GBM y Arkham defienden invertir en IA pese al -5.5% Nasdaq

Qué pasó: el Nasdaq perdió 5.5% en una sola jornada

El Nasdaq Composite cayó 5.5% y el S&P 500 retrocedió 4.4% durante la jornada del jueves 5 de noviembre, según reportó El Economista. La caída arrastró al índice tecnológico a territorio de corrección: CBS News detalló que el Nasdaq perdió 1,422 puntos hasta cerrar en 24,315, mientras el Dow Jones se dejó 1,833 puntos, un 3.4%.

La cifra que dimensiona el golpe la dio Global News: cerca de US$2.5 billones se evaporaron del Nasdaq en esa sesión, y unos US$3 billones de las empresas del S&P 500. Fue la peor jornada desde el episodio arancelario de abril de 2025.

El detonante fue político. La victoria demócrata en las elecciones de medio término de Estados Unidos encendió el temor a nuevas regulaciones sobre los centros de datos que sostienen la infraestructura de IA. Joe Maher, economista de mercados de Capital Economics, lo resumió en un informe citado por CBS News: el riesgo inmediato es que las restricciones a la construcción de centros de datos frenen el ritmo del despliegue de infraestructura de IA.

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El castigo se concentró en los proveedores de cómputo. Nvidia cayó 9.2%, AMD 17.3% y CoreWeave 9.8%, según CBS News. El Periódico calculó que las 14 empresas que controlan las capas de hardware y software de la IA generativa perdieron en conjunto cerca de US$1.94 billones de capitalización en la jornada.

Por qué GBM y Arkham no piensan recortar

En medio del ruido, dos directivos mexicanos salieron a defender la continuidad del gasto. Andrés Olea Falomir, vicepresidente de Productos Financieros de GBM, descartó que haya estallado una burbuja de IA y sostuvo que las empresas tecnológicas siguen reportando crecimiento y utilidades. Su argumento central es de horizonte temporal: las decisiones empresariales se toman a cinco o diez años, el plazo en el que esperan recuperar el gasto en infraestructura.

Mauricio Sepúlveda, fundador y director ejecutivo de Arkham Technologies, pone el foco en otro sitio: la permanencia de su compañía en el mercado de IA depende de construir un negocio capaz de generar utilidades con aplicaciones que mejoren las operaciones de sus clientes. Es una respuesta directa a la pregunta que hoy hace el mercado: no si la IA sirve, sino quién está cobrando por ella.

Olea añadió una advertencia que vale para cualquier founder: frenar estas inversiones puede dejar a una compañía en desventaja frente a competidores que usen la tecnología para reducir costos o vender más. Su frase textual: «Las empresas que no estén ahorita apostando en esto, pues van a pagar el costo de quedarse atrás en dos o tres años».

El apalancamiento: el amplificador invisible

La parte menos comentada del desplome es mecánica de mercado, y explica por qué una caída se vuelve una caída mayor. Olea señaló que las ventas de fondos apalancados contribuyeron a la presión sobre las acciones tecnológicas. Reuters reportó que Nomura calculaba durante la sesión que los fondos cotizados apalancados tendrían que vender alrededor de US$47,000 millones en acciones al cierre para ajustar sus carteras, concentrados sobre todo en fondos tecnológicos y de IA.

También Goldman Sachs reportó que el 5 de noviembre algunos fondos vendieron acciones de grandes proveedores de nube que habían comprado apenas un día antes, y Walleye Capital, con unos US$17,000 millones bajo administración, anunció que reduciría su negocio de inversiones en acciones y devolvería parte del capital a sus inversionistas.

La lectura para un emprendedor es simple: cuando el crédito financia la posición, el precio deja de reflejar expectativas y empieza a reflejar llamadas de margen. Olea lo describió sin rodeos: «muchas veces los precios bajos tienen como efecto precios más bajos porque la gente vende porque la bolsa baja».

El circuito Nvidia-OpenAI-Oracle y la duda de fondo

Olea defendió la relación financiera entre quienes desarrollan IA y sus proveedores de infraestructura, y usó como ejemplo el circuito entre Nvidia, OpenAI y Oracle. Nvidia anunció en septiembre de 2025 su intención de invertir hasta US$100,000 millones en OpenAI conforme se desplegaran sus sistemas; OpenAI contrata capacidad de cómputo a Oracle, que utiliza equipos de Nvidia para prestar ese servicio.

