Flock: CEO defiende vigilancia en plena crisis de contratos

Flock: el CEO defiende la vigilancia mientras la empresa se contrae

Flock Safety planea recortar cerca del 18% de su plantilla —unas 270 personas— según reportó Reuters y recogió Mother Jones, y su fundador y CEO, Garrett Langley, no piensa frenar. En un panel en TechCrunch Disrupt 2026 en San Francisco, Langley sostuvo que «si queremos vivir en una sociedad donde, si cometes un crimen, tienes una mayor probabilidad de ser responsabilizado, no deberíamos pausar el progreso».

Para cualquier founder que construye producto sobre datos de terceros, esa frase es una advertencia. No porque la vigilancia sea un mercado atractivo, sino porque describe una postura frente a la crisis —el progreso no se detiene— que suele ser la más costosa cuando el cliente es una institución pública y el escrutinio es político.

Qué dijo Langley en el escenario

Durante la entrevista, Langley esquivó las preguntas difíciles sobre las críticas que enfrenta Flock, que ya derivaron en contratos cancelados y despidos. En lugar de ofrecer soluciones concretas a las preocupaciones sobre privacidad y abuso, respondió con anécdotas de conversaciones con jefes de policía y líderes municipales, y con relatos de los supuestos delitos que sus cámaras habrían resuelto.

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Su argumento central: la tecnología es un avance inevitable y, si la sociedad quiere menos crimen, tendrá que entregar privacidad a cambio. «La tecnología, en su definición más esencial, es hacer las cosas mejor. No es hacerlas perfectas», dijo, y comparó su caso con el de los autos sin conductor.

La comparación tiene un problema que el propio panel dejó al descubierto: las empresas de vehículos autónomos no se encogen de hombros ante un accidente; pausan sus flotas y aplican correcciones. Langley, en cambio, dejó claro que prefiere que la ética de uso quede en manos de otros. «No queremos decirle a los líderes de ciudad cómo hacer su trabajo. Damos recomendaciones y valores por defecto, pero vamos a minimizar la cantidad de funciones y políticas obligatorias», afirmó.

La crisis que el discurso no resuelve

Los números que rodean a Flock cuentan una historia distinta a la del progreso inevitable.

  • Contratos: el grupo de defensa Secure Justice documentó 93 gobiernos locales que cortaron sus contratos con Flock solo en agosto de 2026, según Yahoo Finance. WIRED reporta que, en todo 2026, cerca del triple de gobiernos locales abandonó a la empresa en comparación con los cinco años anteriores juntos.
  • Regulación estatal: el Departamento de Transporte de Florida revocó todos los permisos activos de lectores automáticos de patentes en derechos de vía estatales, con efecto desde el 31 de agosto de 2026, y Texas detuvo el financiamiento estatal para despliegues de Flock, según Yahoo Finance.
  • Justicia: un juez federal en Oklahoma falló que la tecnología violó los derechos de la Cuarta Enmienda de una mujer, después de que un alguacil usara los lectores para reconstruir un mes de su historial de ubicación, según Mother Jones.
  • Costos: una ola de vandalismo contra las cámaras elevó los gastos operativos justo cuando la base de ingresos se contrae, reportó WIRED.

Flock opera una red de 120.000 cámaras en Estados Unidos y es el mayor fabricante de lectores automáticos de patentes del país, según Mother Jones. La empresa, con sede en Atlanta, levantó cerca de 1.200 millones de dólares en capital de riesgo y alcanzó su última valuación en abril de 2026, según Yahoo Finance. WIRED reporta que esa valuación supera los 8.000 millones de dólares y que la compañía tiene alrededor de 1.500 empleados.

En septiembre, Flock abrió un programa voluntario de salida anticipada —anunciado el 18 de septiembre de 2026, con plazo hasta el 2 de octubre y salidas previstas para alrededor del 29 de octubre, según Yahoo Finance— con paquetes que, según WIRED, rondan las decenas de miles de dólares, incluyen varios meses de cobertura de salud y una ventana de dos años para ejercer opciones sobre acciones.

