De Siberia a Chile: la historia detrás de Bifidice
Bifidice nació de una bacteria aislada en Siberia en 1981 por los genetistas Eugeny y Elena Gutkevich, y hoy llega al consumidor chileno en un formato poco habitual: helado. Su hija, Anastasia Gutkevich, aterrizó en Chile en 2016 con una postulación a Start-Up Chile y convirtió ese hallazgo familiar en una empresa de base científico-tecnológica (EBCT), es decir, compañías cuyo activo central es la investigación científica y no una aplicación.
Para un founder, el caso importa por una razón concreta: Bifidice no vendió tecnología, vendió un hábito. En lugar de pedirle al consumidor que incorporara una cápsula a su rutina diaria, metió la cepa en un producto que la gente ya come. Esa decisión de formato, más que la ciencia, es la que explica cómo una biotech pequeña pudo entrar a la góndola de un mercado masivo.
¿Qué son los helados probióticos y en qué se diferencian de un helado común?
Un helado probiótico es un alimento funcional: además de aportar nutrientes, incorpora microorganismos vivos con un efecto buscado sobre la microbiota intestinal. El término «alimento funcional» se acuñó en Japón en la década de 1980, cuando el gobierno lanzó un programa para certificar productos con efectos sobre la salud más allá de su valor nutritivo, según recoge Vozpópuli.
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👥 Probar 7 díasLa diferencia con un helado tradicional no está en el sabor, sino en la viabilidad de la bacteria. Congelar mata o debilita a la mayoría de los probióticos, y ahí está el problema técnico que Bifidice dice haber resuelto: según su fundadora, la cepa que usan «prospera, tiene muy alta actividad biológica siendo congelada».
Gutkevich cuenta que el formato helado no fue un capricho de marketing. «En Siberia, sorprendentemente, la gente está comiendo mucho helado, hasta en invierno. Así que fue lógico desarrollar el mecanismo como hábito saludable», explica en entrevista con ADN Radio. La empresa reporta beneficios directos sobre la microbiota intestinal, la piel y las alergias respiratorias.
De un laboratorio siberiano a un freezer en Santiago
La Tercera reconstruyó el origen: en el invierno de 1981, los biofísicos y genetistas Eugeny y Elena Gutkevich describieron una bifidobacteria residente del intestino humano, capaz de producir enzimas que mejoran la asimilación de nutrientes. Décadas después, su hija, economista y sin formación en biotecnología, tomó esa investigación y la llevó a Chile.
El aterrizaje no fue corporativo. Durante los primeros meses, Gutkevich repartió los helados ella misma: «En Uber o en micro, con el cooler al hombro. Tocando puertas en todas las comunas de Santiago», relató a La Tercera. Ese trabajo de campo le dio algo que ninguna ronda compra: una red de clientes que se recomendaban entre sí.
La pandemia aceleró el negocio. Según la CEO, el primer año de pandemia la empresa creció un 300%, empujada por testimonios de médicos y nutricionistas y por el canal online. Después armaron una red de distribución liderada por siete mujeres que llevó el producto a regiones como Antofagasta, Coquimbo, Biobío y La Araucanía.
¿Qué dice la ciencia sobre los probióticos congelados?
Aquí conviene separar el relato comercial de la evidencia. Un estudio publicado en PLOS ONE y reseñado por El Español analizó helados elaborados con leche de yegua y encontró que agregar inulina, un prebiótico, mejora la supervivencia de las bacterias probióticas durante la congelación y el almacenamiento, además de mejorar textura y cremosidad. El hallazgo respalda la idea de fondo: un helado puede ser un vehículo válido para probióticos, pero la formulación es lo que decide si la bacteria llega viva al intestino.
El contrapeso también existe. El propio ADN Radio publicó en julio de 2026 una entrevista con un doctor en neurociencia que advierte que «la gran mayoría» de los probióticos del mercado no tiene evidencia que respalde sus promesas. Para una startup de este sector eso no es una amenaza: es la barrera de entrada que separa a quien tiene ensayos clínicos de quien solo tiene un buen empaque.
