Olesym: la startup CSIC-UPV que sustituye el aceite de palma

El aceite de palma y el petróleo, los dos pilares ocultos de tu champú

La mayoría de champús, geles, detergentes y suavizantes incluyen en su formulación alcoholes grasos y surfactantes que casi nadie sabe de dónde vienen. Cerca del 90% de la masa total de surfactantes del mundo procede del petróleo y del aceite de palma, según el análisis sectorial publicado por Agribusiness Global en 2026 sobre la cadena de suministro de estos ingredientes. El mercado global ronda los 20 millones de toneladas anuales y US$50.000 millones, una escala que explica por qué los fabricantes europeos están obligados a buscar alternativas.

Esa dependencia es el punto de partida de Olesym Chemicals, la nueva empresa de base tecnológica impulsada por el Instituto de Tecnología Química (ITQ), centro mixto del CSIC y la Universitat Politècnica de València (UPV). La startup, que acaba de iniciar su etapa de validación en planta piloto, propone una tercera vía: fabricar esos mismos ingredientes a partir de gas de síntesis renovable, obtenido de residuos de biomasa o de CO₂ capturado en industrias pesadas.

Cómo funciona la tecnología de Olesym

El proceso se basa en más de diez años de investigación conjunta del ITQ y el Instituto Max Planck de Alemania, según explica el CSIC en el comunicado sobre la spin-off. A partir de syngas —una mezcla de hidrógeno y monóxido de carbono que puede obtenerse de fuentes renovables— la compañía produce alcoholes grasos de cadena larga, los mismos que hoy se derivan del aceite de palma o de parafinas petroquímicas.

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Lo diferencial, según destaca Gonzalo Prieto, cofundador y director de estrategia científica (CSO) de Olesym e investigador del CSIC, es que se trata de un proceso termocatalítico: usa calor y un catalizador para forzar las reacciones químicas, sin microorganismos modificados genéticamente ni rutas biotecnológicas. Eso acerca los rendimientos a los de la petroquímica convencional, lo que en la práctica significa un coste más competitivo que el de los biosurfactantes basados en fermentación que están empezando a comercializarse.

Ilaria Ceteroni, coinventora de la tecnología y CTO de la empresa, insiste en que la transición a escala piloto es la etapa en la que se juega la partida: se trata de "validar la robustez del proceso, producir los volúmenes necesarios para la cualificación técnica y comercial con clientes clave, en formulaciones reales", resume en la nota.

De la academia a la planta piloto: GreenRuptive Innovation Hub

Olesym opera desde GreenRuptive Innovation Hub, el espacio de innovación y escalado tecnológico del ITQ en Paterna (Valencia). Allí ha pasado de la validación en laboratorio —financiada con dos proyectos del Consejo Europeo de Investigación (ERC)— a la fabricación de las primeras muestras que servirán para que potenciales clientes prueben los ingredientes en sus propios productos.

El posicionamiento de la compañía responde a una presión regulatoria y de mercado cada vez más explícita. La Regulación Europea contra la Deforestación obliga a las empresas que importan derivados del aceite de palma a rastrear y documentar toda la cadena, lo que ha encarecido y complicado el suministro para fabricantes europeos de detergentes y cosméticos, según recoge el análisis sectorial citado. A esto se suman las restricciones a la presencia de dioxano en productos de consumo (1 ppm en California y Nueva York), que han empujado a los formuladores a buscar químicas alternativas a los etoxilatos tradicionales.

Una reducción de huella de carbono del 75% al 90%

El argumento cuantitativo de Olesym es directo: la tecnología permitiría reducir la huella de carbono de estos ingredientes entre un 75% y un 90%, dependiendo de si la materia prima procede de residuos de biomasa agrícola y forestal o de CO₂ capturado en cementeras y acerías. La horquilla es relevante porque cubre los dos grandes sumideros de carbono industriales disponibles en Europa.

La propia startup advierte en el comunicado que estas previsiones tienen que confirmarse a medida que la tecnología avance hacia su validación industrial —es decir, las cifras son proyecciones de las simulaciones actuales, no mediciones de planta en operación—. Aun así, la propuesta de valor es atractiva para marcas con compromisos públicos de descarbonización tipo Science Based Targets, que necesitan alternativas europeas trazables para cumplir sus hojas de ruta.

Premios y tracción inicial

Olesym ha sumado en poco tiempo varios reconocimientos del ecosistema emprendedor español: el EBTON-Converge Award 2025 como mejor proyecto emprendedor surgido del CSIC a nivel nacional, el SPIN-UPV 2025 dentro de la competición de innovación de la UPV, y un Santander X Award 2026 a proyectos emprendedores incipientes en España. Son señales tempranas de validación institucional más que comercial, pero ayudan a abrir la siguiente ronda de financiación y a cerrar acuerdos con formuladores industriales.

¿Qué significa esto para tu startup?

Aunque Olesym opera en un nicho muy especializado (química fina, B2B, ciclos largos de cualificación), su caso deja tres lecciones replicables para founders de deeptech en España y LATAM:

  • Apóyate en programas públicos antes de hablar con inversores. Los dos proyectos ERC que financiaron la I+D son dinero no dilutivo. Si tu tecnología nace en una universidad o centro público español, mapea programas análogos (ERC, EIC Accelerator, CDTI, Misiones UPV) antes de abrir una ronda. Te dan tiempo, validación y reputo.
  • Diseña un piloto "vendible" desde el día uno. Olesym produce muestras para que los clientes prueben el ingrediente en su formulación real. Esa capacidad de enviar kilos, no solo gramos, es lo que separa un paper de un contrato. Planifica tu escalado pensando en el formulario del cliente final, no solo en tu reactor.
  • Traduce tu impacto ambiental a un porcentaje verificable, con asunciones declaradas. El rango "75-90% menos CO₂" es defendible precisamente porque depende de la materia prima y la compañía lo explicita. Una horquilla honesta con caveats claros es más creíble para un comprador corporativo que una promesa redonda sin condiciones.

Conclusión

Olesym Chemicals no va a sustituir al aceite de palma este año ni, según el análisis sectorial disponible, probablemente en esta década: el mercado mundial de surfactantes se apoya de forma estructural en el petróleo y las plantaciones de palma, y cambiar eso lleva décadas, no trimestres. Pero la startup apunta a un modelo de química industrial europea basada en residuos y CO₂ capturado que, si los números de la fase piloto se confirman, podría abrir una vía de soberanía industrial real para una industria cosmética y de limpieza que hoy depende de Asia y de los trópicos.

Para founders, el caso demuestra que las oportunidades deeptech más interesantes en 2026 no están solo en software con IA: están en la intersección entre ciencia de materiales, regulación europea y demanda corporativa de descarbonización. Es un nicho lento, técnico y mal financiado —y precisamente por eso está abierto.

Fuentes

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