PERSEI Space: deep tech española para limpiar la órbita

¿Cuánta basura hay realmente en la órbita terrestre?

Más de 1,2 millones de fragmentos de más de un centímetro orbitan la Tierra según la ESA. De los objetos mayores que la agencia sigue de forma regular — unos 47.080 — solo 15.900 siguen funcionando; el resto son satélites muertos, etapas de cohetes y restos de colisiones pasadas. Para un founder que vende satélites, conectividad o datos espaciales, esa cuenta es directamente un riesgo de balance: cada activo en órbita convive con miles de amenazas no catalogadas y una colisión puede destruir un satélite de cientos de millones de euros y multiplicar el número de fragmentos.

Las cifras se vuelven más inquietantes cuando se amplía la escala: existen más de 1,2 millones de fragmentos de más de un centímetro y más de 50.000 de más de diez centímetros alrededor de la Tierra. Y el problema no es solo ambiental. Una colisión puede generar miles de fragmentos nuevos y disparar el riesgo para otras misiones, advierte la ESA en su informe de 2026.

¿Cómo funciona la tecnología de PERSEI Space?

Ahí quiere entrar PERSEI Space, una deep tech española nacida en la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) que desarrolla sistemas capaces de desorbitar satélites sin utilizar combustible.

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Su tecnología se basa en algo aparentemente sencillo pero que encierra años de ingeniería: una amarra electrodinámica, una cinta conductora que se despliega desde el satélite y aprovecha la interacción entre la corriente eléctrica, la ionosfera y el campo magnético terrestre para generar una fuerza que modifica la órbita. En lugar de encender un motor, el propio entorno espacial hace el trabajo.

Jesús Manuel Muñoz Tejeda, doctor en Ingeniería y actual CEO, explica en El País que «el sector espacial es muy aspiracional y haces cosas que tienen gran impacto social. Pero tiene desafíos, como que es un sector conservador. Si ofreces algo nuevo, tiene que estar maduro para que la industria lo quiera adoptar». Su propuesta busca exactamente eso: madurar una alternativa a los propulsores químicos.

Una diferencia clave frente a la tecnología actual es que el sistema no necesita que el satélite esté operativo para desorbitarlo. Como resume el propio Muñoz, «con la tecnología actual, el satélite tiene que estar operativo para desorbitarse, y muchos de ellos al final de su vida útil no lo están. Por eso se convierten en basura espacial».

De la universidad al mercado: la trayectoria de PERSEI

PERSEI Space se fundó en 2023 como spin-off de la UC3M, aunque la tecnología llevaba años desarrollándose en proyectos europeos. Entre los fundadores están Muñoz Tejeda, Gonzalo Sánchez Arriaga (catedrático de Ingeniería Aeroespacial en la UC3M) y Manuel Sanjurjo Rivo.

El proyecto E.T.PACK-F, en el que participa PERSEI Space, contó con un presupuesto de 2,5 millones de euros financiado íntegramente por el European Innovation Council (EIC) y llevó la tecnología hasta TRL 8, el nivel que indica que el dispositivo está listo para demostración en condiciones reales. El dispositivo de vuelo se terminó en diciembre de 2025 y la demostración en órbita está prevista para 2027: un CubeSat de unas 12 unidades y menos de 20 kilos, equipado con una amarra de unos 420 metros.

En 2026, la compañía recibió una ayuda NEOTEC de 335.000 euros del CDTI para continuar el desarrollo hacia el primer producto comercial. Además, lidera el proyecto ECO-Tethers, financiado por la ESA con 300.000 euros, junto a Thales Alenia Space y Astroscale. El consorcio analiza cinco aplicaciones: desorbitado de satélites, retirada de etapas superiores, propulsión sin combustible, movilidad de vehículos de servicio y retirada activa de basura.

PERSEI Space ya prepara PEARSON, su primer producto comercial de desorbitado autónomo, pensado para integrarse en nuevos satélites o para retirar objetos en órbita. También desarrolla el Green Mobility Module (GMM), un sistema más pequeño destinado a satélites de entre 70 y 210 kilos. La lógica es directa: si los operadores van a tener que demostrar que sus misiones terminan de forma segura, un sistema que elimina el satélite sin combustible puede convertirse en una ventaja comercial.

