Capital de riesgo en Venezuela: la brecha que explica el interés
El sector financiero venezolano representa menos del 5% de su Producto Interno Bruto, mientras el promedio latinoamericano se ubica cerca del 50%. La cifra la dio Esteban Torbar, fundador y director del Startup Venezuela Summit, en declaraciones a Banca y Negocios, y sirve para entender por qué 25 fondos de inversión y cerca de 40 invitados internacionales se reunieron en Caracas en octubre de 2026 para la sexta edición del encuentro.
Para un founder, ese dato no es decorativo. Describe un mercado donde la infraestructura financiera está casi toda por construir: medios de pago, remesas, rieles de transferencia y crédito son categorías que en otras plazas de la región ya tienen ganadores consolidados, y que en Venezuela todavía admiten nuevos entrantes.
Sobre ese telón de fondo se publica la columna de EL UNIVERSAL que da origen a esta nota, donde el autor describe a un país que está descubriendo el capital de riesgo y lanza una pregunta incómoda: ¿se quiere financiar el futuro o prolongar los negocios del presente?
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El director del Summit detalló a Banca y Negocios un cambio de escala concreto. En ediciones previas, la plataforma permitió que cerca de 40 startups recibieran mentoría o financiamiento directo, y los montos movilizados pasaron de «pocos centenares de miles» de dólares, hace tres años, a cifras que ya se ubican «en el orden de los millones de dólares».
Dos datos operativos importan más que los titulares del evento. Primero, el tiempo que tarda un emprendimiento venezolano en cerrar una ronda de levantamiento de capital se redujo al menos a la mitad, según Torbar, empujado por fondos ágiles que buscan tomar posiciones temprano. Segundo, por primera vez participa un fondo respaldado por capital institucional y organismos multilaterales que ya cuenta con autorización oficial para incluir a Venezuela dentro de su tesis de inversión.
Ese segundo punto es el que cambia la naturaleza del ecosistema. Los inversores ángel y los family offices locales pueden sostener la etapa inicial, pero sin capital institucional no hay rondas de continuación ni capacidad de acompañar a una empresa durante varios años. Es la diferencia entre financiar un proyecto y financiar una compañía.
¿Por qué el miedo a depender del fundador es la pregunta equivocada?
La columna de EL UNIVERSAL identifica el punto donde suele romperse el consenso: a ciertos inversionistas les inquieta la dependencia del fundador. ¿Qué pasa con la empresa si desaparece su creador? ¿Cómo recupera el inversor su dinero, y en el corto plazo?
El propio texto ofrece la respuesta, y vale la pena tomarla en serio porque no es un argumento de simpatía hacia el emprendedor sino de historia económica. La objeción contiene una paradoja: quien concibe el futuro aparece como amenaza para la continuidad de su propia obra. Lo que la evidencia muestra es lo contrario. El fundador crea instituciones cuando materializa su visión en acción: su conocimiento se convierte en capacidades colectivas y su iniciativa en una organización que aprende a sobrevivirlo.
Los ejemplos que cita la columna no son startups: son casos de construcción institucional de largo plazo. En 1660, Robert Boyle y sus colegas del Colegio Invisible impulsaron la Royal Society; seis años después, Jean-Baptiste Colbert promovió la Academia de Ciencias de Francia. Los promotores desaparecieron; las instituciones sobrevivieron. Louis Pasteur transformó sus descubrimientos en química y medicina en una industria y en instituciones académicas. Adolf Harnack articuló al Estado y la industria alemana para fundar la Sociedad Kaiser Wilhelm, origen de los institutos Max Planck. Ninguno tenía clientes para cada descubrimiento por venir.
El corolario práctico para quien está levantando capital es incómodo pero útil: si tu ronda depende de que tú estés en cada decisión, el problema no es el inversor que lo objeta. El problema es el diseño de la empresa.
¿Qué está pasando fuera del circuito de conferencias?
El ecosistema no se mueve solo en los escenarios. Según el análisis publicado por EL UNIVERSAL, en 2026 aparecieron tres iniciativas que conviene mirar juntas. La Organización Cisneros planteó un fondo de inversión orientado a infraestructura, energía, manufactura y agronegocios, con estrategia de largo plazo. Empresas Polar anunció su programa 1.000 Empresas, que aspira a impulsar la creación de mil compañías nuevas hacia 2041 mediante formación, mentoría y capital. La tercera fue el propio Summit, con fondos internacionales y encuentros entre emprendedores e inversores.
