De músico a testigo ante el Senado: quién es Benn Jordan
Benn Jordan lleva décadas publicando música experimental, pero en los últimos dos años se convirtió en una de las caras más visibles del movimiento contra la vigilancia masiva. Su obsesión tiene una dirección concreta: Flock Safety, la empresa de Atlanta que fabrica lectores automáticos de matrículas (ALPR, por sus siglas en inglés) y el software que los conecta.
Jordan vive en Atlanta, la ciudad con más cámaras de Flock por milla cuadrada que cualquier otra, según contó en el podcast Decoder de The Verge. Empezó mirando esos postes con un panel solar pequeño en la punta, pensando que eran cámaras de tráfico. Cuando entendió qué hacían realmente, pasó de la curiosidad al trabajo de investigación: encontró vulnerabilidades de seguridad, las documentó y terminó declarando ante el subcomité de Crimen y Contraterrorismo del Senado, presidido por el republicano Josh Hawley, que además abrió una investigación sobre la compañía.
Su tesis incomoda a propios y extraños: no odia a Flock. Cree que su postura frente a las críticas fue un desastre de relaciones públicas que la convirtió en blanco fácil, mientras competidores como Axon y Motorola construyen redes idénticas sin hacer ruido.
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👥 Probar 7 díasQué hace distinta a una cámara de Flock
Los ALPR existen desde los años 70 y se usaron en Estados Unidos desde finales de los 80 y los 90. El uso clásico era simple: una patrulla llevaba la cámara montada y consultaba una matrícula sin tener que escribirla a mano.
La innovación de Flock no está en el hardware. Está en la red. La empresa construyó una base de datos privada y nacional donde cualquier departamento de policía que use su sistema puede optar por compartir datos. Con eso, un agente en Texas puede rastrear los movimientos de un vehículo por Nueva York o Atlanta, con 30 días de retención, sin orden judicial.
Antes de Flock, ese intercambio pasaba por el Centro Nacional de Información Criminal (NCIC), que exige que un juez evalúe el contexto y emita una orden. La jugada de Flock fue legal antes que tecnológica: al ser una base de datos privada, se corrió del proceso de warrants.
Jordan lo resume con una imagen potente. Si un policía siguiera a alguien por todas las cámaras de tráfico públicas durante 30 días anotando cada aparición, sería un trabajo de recursos enorme, justificable solo para un delito grave. Con la red de Flock, ese mismo rastreo se hace con un clic para investigar el robo de unos filetes en un supermercado.
El problema de seguridad que nadie auditó
El otro frente es técnico. Jordan encontró que a comienzos de 2025 Flock no exigía autenticación de dos factores. También vio a un policía entrar al sistema desde una red Wi-Fi que no era de una comisaría. A partir de ahí buscó credenciales de Flock en la dark web y encontró algunas, vendidas por un proveedor ruso.
Junto al investigador Jon Gaines documentó vulnerabilidades de hardware que permitían abrir un punto de acceso Wi-Fi en la cámara, tomar control total del dispositivo Android y operar fuera del ecosistema de Flock, de forma indetectable. También halló interfaces administrativas abiertas a internet: escribir una dirección IP bastaba para borrar grabaciones o ver material de 30 días atrás.
La respuesta inicial de la empresa fue descalificarlo como youtuber. El argumento se cayó cuando Jordan descargó el propio comunicado de Flock que afirmaba que nunca habían sido hackeados.
Su conclusión es la más incómoda para el sector: en una red compartida, la seguridad del conjunto equivale a la del participante con peores hábitos. Y eso aplica igual a Axon o Motorola, que según el propio Jordan ya lanzaron sus redes privadas fuera del NCIC.
La reacción del mercado: números de una caída
El costo de esa combinación de opacidad y mala comunicación ya es visible. Según cifras del grupo de defensa Secure Justice recogidas por WIRED, 93 ciudades y condados cortaron sus contratos con Flock solo en agosto de 2026. A lo largo de todo 2026, aproximadamente el triple de gobiernos locales abandonaron a la empresa que en los cinco años anteriores combinados, según Mother Jones.
