Sebastián Bernales: 2 exits biotech por US$1.095M en 8 días

Una semana que movió US$1.095M para la biotech con sello chileno

El 18 de agosto, en las oficinas belgas de Droia Ventures cerca del aeropuerto de Bruselas, el científico chileno Sebastián Bernales recibió una noticia que ningún venture partner espera vivir dos veces en el mismo viaje: la venta de Alesta Therapeutics a BioMarin Pharmaceutical por US$275M upfront más hasta US$215M en hitos regulatorios. Ocho días antes, otra empresa del mismo portafolio —Actio Biosciences— ya había sido vendida a Jazz Pharmaceuticals por US$820M upfront más hasta US$500M en pagos contingentes. En total, más de US$1.095M en upfronts anunciados en una sola semana, con un venture partner chileno entre los artífices del capital que financió esas tesis.

¿Qué son Actio y Alesta, y por qué valen lo que valen?

Actio Biosciences es una biotecnológica en etapa clínica que traduce mutaciones mendelianas en medicinas de precisión. Su activo líder, ABS-1230, es un inhibidor oral del canal iónico KCNT1 para tratar una epilepsia pediátrica ultra-rara que no tiene terapia aprobada. Según el comunicado oficial de Jazz Pharmaceuticals del 10 de agosto de 2026, los niños treated en pruebas tempranas vieron reducciones significativas de crisis, y la molécula ya cuenta con las designaciones Fast Track, Rare Pediatric Disease y Orphan Drug de la FDA, además de haber sido aceptada en el programa RDEP (Rare Disease Evidence Principles). En EEUU, esta epilepsia afecta a unas 2.500 personas, según el mismo comunicado.

Alesta Therapeutics, por su parte, es una biotech holandesa en etapa clínica enfocada en enfermedades huérfanas. Su activo principal, ALE1, es una pequeña molécula oral para la hipofosfatasia (HPP), una enfermedad genética que impide la mineralización normal de huesos y dientes. El comunicado de BioMarin del 18 de agosto de 2026 lo describe como un potencial primer tratamiento oral para HPP, donde hoy solo existen terapias inyectables. En EEUU, más de 9.000 personas están diagnosticadas, aunque la enfermedad está subdiagnosticada, según la propia BioMarin.

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¿Qué tiene que ver Chile en todo esto?

Todo. Bernales no es un financista de sillón: es PhD en biología celular por la University of California, San Francisco (UCSF), donde cofundó Praxis Biotech junto a su mentor Peter Walter y los reconocidos biotecnólogos chilenos Pablo Valenzuela y Bill Rutter. Su rol en Droia Ventures —fondo belga especializado en biotech fundado por Luc Verelst y Janwillem Naesens en 2014— es servir de puente con la costa Oeste de EEUU, evaluar ciencia y, sobre todo, levantar capital en geografías donde el fondo no tenía llegada.

Esa palanca funcionó con Chile. Para el Fondo III de Droia (cerrado en 2021 y enfocado en enfermedades genéticas), Bernales ayudó a suscribir cerca de US$12M entre LarrainVial y family offices chilenos como Amarena (de los Angelini) y Juan Cristóbal Pavez. Parte de ese capital terminó financiando a Actio Biosciences. Y en paralelo, Bernales cofundó con Droia Alesta Therapeutics a través de Praxis Biotech, donde los inversores locales —Pablo Valenzuela, Isidoro Quiroga, Amarena, José Luis del Río y el propio Bernales— vieron cómo la molécula oral para HPP se licenciaba y avanzaba hasta su venta a BioMarin.

Según el propio Bernales, con la operación de Actio Droia va a devolver más de la mitad del Fondo III a sus inversionistas en un solo movimiento. Es decir: la tesis chilena —apostar a ciencia tan temprana y riesgosa como biotecnología— está generando retorno medible.

Por qué estas dos operaciones no son casualidad

Ambas comparten tres rasgos que el ecosistema biotech global está pagando con prima en 2026:

  • Activos clínicos en enfermedades raras sin terapia aprobada. El 80% de los pacientes con epilepsia KCNT1+ desarrolla síntomas en la infancia y muchos nunca llegan a caminar ni hablar, según el comunicado de Jazz. Donde no hay estándar de cuidado, las grandes farma están dispuestas a pagar upfronts altos para asegurar opcionalidad.
  • Oral sobre inyectable. Tanto ABS-1230 como ALE1 son moléculas orales que competirían con terapias inyectables existentes. La conveniencia oral cambia la economía del producto y la velocidad de adopción.
  • Momento de ciclo. Tras la corrección biotech de 2022, el sector volvió a activarse con fuerza hacia 2025. La razón estructural es el patent cliff: de aquí a 2030, las grandes farmacéuticas perderán la protección de propiedad intelectual de varias terapias blockbuster en cáncer, enfermedades cardiovasculares e inmunológicas, y necesitan reponer pipelines. Eso las tiene comprando empresas chicas con activos clínicos.

A esto se suma un cambio geopolítico: según el artículo de Diario Financiero, cerca de la mitad de los grandes acuerdos de licenciamiento de las grandes farma en 2025 involucraron tecnologías originadas en China, lo que obliga a EEUU y Europa a reaccionar y a valorar más su propia ciencia temprana.

¿Qué significa esto para tu startup?

Este caso sirve para founders de biotech —y, por extensión, de cualquier vertical deep tech— que se preguntan si vale la pena construir ciencia desde mercados chicos como Chile o LATAM.

Acciones concretas que puedes tomar hoy:

  • Estructura tu ronda desde la geografía correcta, pero apuntando al comprador correcto. Bernales no levantó los US$12M en Chile para que se quedaran en Chile: el capital local financia activos clínicos cuyo exit natural es una farma global. Si tu tesis es deep tech, diseña el cap table con inversores que entiendan que el retorno viene de un M&A cross-border, no de un IPO local.
  • Mapea las ventanas regulatorias que están acelerando tu categoría. ABS-1230 no se vendió en US$820M solo por la ciencia: la FDA le dio Fast Track, Rare Pediatric Disease, Orphan Drug y entrada al RDEP. Esas designaciones son herramientas de pricing de tu salida; entérate cuáles aplican a tu activo antes de tu próxima ronda.
  • Construye un puente humano con un mercado comprador. El rol de Bernales en Droia no era escribir cheques: era traducir ciencia chilena para socios belgas y traer capital chileno a tesis belgas. Si tu startup late-stage quiere un exit, ese puente humano con un fondo o farma especializada suele pesar más que el deck.

Conclusión

Los dos exits en 8 días de Sebastián Bernales no son un golpe de suerte: son la culminación de una tesis de 12 años —Droia nació en 2014— que apostó por construir compañías desde ciencia temprana, con capital de distintas geografías y socios que comparten el riesgo. Para founders hispanohablantes, la lección no es invierte en biotech, sino: si inviertes en ciencia difícil, diseña el camino al comprador global desde el día uno.

Fuentes

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