¿Por qué los municipios están cancelando sus contratos?

El caso de Manvel, en Texas, es un manual de lo que puede salir mal cuando el comprador institucional no entiende bien lo que compra. El concejo municipal votó por unanimidad el 8 de septiembre cortar el contrato y retirar el financiamiento para el presupuesto fiscal 2026-27, según Community Impact. Las 16 cámaras de la ciudad fueron cubiertas y el personal notificó la cancelación con 30 días de anticipación.

El alcalde Dan Davis explicó que, cuando aprobó el contrato en 2024, entendía que eran cámaras que alertaban sobre vehículos robados o personas buscadas. Después descubrió «el intercambio extenso de datos con agencias externas, capacidades de búsqueda más amplias que leer patentes, búsquedas de atributos vehiculares con IA y acceso a una red nacional».

Ese es el punto que más debería interesar a un founder: la brecha entre lo que el cliente cree que compró y lo que el producto realmente hace es el origen de casi toda crisis de confianza. Y no se cierra con anécdotas, sino con documentación.

Hay contraejemplos útiles. Pearland, también en Texas, exige un número de caso para cada búsqueda y realiza auditorías mensuales sobre quién buscó, qué y por qué, según Community Impact. La ciudad además desactivó el intercambio nacional de datos en septiembre, después de detectar que cerca del 63% de las búsquedas del año anterior provenían de agencias de otros estados.

En Milwaukee County, el ejecutivo del condado David Crowley firmó una resolución para retirar las cámaras de los parques, con un contrato que vence en diciembre, según Yahoo News. Crowley argumentó que «incluso el marco de políticas más sólido es tan confiable como la empresa detrás de la tecnología».

El paralelo con la IA que Langley no mencionó

La fuente original traza un paralelo pertinente: el mismo argumento de beneficio a cambio de privacidad se usa para vender IA. La diferencia es que, en IA, el costo de compartirlo todo con los fabricantes de los agentes ya está en el centro del debate regulatorio y de la opinión pública.

Para un founder, la lección no es moral sino operativa: cuando tu producto toca datos de personas que nunca firmaron un contrato contigo, tu mayor riesgo no es técnico ni competitivo, es de legitimidad. Y la legitimidad no se recupera con una buena entrevista.

¿Qué significa esto para tu startup?

Cuatro movimientos concretos, aplicables incluso si nunca vas a venderle a una ciudad:

  • Escribe la política antes de que te la exijan. Define qué datos recolectas, cuánto los retienes, quién puede consultarlos y bajo qué justificación. Flock deja la ética de uso a sus clientes; tú puedes decidir hoy qué no vas a permitir, y publicarlo.
  • Responde con métricas auditables, no con anécdotas. El modelo de Pearland —número de caso obligatorio por búsqueda y auditoría mensual— es replicable en cualquier producto con datos sensibles. Si no puedes mostrar quién accedió a qué, no tienes control real.
  • Diversifica tu base de clientes institucionales. Depender de un solo tipo de comprador (municipios, agencias, un ministerio) convierte un cambio político en un problema de caja. Flock pasó de una valuación récord en abril a ofrecer salidas voluntarias en septiembre.
  • Prepara la contracción con transparencia. Entre despidos y salidas voluntarias, la diferencia para el equipo que se queda es enorme. Comunicar el criterio antes de aplicarlo protege la moral interna, que el propio Langley identificó como el mayor daño de la crisis.

Conclusión

Langley tiene razón en una cosa: ninguna tecnología es perfecta. Pero la perfección no es el estándar que exige un cliente institucional. Lo que exige es control, trazabilidad y rendición de cuentas, y eso sí se puede construir desde el día uno.

Flock llegó a una valuación de más de 8.000 millones de dólares y hoy enfrenta cancelaciones masivas, escrutinio judicial y una contracción de plantilla. La pregunta que deja su caso no es si la vigilancia es ética, sino si tu startup tiene un plan para cuando su producto se vuelva incómodo para sus propios clientes.

Fuentes

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