del propio diseño de los modelos de lenguaje", dice a Clarín. Los sistemas están entrenados para "generar textos convincentes y maximizar el engagement", no para buscar verdad factual. De ahí las citas inventadas, los datos falsos, las "alucinaciones" — que "no se pueden corregir fácilmente mediante simples reglas de programación".

La consecuencia operativa es directa: "Se da la paradoja de que, aunque adoptamos la automatización por la tendencia humana a la comodidad y a evitar esfuerzos aburridos, como revisar referencias, el uso responsable exige un trabajo adicional de verificación humana". Para un founder, eso cambia cómo debe diseñarse cualquier producto que toque conocimiento factual.

Qué significa esto para tu startup

Para un founder hispano, la conversación con Coeckelbergh deja menos aire para la ingenuidad y más tareas concretas. Tres acciones a partir de hoy:

  • Diseña con verificación humana integrada, no como parche. Si tu producto toca datos, citas o referencias, asume que el LLM va a inventar parte de la salida. Implementa una capa de verificación humana en cada flujo crítico (citas, datos regulatorios, salud, finanzas) desde el MVP. El sistema está optimizado para engagement, no para verdad — ese es el tradeoff que Coeckelbergh denuncia.
  • Mapea dónde quedan tus datos si escalas en hyperscalers estadounidenses. La AEPD acaba de recordar que los agentes de IA no generan responsabilidad jurídica nueva y que un producto agéntico "no debería combinar entradas no controladas, datos sensibles y acciones autónomas sin safeguards específicos". Si atacas mercado europeo, factoriza en tu arquitectura desde el día uno la Regla de 2 y un mapa de residencia de datos que aguante un cliente regulado.
  • Lee la geopolítica de la IA como parte de tu due diligence de mercado. El desembarco de Thiel en Argentina, los acuerdos de transferencia de datos con EE. UU. y la creación del CITN son la cara visible de algo que el panel de la ONU está tratando de nombrar: la IA como infraestructura política, no solo tecnológica. Si tu startup vende a gobierno, defensa, salud pública o educación, esos movimientos van a condicionar qué licitaciones existen, qué datos puedes tratar y qué marcos regulatorios te van a exigir. No lo delegues a Legal cuando ya estés contratado.

Coeckelbergh no pide prohibir la IA — "No creo en absoluto que haya que prohibirla", dice — sino "resolver problemas concretos": uso militar, pérdida de empleos, asimetrías de poder. La "revolución tranquila" que propone pasa por educación y por devolver poder a instituciones democráticamente legítimas. Para founders, eso significa operar en un mundo donde la IA dejó de ser solo un stack técnico y pasó a ser, también, una cuestión política sobre cómo se distribuye el poder. Quien lo lea así antes que su competencia, va a construir productos más difíciles de desmontar cuando cambien las reglas.

Fuentes

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