El regreso del moonshot: por qué Silicon Valley volvió a apostar por lo «imposible»
Durante casi dos décadas, el venture capital (VC) pareció olvidarse de lo que lo hizo grande. La fórmula dominante fue software como servicio (SaaS), retornos predecibles y planillas de cálculo. Esa era terminó, y la inteligencia artificial está empujando a los inversores de vuelta hacia los proyectos más ambiciosos: fusión nuclear, interfaces cerebro-computadora, energía solar desde el espacio y manufactura orbital. La pregunta ya no es si una idea es demasiado descabellada, sino quién la ejecuta antes que el competidor.
¿Qué cambió en el venture capital?
El catalizador tiene nombre y precio de mercado: SpaceX salió a bolsa en junio de 2026 con una valoración aproximada de US$1,77 billones (según S-1 reportado por TechCrunch), lo que convirtió a quienes entraron temprano en ganadores descomunales. Founders Fund, por ejemplo, convirtió una inversión cercana a los US$20 millones en la Serie C de 2008 en una posición valorada en alrededor de US$50.000 millones al debut bursátil, según datos de PitchBook citados por The Motley Fool. Ese tipo de retorno crea una presión psicológica enorme en cualquier合伙人 que dejó pasar esa primera ola.
Al mismo tiempo, las valoraciones del software tradicional se comprimieron. Lo que el artículo original describe como la «SaaSpocalypse» del año borró cientos de miles de millones de dólares de capitalización en acciones del sector, y parte de ese valor volvió a recuperarse tras resultados de Salesforce.com. La lectura que hacen firmas como Accel, Lightspeed y Plural es directa: los moats defensivos del software puro están amenazados y los grandes retornos se han mudado a otro lugar.
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Sin contar las enormes sumas destinadas a startups de IA, la inversión global en deep tech ha superado los US$150.000 millones desde comienzos de 2024, según Dealroom. Es más que los US$133.000 millones invertidos durante toda la década que terminó en 2019. El número importa porque muestra que el dinero ya se movió, no es una hipótesis: hay un ciclo en marcha.
Las mayores operaciones de deep tech de 2026, fuera de IA, incluyen a las startups espaciales Sierra Space, Axiom Space e Iceye, junto con las de fusión Helion, Proxima e Inertia. Todas comparten dos rasgos: capital intensivo y horizonte de salida largo. El retorno solo se materializa si el proyecto sobrevive a la fase científica.
La IA como nuevo laboratorio de I+D
La aceleración no es solo de capitales. La IA está recortando drásticamente el costo de experimentar «in silico» antes de tocar el mundo físico. Según Carina Namih, inversora de Plural, «la intensidad de capital necesaria para obtener esos retornos realmente ha cambiado». En la práctica, simulaciones que antes requerían prototipos caros ahora se validan en horas, lo que abarata la apuesta inicial y permite a los founders iterar antes de buscar capital para construir hardware.
Ariel Ekblaw, directora del Aurelia Institute, lo resume así: productos completos que antes requerían meses de prototipado «pueden reconstruirse en un día». Esa compresión del ciclo de experimentación es la que justifica que VCs vuelvan a financiar ideas que, dos años atrás, habrían sido rechazadas en el primer comité.
El sector espacial, el nuevo campo de juego
El espacio se convirtió en el laboratorio favorito de este nuevo ciclo. Star Catcher, con sede en Florida, recaudó US$65 millones en mayo de 2026 para construir una red eléctrica en el espacio mediante transmisión óptica de energía. Startups como Overview Energy y Reflect Orbital planean colocar enormes espejos en órbita que reflejen luz solar hacia la Tierra para generar energía verde de noche. Astro Teller, capitán de moonshots de Alphabet, ahora pasa más tiempo evaluando viabilidad técnica y de negocio en proyectos como Bellwether, un sistema de predicción de desastres naturales basado en IA.
La lectura estratégica detrás de todo esto es que la barrera de entrada al espacio se derrumbó. Si los fundadores de moonshots espaciales pueden prototipar en software y lanzar cuando el diseño esté validado, el costo de fallar cae, y con él, la aversión al riesgo de quien escribe el cheque.
La advertencia de los que ya vieron una burbuja
No todos compran la euforia. Joshua Kushner, fundador de Thrive Capital, escribió en su primera carta a inversores que «dejar que el entusiasmo debilite la disciplina de inversión» sería un error grave, según reportó Bloomberg. Su firma maneja US$60.000 millones bajo administración y logra un IRR bruto del 41%. La diferencia con Silicon Valley, argumenta, es que Thrive concentra el 90% de su capital en las 15 principales apuestas de cada fondo.
El contraste no es menor: mientras algunos VCs vuelven a financiar la próxima SpaceX, otros insisten en que el retorno asimétrico se construye con concentración, no con spray-and-pray. Para un founder, esto significa que la financiación moonshot existe, pero viene con un nivel de exigencia nuevo: o tu tesis convence en profundidad, o no pasa el filtro.
¿Qué significa esto para tu startup?
El escenario para founders hispanohablantes tiene tres lecturas concretas:
- Si trabajas en deep tech (hardware, biotecnología, energía, espacio): por primera vez en una década, el capital está mirando tu sector. La IA reduce el costo de simulación, lo que te permite prototipar antes de pedir una ronda grande. Aprovechá para diseñar tu experimento más arriesgado en software antes de tocar capital intensivo.
- Si construyes SaaS tradicional: el mensaje del mercado es que los moats defensivos se erosionan. La pregunta que te hará un VC hoy no es cuánto factura tu software, sino qué datos propietarios o qué experiencia cliente te hacen insustituible frente a un modelo de IA. Empezá a documentar eso antes de tu próxima ronda.
- Si aspiras a un cheque moonshot: los VCs están dispuestos a financiar ideas grandes, pero esperan evidencia de que la IA acorta tu ciclo de experimentación. Un deck que muestre simulaciones in silico, iteración rápida y un hito verificable en física o biología pesa más que uno con sólo proyecciones financieras.
El VC ya no premia solo ejecución eficiente: premia apuestas grandes con velocidad de iteración. Para founders en LATAM y España, donde el capital es más caro y escaso, esa velocidad es la ventaja competitiva real.
Fuentes
- Silicon Valley vuelve a apostar por lo imposible gracias a la inteligencia artificial | Diario Financiero
- Who will benefit most from SpaceX IPO? Mostly Elon — and a few from his inner circle | TechCrunch
- Here’s who owns the most SpaceX stock | The Motley Fool
- Thrive’s Joshua Kushner chides Silicon Valley VCs over AI euphoria | TechCrunch
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