Una orden para borrar la palabra «artificial»
El 9 de octubre de 2026, el presidente de EEUU, Donald Trump, elevó su campaña de rebranding de la inteligencia artificial a una declaración política: «The White House considers anyone that uses the term, ‘Artificial Intelligence,’ as opposed to the highly accepted new and more accurate term, ‘Super Intelligence,’ THE ENEMY!», según reportó Hromadske citando un mensaje en Truth Social. El texto llega diez días después de que Trump firmara, el 29 de septiembre, una orden ejecutiva que ordena a las agencias federales sustituir «Artificial Intelligence» y «AI» por «Super Intelligence» y «SI» en sus comunicaciones, sitios web, informes y documentos regulatorios, de acuerdo con Business Insider.
Qué cambia en la práctica (y qué no)
La orden ejecutiva instruye a las agencias a usar «Super Intelligence» en lugar de «AI» «donde sea legalmente posible», según Business Insider. El asesor de ciencia y tecnología del presidente tiene 60 días para proponer una legislación que establezca una definición federal de «Super Intelligence» y revise las referencias a IA en leyes existentes. Las regulaciones, contratos y documentos históricos ya emitidos no tienen que reescribirse.
El cambio ya se hizo visible dentro de la propia administración. El Center for AI Standards and Innovation (CAISI), que a su vez ya era un rebranding del AI Safety Institute, ahora se llama Center for Advancing Innovation and Standards for Super Intelligence (CAISSI), según The Verge. El Departamento de Justicia modificó comunicados de prensa: un caso de fraude musical con IA cometida entre 2017 y 2024 fue rebautizado como «Super Intelligence-Assisted Music Streaming Fraud».
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👥 Probar 7 díasPero el cambio tiene límites claros. La orden no puede obligar al Congreso, y la expresión «artificial intelligence» sigue apareciendo en leyes vigentes que las agencias federales deberán citar en los tribunales, como el Take It Down Act, la ley firmada por el propio Trump contra la difusión no consensuada de imágenes íntimas, recuerda The Verge.
El choque con la nomenclatura científica
«Superintelligence», en una sola palabra, no es un invento de Trump. El término se popularizó con el libro homónimo de Nick Bostrom en 2014 y se refiere a una IA hipotética capaz de superar la cognición humana, no a toda la categoría de IA actual, como recuerda The Verge. Esa diferencia ya está generando fricciones políticas: el senador Bernie Sanders (I-VT) y el representante Greg Casar (TX) presentaron el 3 de septiembre de 2026 el Ban Artificial Superintelligence Act, una ley que prohíbe precisamente la «superinteligencia artificial» en suelo estadounidense, según Unite.ai y Associated Press.
El proyecto de Sanders contempla la creación de un Department of Artificial Intelligence, la suspensión del desarrollo de IA más avanzada hasta que se aprueben normas federales, y penas de hasta 20 años de prisión para quien las viole, equiparables a las sanciones por desarrollar armas nucleares de forma ilegal, según el resumen de los patrocinadores difundido por AP. Esa misma legislación, sin embargo, mantiene la palabra «Artificial» en el nombre del nuevo departamento, lo que deja a la Casa Blanca en una paradoja: pedir borrar «artificial» mientras el Congreso debate cómo regular lo que llama «superinteligencia artificial».
Quiénes se subieron al cambio (y quién no)
Las grandes figuras del sector tecnológico que más rápido se alinearon con Trump tras su elección son las que más rápido adoptaron el nuevo término, según The Verge y Business Insider:
- Elon Musk prometió renombrar SpaceXAI como SpaceXSI.
- Jeff Bezos dijo que le gusta el cambio porque «artificial no es algo muy halagador».
- Jensen Huang, CEO de Nvidia, adoptó el término tras ser llamado al escenario por Trump el mes pasado.
- Sam Altman, de OpenAI, elogió el cambio pero aclaró que OpenAI no cambiará su nombre.
En el evento de firma de la orden ejecutiva, el CEO de Anthropic, Dario Amodei, también habló brevemente, aunque insistió en que la IA debe perseguirse «dentro de parámetros de seguridad», según Business Insider. Anthropic aparece mencionada en el anuncio del proyecto de Sanders entre las compañías que, junto con OpenAI y Meta, «han reconocido en semanas recientes» episodios en los que su IA se escapó del control humano, reportó Unite.ai.
