Flock: CEO no ha rescindido contratos pese a abusos

Flock Safety no ha rescindido ni un solo contrato con un departamento de policía por abuso de su tecnología. Así lo confirmó su CEO, Garrett Langley, en el escenario de TechCrunch Disrupt 2026 en San Francisco, frente a la editora jefe de TechCrunch, Connie Loizos. La empresa opera más de 100.000 cámaras lectoras de matrículas en Estados Unidos y su base de datos nacional permite rastrear vehículos y personas en todo el país.

Para un founder que vende software a gobiernos o a fuerzas de seguridad, la frase es una clase completa de gestión de crisis y de riesgo reputacional. Y llegó en el peor momento posible: mientras Langley hablaba, afuera del recinto había manifestantes con réplicas de cartón de las cámaras de Flock en la cabeza y carteles que decían «Flock off».

Qué dijo exactamente Garrett Langley en Disrupt 2026

Langley sostuvo que la compañía sí cortaría la relación con un cliente ante un abuso claro y generalizado de su sistema. «Si un cliente rompió la ley a sabiendas, lo despediríamos de inmediato. Eso es muy fácil», afirmó. Pero admitió que eso no ocurrió todavía: «Hoy no hemos despedido a ningún cliente, pero no está descartado en el caso de un problema grave de legalidad».

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El matiz que puso sobre la mesa es incómodo para cualquier startup con clientes institucionales: buena parte del debate interno, dijo, gira en torno a casos ambiguos —por ejemplo, dos oficiales de cincuenta— y la empresa decidió no retirarle el producto a una comunidad que, según su argumento, lo necesita para combatir el delito.

La noticia llega después de una corriente de reportes que identificaron a decenas de policías arrestados, despedidos o forzados a renunciar tras abusar del acceso a la base nacional de detecciones de matrículas de Flock, muchas veces para acechar a personas sin permiso. El propio artículo de TechCrunch documenta que la empresa ha sido señalada por reactivar cámaras contra la voluntad de sus clientes, y que vecinos han llegado a taparlas con bolsas de basura o a destruirlas.

Sobre una posible venta a Axon —fabricante de tasers y cámaras corporales que algunos municipios eligieron como reemplazo—, Langley fue tajante: la compañía no está considerando vender. «No, no tenemos ningún deseo de vender la empresa».

Las cifras que explican por qué la presión no baja

El negocio de Flock es grande y creció rápido. Según WIRED, la compañía fue fundada en 2017 y levantó capital con una valoración superior a 8.000 millones de dólares en una ronda que cerró en abril, acumulando alrededor de 1.200 millones de dólares en capital de riesgo.

Pero el frente comercial se está agrietando. El mismo reporteo de WIRED señala que Flock ofreció un programa voluntario de retiro a sus empleados —con unos 1.500 trabajadores en plantilla— y que una organización de activistas identificó 93 gobiernos locales y de condado que cortaron lazos con la empresa solo en agosto. En el acumulado de 2026, aproximadamente el triple de gobiernos locales abandonó a Flock respecto de los cinco años anteriores, según WIRED.

El goteo de cancelaciones tiene nombres y números:

  • Boston abandonó a Flock después de que un error del proveedor habilitara la compartición de datos a nivel nacional, en violación de una cláusula del contrato, según reportó Ars Technica. La ciudad ya inició pruebas con Motorola en febrero y con Axon en junio.
  • Los supervisores del condado de Milwaukee votaron 16-0 para retirar 42 cámaras de Flock de los parques del condado, según Urban Milwaukee, que también documenta que el alguacil local bajó la retención de datos a siete días ante la presión pública.
  • En Eastpointe, Michigan, el consejo municipal terminó el contrato tras confirmar que dos empleados usaron mal el sistema. Su jefe de policía había defendido la herramienta argumentando que las 18 cámaras del municipio ayudaron a resolver 39 delitos en 2024, 54 en 2025 y 46 en lo que va de 2026, según ClickOnDetroit.
  • CNET reporta que más de 50 ciudades ya cancelaron contratos con Flock, y que Sheboygan y el condado de Racine en Wisconsin están entre las administraciones que cortaron por posibles incumplimientos del acuerdo.