El impacto institucional también llegó. El Departamento de Transporte de Florida revocó todos los permisos activos de ALPR en derechos de vía estatales, con efecto desde el 31 de agosto de 2026, y Texas frenó el financiamiento estatal para despliegues de Flock en el mismo período. En el plano legislativo, la congresista Alexandria Ocasio-Cortez presentó el 1 de octubre de 2026 el proyecto H.R. 10691, la "Ban Flock Act", que restringiría el uso federal de ALPR y condicionaría fondos a estados y municipios.
En paralelo, la empresa —valorada en más de US$8.000 millones tras su valuación de abril de 2026, según WIRED— lanzó el 18 de septiembre de 2026 un programa voluntario de salida para empleados, con pagos de decenas de miles de dólares, varios meses de cobertura médica y dos años para ejercer opciones. Reuters reportó que Flock planea recortar cerca del 18% de su plantilla.
El fenómeno es local y verificable en el día a día. En Eastpointe, Michigan, el concejo votó 4 a 1 terminar el contrato y retirar 19 cámaras de una ciudad de cinco millas cuadradas. Sumpter Township, Clawson, Westland y Milford hicieron lo mismo. La ACLU contabiliza más de 35 ciudades y pueblos de Massachusetts y más de 200 comunidades en todo el país que cortaron lazos.
¿Más cámaras significa menos delito?
Jordan no compra el argumento de que la cobertura total elimina el crimen. Su objeción es la reubicación del delito: si pones una cámara en un pasillo del supermercado, el robo se mueve a otro pasillo, no desaparece. Los criminólogos lo observan desde hace años.
Hay un dato que refuerza la duda. Datos del FBI citados por la ACLU muestran que, después de que Atlanta cubriera la ciudad con más de 5.000 cámaras ALPR, las tasas de esclarecimiento de delitos como homicidios cayeron: la policía resolvió una proporción menor de casos graves pese a sumar miles de dispositivos.
Qué significa esto para tu startup
Si vendes software a gobiernos, escuelas, municipios o fuerzas de seguridad, esta historia es un manual de errores y aciertos.
- La transparencia es parte del producto, no del marketing. Flock perdió contratos cuando los vecinos descubrieron que las cámaras existían desde hacía años sin debate público. Si tu solución toca datos de terceros, publica políticas de retención, acceso y auditoría antes de que alguien las exija. Un portal de transparencia tardío —como el que Inkster planea lanzar en noviembre— llega después de la crisis, no antes.
- La seguridad del eslabón más débil es tu seguridad. En una red compartida entre decenas de clientes, un solo usuario con malas prácticas compromete a todos. Exige autenticación multifactor, mínimo privilegio y registros de auditoría desde el día uno, y audítalos con terceros.
- Tu peor enemigo puede ser tu tono. Jordan insiste en que Flock cayó por su postura defensiva, no por ser la única empresa del sector. Cuando un investigador independiente señala una falla, la respuesta que escala el conflicto es la negación pública, no el silencio ni la corrección.
- El riesgo regulatorio se mueve rápido y es bipartidista. Una investigación del Senado, una ley propuesta y la revocación de permisos estatales pueden reordenar tu mercado en meses. Si tu modelo depende de contratos públicos, diversifica la base de clientes antes de que la política lo haga por ti.
Conclusión
La paradoja de Flock es que su tecnología no es especialmente sofisticada: el hardware es secundario frente a la red y las reglas de acceso que la sostienen. Lo que la volvió vulnerable no fue un competidor mejor, sino la suma de opacidad, negación y falta de controles básicos, amplificada por un ecosistema local que por fin empezó a prestar atención a sus concejos municipales.
Para cualquier founder que venda a gobiernos, la lección es directa: la confianza pública es un activo que se construye antes de la crisis y se destruye en una sola negación mal manejada. Y en un mercado donde Axon y Motorola avanzan sin hacer ruido, la pregunta que queda abierta no es si Flock sobrevive, sino cuántas de las redes que la reemplacen repetirán exactamente los mismos errores.
Fuentes
- Benn Jordan on Flock, privacy, and the new surveillance backlash — The Verge
- Flock Safety Offers Buyouts as Cities Drop Its Cameras — Yahoo Finance / WIRED
- Flock is just one part of the new surveillance state — WBUR
- Proposed "Ban Flock Act" Targets License Plate Readers — DroneLife
- Eastpointe votes to cancel Flock contract — Yahoo News / FOX 2
- Flock vs. automated license plate readers: What are they, and who are they for? — WPDE
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