Ninguna de las tres es todavía un resultado económico: son señales de articulación entre actores que hasta hace poco tenían pocos espacios para conectarse. El mismo texto recuerda el antecedente mexicano, donde el capital de riesgo no nació de un acontecimiento único sino de una acumulación: la crisis de la deuda de 1982, la nacionalización bancaria, el efecto tequila de 1994-1995 y, sobre esa secuencia, la aparición de programas públicos, incubadoras universitarias y fondos multilaterales como el Fondo Multilateral de Inversiones del BID, creado en 1993. Pasaron más de cuatro décadas hasta que México tuvo un ecosistema maduro.
La lección no es que Venezuela vaya a repetir ese camino. Es que el camino es lento y acumulativo, y que las conferencias son el inicio, no el resultado.
¿Cómo se ve la región para calibrar expectativas?
Conviene mirar los números duros antes de asumir que el entusiasmo se traduce automáticamente en capital. La Latin American Private Equity & Venture Capital Association (LAVCA), citada por La Verdad, reportó que la inversión en startups de América Latina retrocedió 47% durante 2023 frente a 2022, y que estimaciones de Endeavor Insight e IDC México situaban el crecimiento regional entre 8% y 12% durante 2024 y 2025. México y Brasil concentran alrededor del 65% del capital fintech latinoamericano, según la misma cobertura: el grueso del dinero sigue yendo a dos plazas.
El mercado español ofrece otra referencia útil porque su recorrido reciente fue de normalización. Según las primeras estimaciones de SpainCap recogidas por El Español, el capital riesgo en España cerró 2025 con 1.731 millones de euros invertidos, un 57% más que en 2024, en 654 operaciones: el tercer mejor registro histórico del país.
A escala global, Crunchbase documentó que 2026 va camino a ser un año récord de inversión —cerca de 680.000 millones de dólares hasta el tercer trimestre— pero con menos operaciones: los deal counts de etapas seed y temprana caen mientras el dinero se concentra en rondas gigantes. La conclusión para un fundador de etapa temprana es clara: el capital abunda en los titulares y escasea en su propia ronda.
¿Qué significa esto para tu startup?
- Traduce la brecha a tu pitch. Si tu producto toca pagos, remesas, crédito o cobros, el argumento de mercado no es «somos fintech»: es que el sector financiero local pesa menos del 5% del PIB frente a un promedio regional cercano al 50%, y que converger implica multiplicar el mercado. Es un argumento de tamaño, verificable y atribuible.
- Diseña la empresa para que no dependa de ti. Antes de la próxima ronda, documenta procesos, define responsables por área y arma un data room con métricas operativas. La objeción sobre la dependencia del fundador se responde con evidencia de que la organización funciona sin tu intervención diaria, no con una promesa.
- Prepara la ronda antes de pedirla. Si las rondas se cierran en la mitad del tiempo porque hay fondos ágiles buscando entrar temprano, la ventaja se la lleva quien ya tiene números ordenados y una tesis de mercado clara. Llegar a la primera reunión con eso vale más que llegar primero.
- Mira al corporativo como cliente, no solo como inversor. Según Banca y Negocios, grupos como Farmatodo, Empresas Polar y Ron Santa Teresa ya avanzan en procesos de innovación interna y venture clienting, aunque todavía sin unidades propias de corporate venture capital consolidadas. Un contrato con ellos puede financiar tu crecimiento y servir de validación antes de una ronda.
- Usa la diáspora como atajo. El conocimiento ya probado afuera —modelos de negocio, go-to-market, estándares de reporting— puede importarse. La cobertura menciona explícitamente a referentes de la diáspora hoy vinculados al ecosistema local como asesores e inversores.
Conclusión
Venezuela no tiene un problema de falta de entusiasmo por el capital de riesgo: tiene un problema de construcción. El diagnóstico de la columna de EL UNIVERSAL es preciso cuando señala que el riesgo no reside en depender de un fundador visionario, sino en impedir que su visión engendre instituciones capaces de sobrevivirlo.
Para un founder hispanohablante, sea en Caracas, Ciudad de México, Bogotá o Madrid, la lectura operativa es la misma: la parte del ecosistema que no controlas —el capital disponible, la regulación, la infraestructura— avanza por ciclos largos y desiguales. La parte que sí controlas es si tu empresa, en su etapa temprana, ya está diseñada para funcionar sin ti. Eso es lo que un fondo institucional va a mirar antes de firmar.
Fuentes
- Capital de riesgo aquí – EL UNIVERSAL (fuente original)
- Startup Venezuela Summit: 25 fondos de inversión y capital multilateral apuestan por el ecosistema tecnológico del país – Banca y Negocios
- El futuro se hace presente – EL UNIVERSAL
- Capital de riesgo en México: visión y desafíos del ecosistema según referentes del sector – La Verdad
- Objetivo alcanzado: el capital riesgo sella con su tercer récord histórico en 2025 la madurez del ecosistema startup – El Español
- More Money, Fewer Checks: These 3 Charts Show The Divide Behind VC’s Record Funding Year – Crunchbase News
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