Es decir: el fabricante de chips financia a una empresa cuya demanda genera compras de sus propios productos. Olea considera que estos acuerdos permiten coordinar las inversiones necesarias para desarrollar y operar la IA. El mercado, en cambio, empieza a leerlo como riesgo de circularidad.

Esa tensión también aparece en el análisis internacional. Tim Nyland, co-CIO de Synergy Asset Management, dijo a InvestmentNews que el crecimiento del gasto de capital en IA «alcanzó su pico en el tercer trimestre de este año» y que lo que viene no es una caída del gasto, sino una desaceleración de su tasa de crecimiento. Omar Aguilar, CEO de Schwab Asset Management, matizó que entre 60% y 70% de ese capex viene de megacaps con balances sólidos, aunque advirtió que cada vez más compañías se apoyan en deuda para sostener el ciclo.

El caso Arkham: cobrar por el ahorro, no por la demo

Sepúlveda fundó Arkham hace tres años y describe un modelo explícitamente inspirado en Palantir: una plataforma tecnológica combinada con ingenieros que trabajan dentro de las empresas clientes. Los precios se vinculan con el valor esperado de cada aplicación y se adaptan al problema del cliente, no al revés.

Su ejemplo más concreto: un responsable de cadena de suministro calculó ahorros potenciales de unos US$40 millones mediante un modelo de optimización logística con IA, sin saber programar, usando solo su conocimiento del negocio. La siguiente etapa, explicó, es aplicar los cambios y medir resultados.

Ese es el patrón que hoy sobrevive al escrutinio del mercado: proyectos donde el retorno se puede nombrar en pesos, dólares o días de inventario. La propia dinámica del desplome lo confirma. Bank of America ya había advertido, según El Periódico, que los mercados avanzan «hacia una situación más parecida a una burbuja». Y en octubre el Nasdaq ya había cerrado con una caída mensual de 5.3%, su peor resultado desde marzo de 2025, con CoreWeave perdiendo 37% y Nebius cerca de 35%, de acuerdo con La Prensa.

¿Qué significa esto para tu startup?

La distancia entre una startup latinoamericana y el Nasdaq es menor de lo que parece. Si tu producto se vende a empresas que cotizan, el estado de ánimo de sus presupuestos te llega con dos o tres trimestres de retraso. Olea identificó ese canal de contagio: si la caída bursátil reduce el patrimonio de los hogares estadounidenses y estos recortan consumo, la menor demanda puede llevar a las empresas a ajustar presupuestos.

Tres movimientos concretos para esta semana:

  • Separa el presupuesto de IA en dos bolsas. Una para eficiencia con retorno medible en 90 días (automatización de procesos, soporte, análisis) y otra para apuestas de infraestructura. La primera se defiende con números; la segunda, con tesis. No las mezcles en la misma línea del board deck.
  • Ancla cada proyecto a una métrica de negocio antes de firmar. El caso de los US$40 millones de Arkham funciona porque el ahorro lo calculó el dueño del proceso, no el proveedor. Si no puedes nombrar la métrica que se mueve, el proyecto es un experimento y debe presupuestarse como tal.
  • Revisa tu concentración de riesgo. Si dependes de un solo proveedor de cómputo, de un solo canal de adquisición o de tres clientes enterprise estadounidenses, modela un escenario donde el capex de tus clientes se queda plano un año. No es pesimismo: es la hipótesis que el mercado acaba de poner sobre la mesa.

Y una nota de contexto regional que Olea subrayó: las empresas privadas latinoamericanas pueden desarrollar sus proyectos con menor exposición directa a la volatilidad de las grandes tecnológicas cotizadas. Menos acceso a capital barato, sí, pero también menos sensibilidad a una llamada de margen en Nueva York.

Conclusión

El desplome del 5.5% no resolvió la pregunta sobre la IA: la hizo más específica. Ya no se discute si la tecnología sirve, sino cuánto tarda en devolver el dinero y quién lo está financiando. Los directivos de GBM y Arkham apuestan a que la respuesta está en la operación del cliente y en horizontes de cinco a diez años, no en el precio de la acción de mañana.

Para un founder, la lección es incómoda pero útil: la volatilidad del Nasdaq no decide tu estrategia de IA, pero sí decide cuánta paciencia tendrás tu junta directiva y tus clientes. Llega a esa conversación con métricas de negocio, no con benchmarks de modelos.

Fuentes

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