En 2025, la compañía recogió 738.000 euros entre aportaciones de instituciones y contratos, según El País. En marzo de 2026 fue reconocida como la startup con mayor potencial e impacto de la Comunidad de Madrid en los Premios EmprendeXXI, entre 199 candidaturas. En agosto de 2026 completó su incubación de dos años en el ESA BIC Madrid y en junio abrió un nuevo laboratorio en Leganés.

La economía de limpiar el espacio: un mercado que se acelera

La oportunidad de PERSEI aparece porque el mercado espacial está creciendo. Desde el comienzo de la era espacial se han lanzado unos 7.320 cohetes que han colocado unos 27.490 satélites en órbita. De ellos, cerca de 18.840 siguen en el espacio, aunque solo unos 15.900 funcionan. Y la presión va a más: la ESA advierte en su informe de 2026 de que el crecimiento de las constelaciones comerciales puede hacer visible el llamado síndrome de Kessler (la reacción en cadena de colisiones) antes de lo previsto en algunas simulaciones.

Esto se traduce en cifras de mercado concretas. El segmento de space debris removal se estimó en torno a US$1.200M en 2025, según análisis recogidos por The Tech Edvocate, y distintas proyecciones lo sitúan entre US$2.000M y US$3.000M a principios de la década de 2030, con escenarios que podrían llevarlo hasta US$9.570M en 2035. Remover un solo objeto grande cuesta alrededor de US$90M por misión.

Para los operadores, demostrar que un satélite puede abandonar la órbita de forma controlada deja de ser opcional. Para las aseguradoras, reducir el riesgo de colisión tiene impacto directo en las primas. Para los gobiernos, mantener las órbitas utilizables es cuestión estratégica. Y para los desarrolladores de tecnología, aparecen tres vías claras: hardware integrado en satélites, contratos de servicio de retirada y módulos de propulsión sin combustible para operadores en órbita.

¿Quién compite en retirar basura espacial?

PERSEI Space no está sola. La japonesa Astroscale, uno de los nombres más conocidos del sector, demostró con su misión ELSA-d (2021) las tecnologías de captura magnética. Más recientemente, fue seleccionada para una misión posterior que capturará y desorbitará el segmento superior de un cohete japonés. La suiza ClearSpace, spin-off de la EPFL, lidera para la ESA la misión ClearSpace-1, cuyo objetivo es capturar la etapa superior Vespa (de unos 100 kilos, abandonada en 2013) con cuatro brazos robóticos y desorbitarla juntas. El presupuesto de ClearSpace-1 ronda los 100 millones de euros y el lanzamiento está previsto para 2026.

El marco regulatorio también empuja. La FCC estadounidense redujo en 2022 el plazo de desorbitado posterior a la misión de 25 a 5 años para sus titulares, según recoge AZoQuantum. La ESA impulsa el Zero Debris Charter, firmado por más de 20 países y 200 organizaciones, que compromete a reducir la creación de basura y promover prácticas responsables a lo largo de todo el ciclo de vida de las misiones.

¿Qué significa esto para tu startup?

Para founders que trabajan en sectores adyacentes (robótica, materiales avanzados, software de guiado y navegación, simulación orbital) hay tres implicaciones concretas:

  • El sector público europeo compra hardware espacial. La financiación europea (EIC, ESA, CDTI con NEOTEC) sostiene a PERSEI desde la fase universitaria. Para founders con tecnología dura aplicable al espacio, los programas europeos son una entrada realista con TRL maduro antes de buscar capital privado. Las vías (EIC Accelerator, ESA BIC, NEOTEC) son lentas pero permiten construir producto sin presión de retorno inmediato.
  • El hardware de infraestructura orbital abre nuevos modelos SaaS. El seguimiento de basura y la predicción de colisiones ya funciona como B2B SaaS: las plataformas ingieren información de radares, telescopios ópticos y satélites para alertar a operadores de maniobras evasivas. Si tu startup tiene capacidad en analítica de datos, simulación física o ciencia orbital, este nicho es menos intensivo en capital que construir hardware y se beneficia directamente de la presión regulatoria.
  • El problema ya es económico, no solo ambiental. Para founders B2B en sectores tan dispares como seguros, GNSS, observación de la Tierra o conectividad vía satélite: el coste de las colisiones y de los seguros asociados empieza a ser un factor de coste operativo. Las soluciones de desorbitado y movilidad orbital se van a integrar en los presupuestos de misión, no como un extra opcional.

Fuentes

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