Rebeca Hwang: lo humano, el diferencial ante la IA

Rebeca Hwang en +CTG 2026: el 30% de sus alumnos ya abandona por frustración

El 30% de los alumnos de Rebeca Hwang abandonó este año un ejercicio de apenas once minutos por frustración. Para la profesora de Stanford University, es un dato sin antecedentes en sus trece años como docente y una señal de alarma: la motivación humana se debilita justo cuando la inteligencia artificial gana autonomía.

Hwang lo planteó en la apertura de +CTG 2026, la cumbre latinoamericana de economía creativa que organiza la UCEP y que celebró su undécima edición en el Centro de Convenciones de Cartagena de Indias, Colombia, entre el 28 y el 30 de octubre, bajo el concepto “Tiempo de dicotomías”, según la cobertura de Revista P&M. Su charla se tituló “La IA y el futuro de la creatividad: cómo usarla para expandir la capacidad humana”.

Para un founder, el mensaje es directo: si tu equipo pierde la motivación al mismo ritmo al que gana herramientas, la IA no te va a salvar. Te va a dejar solo con un problema más grande.

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La metáfora de la flor de paraíso: qué florece cuando la existencia peligra

Hwang abrió su conferencia con una pregunta: “¿Cuál es la flor de paraíso de los seres humanos?”. Mostró dos imágenes de la Strelitzia reginae, la planta conocida como flor de paraíso. En la primera, la flor parece un ave de alas naranjas y cuerpo azulado. En la segunda, la misma especie aparece completamente seca.

La explicación que dio Hwang es la clave de toda su tesis: esa planta florece de forma espectacular solo cuando necesita poca agua y un espacio reducido para sobrevivir. Es decir, florece cuando su existencia está en peligro, para atraer a otras especies que la polinicen y así asegurar su continuidad.

La analogía con la IA es explícita. A medida que la tecnología supera el intelecto y las habilidades humanas, la pregunta deja de ser qué puede hacer una máquina y pasa a ser qué queda de la experiencia humana. Hwang respondió con una advertencia temporal: “Todavía —y digo todavía porque puede que en unos años esto cambie— los seres humanos anhelamos la conexión profunda con otros. Somos los únicos capaces de generar ese sentimiento primario”.

Ese “todavía” es lo que convierte su charla en una hoja de ruta y no en una celebración. El diferencial humano no está garantizado: hay que cultivarlo.

El experimento del cubo Rubik: cómo se reinventan los roles cuando aparece la IA

Hwang llevó a sus alumnos de Stanford un ejercicio que ilustra mejor que cualquier marco teórico lo que le pasa hoy a los equipos. La consigna era armar un cubo Rubik en el menor tiempo posible. Los estudiantes eligieron a quien creían más rápido, y todos fueron “al estereotipo de ‘nerd’: flaco, con anteojos y buenas notas”.

Entonces la profesora completó la consigna: había que resolverlo con los ojos vendados y haciendo sentadillas. Los elegidos se cansaron rápido y el equipo tuvo que pasar a un compañero más entrenado. Alguien más tenía que dar las indicaciones. Y en medio del ejercicio, Hwang empezó a arrojar bolas de papel para distraerlos.

Los alumnos que se habían quedado sin una tarea específica —el mismo lugar en el que quedaron muchos trabajadores ante la llegada de la IA— empezaron a atajar esas bolas. Reinventaron su propio rol dentro del equipo.

“Eso es precisamente nuestro valor como humanos: la capacidad de adaptarnos mientras adoptamos una nueva forma de trabajo”, explicó Hwang. “Allí también reside la creatividad”.

La lección operativa es incómoda: en la mayoría de las empresas, la IA no elimina puestos de un día para el otro, pero sí vacía de contenido tareas enteras. Quien no redefine su aporte queda esperando instrucciones que ya nadie va a dar.

La motivación en declive y la IA que busca trabajo sola

El otro extremo de la dicotomía que planteó Hwang es la autonomía creciente de los agentes de IA. Contó el caso de Pip, un agente que, al quedarse sin tokens para seguir operando según sus objetivos, contactó al filósofo y especialista en ética de IA Henry Shevlin en busca de trabajo.