Hay además un detalle de mercado que abre oportunidad: la mayoría de los probióticos se obtienen de fuentes lácteas, lo que los vuelve inaccesibles para consumidores veganos o con intolerancia a la lactosa, según Europapress. Ese hueco explica por qué el segmento plant-based de los alimentos funcionales crece con fuerza.
El camino del financiamiento: 100 reuniones antes de la primera ronda
La historia de capital de Bifidice es un manual de paciencia. Según La Tercera, hasta comienzos de 2024 Corfo había aportado cerca de US$350.000 a la empresa, y en 2021 la startup pasó por la incubadora alemana ProVegIncubator para aprender a escalar fuera de Chile. También recibió apoyo de The Ganesha Lab y levantó capital vía crowdfunding en Broota.
El punto de quiebre no llegó por una ronda, sino por una socia. En 2022 se sumó la chilena Antje Bracker, especialista en ventas B2B, y con ella llegó la estructura: jefa de ciencias, directorio de consejeros y una estrategia de internacionalización. Antes de eso, Gutkevich había tenido «al menos 100 reuniones» con inversionistas que terminaron en elogios y nada más.
A fines de 2023 la empresa cerró una ronda de US$850.000 encabezada por el fondo chileno Südlich Capital, con los inversionistas ángeles Fernando Rex, Thomas Otesen y Gabriel Salinas, según La Tercera. En ese momento reportaba diez clientes B2B en Chile, Argentina y Colombia, y planes de entrar a México antes de saltar a Estados Unidos y Europa.
¿Qué significa esto para tu startup?
1. El formato es parte del producto, no el envoltorio. Bifidice no inventó una bacteria nueva para el consumidor: la puso donde ya estaba el hábito. Si tu producto exige que el usuario cambie una rutina, pregúntate si puedes mudarlo a una que ya tenga. En salud, alimentación o finanzas, el vehículo cotidiano suele ganarle a la solución «correcta» pero incómoda.
2. Construye el respaldo científico antes de necesitar la ronda. El capital llegó después de los ensayos, no antes. Si tu startup es deep tech o EBCT, presupuesta desde el día uno la validación (estudios, publicaciones, pilotos con clientes) como línea de gasto y no como un extra. Es lo que convierte una conversación con un inversionista en una conversación con un cliente B2B.
3. Agota el financiamiento no dilutivo primero. Start-Up Chile, Corfo, incubadoras sectoriales y crowdfunding fueron el combustible de los primeros años. En ecosistemas con menos capital riesgo que Silicon Valley, esa secuencia (subsidio, incubadora, crowdfunding, ronda) es más realista que salir a buscar una Serie A con un prototipo bajo el brazo.
4. La distribución también se diseña. La red de siete repartidoras y el canal online sostuvieron el crecimiento cuando el retail todavía no era una opción. Antes de firmar con una cadena, mide si puedes llegar a tus primeros cien clientes con estructura propia: además de caja, te da la retroalimentación que necesitas para iterar el producto.
Conclusión
Bifidice no es una historia de tecnología revolucionaria, sino de traducción: una investigación de laboratorio de cuatro décadas convertida en un producto que la gente compra por gusto. El mérito está en haber elegido el formato correcto, haber construido evidencia antes de pedir dinero y haber aguantado cien «no» antes del primer «sí». Para cualquier founder hispanohablante que trabaja con ciencia profunda, ese es el mapa completo: la ciencia abre la puerta, pero la distribución y el capital son los que la cruzan.
Fuentes
- ADN Radio: ¿Qué son los helados probióticos y cuáles son sus beneficios para la salud?
- ADN Radio: Doctor en neurociencia alerta sobre el boom de los probióticos
- La Tercera: Bifidice, el puente biotecnológico entre Siberia y Santiago
- El Español: Adiós al yogur y al kéfir, el alimento con más probióticos
- Vozpópuli: Alimentos funcionales, así transforman la forma en que comemos
- Europapress: Los probióticos veganos como opción saludable
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