¿Qué dice el estudio de Cornell sobre la jerga corporativa?
Un nuevo estudio de la Universidad de Cornell, liderado por el psicólogo cognitivo Shane Littrell y publicado en la revista Personality and Individual Differences, revela un hallazgo incómodo para muchos entornos de trabajo modernos: los empleados que se sienten impresionados por frases como «liderazgo sinérgico», «growth-hacking de paradigmas» o cualquier otra jerga corporativa vaga y rimbombante, tienden a rendir peor en tareas que exigen pensamiento analítico, inteligencia fluida y toma de decisiones prácticas.
La investigación no se limita a una observación anecdótica. A lo largo de cuatro experimentos independientes, el equipo de Cornell desarrolló y validó la Corporate Bullshit Receptivity Scale (CBSR), una escala estadísticamente confiable para medir cuán susceptible es una persona al lenguaje corporativo vacío. El resultado: quienes puntúan alto en esta escala no solo toman peores decisiones prácticas, sino que además califican a los directivos que usan ese lenguaje como más carismáticos y visionarios.
El ciclo negativo que destruye culturas de empresa
Aquí está la trampa para los founders y líderes de equipos: la receptividad a la jerga corporativa no es un problema individual aislado. Según el estudio, genera un ciclo de retroalimentación negativo muy difícil de romper.
El mecanismo funciona así:
- Empleados con alta tolerancia al bullshit corporativo identifican a los líderes que hablan ese mismo idioma vacío como más capaces y con mayor visión de futuro.
- Estos empleados, al tener poder de influencia o decisión, tienden a promover y premiar a líderes disfuncionales que perpetúan comunicaciones confusas e ineficientes.
- La cultura organizacional se llena de ambigüedad, reuniones sin conclusiones claras y estrategias imposibles de ejecutar, lo que impacta directamente en la reputación y las finanzas de la empresa.
Littrell describió los entornos de alta jerga corporativa como un «inodoro atascado de ineficiencia», contrastándolo con lo que debería ser la verdadera colaboración productiva. La metáfora es llamativa, pero la evidencia detrás es sólida.
Por qué esto importa especialmente en startups
En el ecosistema startup, donde los recursos son limitados y cada decisión cuenta, caer en la trampa de la jerga corporativa puede ser letal. No se trata solo del típico deck lleno de buzzwords para impresionar a inversores; el problema real ocurre puertas adentro.
Cuando un equipo empieza a valorar el discurso sobre la ejecución, las consecuencias son predecibles:
- Sprints sin entregables claros porque nadie se animó a cuestionar los objetivos abstractos.
- Contrataciones equivocadas porque el proceso evaluó el manejo del lenguaje aspiracional en lugar de habilidades concretas.
- Fundraising fallido porque el pitch sonaba bien internamente pero no respondía a las preguntas duras de los VCs.
La Corporate Bullshit Receptivity Scale (CBSR) apunta a convertirse en una herramienta de evaluación en procesos de selección de candidatos, aunque los investigadores advierten que se necesita mayor validación antes de aplicarla ampliamente en contextos de recursos humanos.
El antídoto: pensamiento crítico como ventaja competitiva
La buena noticia que deja el estudio es que el pensamiento crítico frente al lenguaje corporativo es medible, entrenable y seleccionable. Los founders que priorizan la claridad en la comunicación interna —ya sea en OKRs, retroalimentaciones o documentos de estrategia— están, de hecho, cultivando equipos más capaces de tomar decisiones de calidad bajo presión.
Algunas prácticas concretas que pueden marcar la diferencia en tu startup:
- Rituales de claridad: al final de cada reunión, exige que alguien resuma las decisiones tomadas en lenguaje simple. Si no se puede, la reunión no sirvió.
- Entrevistas con casos reales: en lugar de preguntar por valores aspiracionales, presenta escenarios de decisión con datos concretos y evalúa el razonamiento del candidato.
- Feedback directivo basado en hechos: cuando un líder de tu equipo use frases vagas, pregunta amablemente: «¿Qué significa eso en términos de acción concreta para la próxima semana?»
- Cultura de preguntas incómodas: el equipo que cuestiona el lenguaje ambiguo es el mismo que detectará antes los problemas de producto o mercado.
Lo que los líderes deben evaluar en sus propias organizaciones
Antes de señalar hacia afuera, el estudio de Cornell invita a una reflexión interna. Muchos founders, especialmente quienes han pasado por aceleradoras o han levantado capital de riesgo, han absorbido un vocabulario que puede parecer estratégico pero que en la práctica rellena el vacío donde debería estar la claridad.
Preguntas que vale la pena hacerse hoy:
- ¿Tus all-hands terminan con acciones claras o con frases inspiradoras imposibles de medir?
- ¿Los mejores players de tu equipo son los que mejor explican por qué algo importa, o los que mejor suenan en la presentación?
- ¿Tu última estrategia de producto puede explicarse en dos oraciones sin usar palabras como «ecosistema», «sinergias» o «disruptivo»?
Si las respuestas generan incomodidad, probablemente sea el momento de auditar la cultura comunicativa de tu organización antes de que el ciclo negativo que describe el estudio de Cornell empiece a cobrar factura.
Conclusión
El estudio de Shane Littrell y la Universidad de Cornell no es un simple experimento académico: es un espejo incómodo para el mundo corporativo y startup moderno. La jerga no solo no ayuda, sino que actúa como un filtro que atrae y retiene a personas con menor capacidad analítica, al tiempo que aleja a quienes priorizan la claridad y la ejecución. En un entorno donde cada decisión puede marcar la diferencia entre escalar o cerrar, la comunicación clara no es un lujo de estilo; es una ventaja competitiva real y medible. Los mejores equipos no se reconocen por lo bien que suenan, sino por lo bien que deciden.
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