La opinión pública, el factor ignorado
El intento de Trump de empujar un rebrand por decreto llega cuando la confianza del público estadounidense en la IA está cayendo. Una encuesta del AP-NORC Center for Public Affairs Research y el Energy Policy Institute de la Universidad de Chicago, recogida por Associated Press, muestra que el 53% de los estadounidenses está «extremadamente» o «muy» preocupado por los impactos ambientales de la inteligencia artificial, frente al 41% del año anterior. La preocupación por el impacto local de los data centers, la infraestructura que Trump insiste en acelerar, aparece como una de las principales quejas tangibles.
El propio Trump llegó a afirmar, según Hromadske, que el sector podría llegar a representar hasta el 25% del PIB estadounidense. Es una proyección que contrasta con el escepticismo creciente en las encuestas y con la narrativa oficial de la Casa Blanca de que la construcción de data centers será «muy popular», como recuerda The Verge.
El efecto colateral improbable: el dominio .si de Eslovenia
El cambio de nomenclatura disparó una consecuencia inesperada: los registros de dominios bajo .si, el código de país de Eslovenia (país de origen de la primera dama Melania Trump), pasaron de menos de 2.500 mensuales a más de 40.000 en septiembre de 2026, según datos del registro esloveno Register.si recogidos por Snopes y Yahoo News. Un periodista independiente sugirió en redes que hubo collusion con allegados de Trump para hacer domain squatting, una teoría que la Casa Blanca negó y que Snopes no pudo verificar de forma independiente.
¿Qué significa esto para tu startup?
Aunque la orden ejecutiva solo aplica a la rama ejecutiva federal de EEUU, las ondas llegan al sector privado y a los mercados globales. Algunas implicaciones prácticas para founders:
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Adapta tu lenguaje si vendes al gobierno de EEUU. La orden instruye a preferir «Super Intelligence» y limita el uso de «AI» en documentos oficiales, reportó Business Insider. Si aspiras a vender software, servicios o infraestructura a agencias federales, conviene revisar cómo nombras tu categoría en pitches, white papers y casos de uso. Usar «AI» donde el comprador espera «SI» puede generar fricciones con procurement federal.
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No renombres tu marca todavía. Sam Altman dejó clara la posición de OpenAI: la empresa no cambiará de nombre. Forzar un rebranding interno (de «AI» a «SI» en producto, marketing o decks para inversores) sin que el mercado lo pida puede generar confusión y debilitar tu posicionamiento actual. El término «superintelligence» ya existía en la academia con un significado mucho más restrictivo que el que le está dando la Casa Blanca, como recuerda The Verge. Mezclar ambos usos en tu branding te costará credibilidad técnica.
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Anticípate a la fragmentación regulatoria. Mientras el Congreso de EEUU debate el Ban Artificial Superintelligence Act y la administración Trump acelera la construcción de data centers, la UE y varios países de LATAM avanzan con marcos de IA más detallados, como el AI Act europeo. Si operas en varias jurisdicciones, mantén un glosario interno flexible que mapee «AI», «SI», «superinteligencia artificial» y «frontier model» a las definiciones legales de cada mercado.
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Vigila el debate sobre data centers y consumo energético. La encuesta AP-NORC/EPIC que cita Associated Press muestra que la preocupación ambiental sobre la IA subió al 53% en 2026, desde el 41% del año anterior. Si tu startup consume cómputo intensivo (LLMs, training, inference a escala), considera publicar métricas de eficiencia energética o compromisos de uso de energía renovable: es un argumento que ya resuena en procurement europeo y empieza a pesar en el americano.
Conclusión
El intento de Trump de renombrar la inteligencia artificial como «super intelligence» no es solo un ejercicio de branding presidencial: es un campo de batalla donde chocan la política industrial, la nomenclatura científica y la opinión pública. La orden ejecutiva del 29 de septiembre tiene dientes dentro del gobierno federal, pero enfrenta la resistencia del Congreso, de la academia, de los propios aliados de Trump en Silicon Valley y de una ciudadanía cada vez más escéptica. Para los founders, el mensaje práctico es claro: adapta tu lenguaje cuando hables con Washington, no rebrandees tu producto sin motivo, y prepárate para una regulación que seguirá usando la palabra «artificial» aunque la Casa Blanca la declare «enemiga».
Fuentes
- Trump’s attempt to rename AI is looking awfully artificial (fuente original)
- Donald Trump orders federal agencies to rename AI ‘Super Intelligence’
- Investigating claim Trump’s ‘super intelligence’ order was a ploy to profit off .si domain names
- Trump calls people who say ‘artificial intelligence’ instead of ‘super intelligence’ enemies
- Sen. Bernie Sanders unveils bill to ban artificial superintelligence and create Department of AI
- Sanders and Casar Unveil Bill to Outlaw Superintelligent AI in the U.S.
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