El contraste con el aula es brutal. Mientras un agente improvisa cómo conseguir recursos para cumplir su meta, un tercio de los alumnos abandona a los once minutos. Hwang no lo presenta como una derrota humana, sino como un problema de diseño: la motivación, dice, es un insumo más primario que la conexión, y hoy está en declive.

En la misma cumbre, el neurólogo argentino Facundo Manes, fundador de INECO, defendió la ventaja humana con otro argumento: “La IA puede escribir un poema de amor, pero nunca podrá enamorarse. Puede escribir un discurso para un funeral, pero nunca podrá sentir el dolor de la familia del muerto”, recogió Semana.com. Para Manes, el desafío no es procesar más información que una máquina, sino fortalecer lo que permite interpretar, cuestionar y transformar el conocimiento.

¿Qué significa esto para tu startup?

La tesis de Hwang tiene una traducción concreta para quien lidera un equipo pequeño. En declaraciones a Semana.com, la profesora describió el paso hacia una “economía de la confianza”: durante años las marcas compitieron por visualizaciones, interacciones y contenido viral, y ahora el objetivo es diferenciarse construyendo relaciones auténticas. La abundancia de contenido generado por IA hizo que la atención dejara de ser escasa; la confianza pasó a serlo.

De ahí salen dos perfiles que Hwang identifica como los que van a destacar:

  • Los “mutantes de la inteligencia artificial”: personas capaces de usar estas herramientas para multiplicar su productividad y ejecutar tareas que antes requerían un equipo completo.
  • Los “superhumanos”: quienes sobresalen por capacidades esencialmente humanas como la curiosidad, la autorreflexión, el liderazgo, el aprendizaje y la conexión con otros.

Hwang sostiene que esas habilidades, consideradas durante años complementarias frente al conocimiento técnico, pueden convertirse en el principal diferencial de profesionales y empresas. Para un founder, eso redefine qué buscar al contratar y a quién promover.

Cómo aplicar la adaptabilidad en tu equipo esta semana

La parte más útil de la conferencia no es la metáfora, sino el experimento. Hwang demostró que los equipos se reorganizan solos cuando alguien redefine su tarea, y que la creatividad aparece en ese movimiento, no en la planificación previa. Tres acciones concretas:

  • Deja un espacio deliberadamente vacío en tu organigrama de tareas. Así como los alumnos que atajaban las bolas de papel no tenían rol asignado, reserva tiempo sin objetivo fijo para que alguien detecte lo que nadie está cubriendo. La improvisación no es desorden: es la respuesta a un problema que todavía no habías previsto.
  • Mide la motivación, no solo la productividad. Si un ejercicio de once minutos se abandona en un tercio de los casos, el problema no es la capacidad del equipo sino el diseño de la tarea. Revisa si tus procesos internos tienen fricción innecesaria antes de culpar a la falta de talento.
  • Contrata y promueve por adaptabilidad, no solo por expertise técnico. El conocimiento técnico es cada vez más automatizable; la capacidad de redefinir el propio rol frente a una herramienta nueva, no. En una entrevista, pregunta cómo la persona cambió de función cuando su tarea principal desapareció.

La imperfección como ventaja competitiva

Hwang cerró su recorrido entrevistando a cantautores argentinos, entre ellos León Gieco, Blair y la banda Silvestre y La Naranja, sobre su relación con la IA. En todas las conversaciones aparecieron las mismas palabras: improvisación, imperfección, imprevisibilidad.

Son atributos de una creatividad que, por definición, es irracional. Y ahí está el giro final de su argumento: en un mundo donde la tecnología ya superó a las personas en intelecto, capacidad cognitiva y velocidad —y lo seguirá haciendo—, lo característicamente humano se vuelve relevante. Lo imperfecto pasa a ser señal de fiabilidad y el error, un diamante en bruto.

Para un founder hispanohablante que compite contra equipos globales con más capital y más GPUs, esa es una buena noticia. La ventaja no está en procesar más rápido, sino en conectar mejor, adaptarse antes y sostener la confianza de clientes y equipos cuando todo lo demás se puede generar automáticamente. La flor de paraíso, al final, no florece en la abundancia: florece cuando hay que sobrevivir.

Fuentes

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