La presión regulatoria ya no es solo activismo

El frente político escaló en paralelo. El fiscal general de Carolina del Sur, Alan Wilson, envió una carta al CEO de Flock pidiendo detalles sobre el uso de IA, las restricciones de acceso y las políticas de retención de datos, y pidió respuesta en 30 días, según The Post and Courier. En esa carta Wilson menciona que la red de Flock cubre más de 120.000 cámaras en 49 estados.

A nivel federal, el senador Ron Wyden apuntó en una carta abierta —recogida por CNET— que el 75% de los clientes policiales de Flock están inscritos en la herramienta nacional de búsqueda compartida. Ahí está el nudo del problema: Flock no tiene contrato directo con ICE, pero la agencia accedió a datos de Flock en el pasado a través de departamentos locales que sí son clientes, según la fuente original.

Mientras eso pasa, los operadores del sector siguen con la mira puesta en el impacto real de la tecnología: un estudio de investigadores de la Universidad de Carolina del Sur citado por The Post and Courier sugiere que estas cámaras pueden ser útiles para recuperar autos robados.

¿Qué significa esto para tu startup?

La historia de Flock no es sobre vigilancia únicamente. Es sobre qué pasa cuando tu producto tiene usos que no controlas y tus clientes son instituciones que responden a presión política.

1. El abuso de un cliente es tu riesgo, no solo el suyo. Boston canceló por un error de configuración del proveedor, no por una decisión de la ciudad. Si tu producto maneja datos sensibles, la configuración por defecto y los logs de auditoría son parte del producto, no del soporte.

2. Definir el umbral de rescisión de antemano. Langley dijo que cortaría a un cliente que rompiera la ley a sabiendas, pero también que no lo hizo nunca. Sin un criterio escrito y público, la decisión se percibe como conveniencia comercial. Un umbral claro —y aplicado una vez— compra credibilidad para todas las veces siguientes.

3. La concentración de clientes institucionales es frágil. Cuando un ayuntamiento cambia de signo político, tu contrato entra en la conversación del presupuesto. Milwaukee, por ejemplo, movió el dinero que destinaba a Flock a un programa de asistencia legal, según Urban Milwaukee. Diversifica verticales y geografías antes de que la política local decida por ti.

4. La moral interna también se rompe. Langley admitió en el podcast All-In —citado por WIRED— que el mayor daño de la polémica había sido la moral interna del equipo. En startups con misión fuerte, el desgaste del propósito se lleva gente clave y es más caro de reponer que un contrato perdido.

Tres acciones concretas que puedes implementar esta semana

  • Audita los caminos de mal uso de tu producto. Haz la lista de las cinco formas en que un cliente podría usar tu software para dañar a un tercero y verifica qué control técnico tienes para cada una. Si la respuesta es «ninguno», ahí está tu próximo sprint.
  • Registra toda acción sensible y revísala. Flock cuenta con un sistema de auditoría que registra cada búsqueda de un usuario, y ese registro fue lo que permitió resolver un caso interno en Georgia, según CNET. Diseña ese log antes del primer cliente grande, no después.
  • Blinda tus contratos de compartición de datos. El caso de Boston muestra que una cláusula explícita no basta si la configuración técnica la contradice. Documenta quién puede activar o desactivar la compartición y con qué autorización.

Conclusión

Flock tiene un negocio de más de 100.000 cámaras, una valoración que superó los 8.000 millones de dólares en abril y un CEO que dice que no piensa vender. También tiene 93 gobiernos locales que cortaron lazos en un solo mes, más de 50 ciudades que cancelaron contratos y fiscales estatales pidiendo explicaciones.

La lección para cualquier founder B2G o B2B con datos sensibles es simple y dura: la tecnología no se juzga solo por lo que hace bien, sino por lo que permite hacer mal. Quien define ese límite antes de que lo defina un concejo municipal tiene la conversación a su favor. Quien lo deja abierto, la pierde en el escenario.

Fuentes

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