Un contrato cancelado que la empresa decidió no ejecutar
El 22 de septiembre, el concejo municipal de Plymouth votó cancelar su contrato con Flock Safety. Al día siguiente, el jefe de policía Eric Fadden suspendió todas las cuentas de Flock del departamento y envió una carta formal de cancelación por correo postal y correo electrónico, después de consultar con la oficina del abogado de la ciudad. Pasó más de una semana sin respuesta de la empresa. Entonces Fadden hizo algo poco habitual: ordenó a su personal desconectar los cables de alimentación de las cámaras.
Para cualquier founder que venda software o hardware a gobiernos, la historia es una clase magistral sobre lo que pasa cuando un contrato no define cómo se termina. La ciudad votó salir. La empresa no ejecutó la salida. Y el cliente terminó resolviendo el problema con sus propias manos.
Qué pasó exactamente en Plymouth
Según declaraciones de Fadden a The Drive, el proceso fue impecable desde el lado municipal: votación del concejo, suspensión de cuentas de usuario, notificación a la empresa y carta formal de cancelación. "No recibimos ninguna respuesta de Flock Safety Corporate o Legal, más allá de alguna comunicación con nuestro representante local", dijo el jefe de policía.
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👥 Quiero el Kit →Ante el silencio, Fadden dirigió a su equipo a desconectar físicamente las cámaras para asegurarse de que no siguieran funcionando ni registrando patentes. Un periodista de The Drive verificó dos de esos equipos en la ciudad y confirmó que los cables estaban efectivamente desenchufados.
El detalle que explica todo el conflicto: las cámaras son propiedad de Flock. La empresa instala el hardware y cobra una suscripción por el acceso al software. Eso significa que la ciudad no puede simplemente retirarlas, aunque haya terminado el contrato. Fadden lo resumió así: "Seguimos contactándolos pidiendo un cronograma para el retiro de las cámaras. No tengo una respuesta definitiva para compartir".
The Drive contactó a Flock en múltiples oportunidades para entender cuál se supone que es el proceso cuando se cancela un contrato y qué plazos aplican. La empresa no respondió.
El caso no es aislado: el patrón Dayton y Oshkosh
Plymouth no es la primera ciudad que descubre que salir de Flock es más difícil que entrar. En Dayton, Minnesota, los residentes notaron a fines de septiembre que las cámaras de reconocimiento de patentes habían vuelto a estar activas en una ciudad que había votado suspender el programa, según reportó Yahoo News. El administrador municipal Zach Doud señaló que Flock reconoció la cancelación del contrato, pero advirtió que retirar el equipamiento podía tomar hasta 60 días.
En Oshkosh, Wisconsin, el concejo rescindió su acuerdo con Flock menos de 24 horas después de aprobarlo, tras concluir que los representantes de la compañía habían dado información inexacta sobre las capacidades del sistema, específicamente sobre si podía generar mapas de calor de vehículos. Flock luego reconoció que su plataforma sí incluye una vista de mapa de calor.
El patrón se repite: la fase de venta es rápida y bien aceitada; la fase de salida es un limbo sin responsables claros.
Por qué esto le importa a cualquier startup B2G
Vender a gobiernos es uno de los negocios más atractivos del software: contratos plurianuales, presupuestos predecibles y baja rotación. Pero también es el que más castiga la falta de procesos de salida.
El contexto de Flock ayuda a dimensionar el costo reputacional de no resolverlo. Según WIRED, la compañía —fundada en 2017 y con unos 1.500 empleados— levantó capital con una valoración superior a US$8.000 millones en una ronda que cerró en abril, y acumula alrededor de US$1.200 millones en capital de riesgo. Aun así, lanzó un programa de bajas voluntarias para sus empleados y, según una fuente citada por ese medio, un grupo de defensa identificó 93 gobiernos municipales y de condado que cortaron lazos con Flock solo en agosto. En el acumulado de 2026, aproximadamente tres veces más gobiernos locales abandonaron a Flock que en los cinco años previos.
El otro lado de la balanza: TechTimes reportó que Flock superó las 100.000 cámaras desplegadas en Estados Unidos y que más de 53 municipios en 20 estados terminaron o rechazaron contratos, mientras cerca de 800 ciudades aprobaron contratos nuevos en 2026. Es decir, el churn no mata el negocio, pero sí lo obliga a gastar energía en apagar incendios en lugar de crecer.
GovTech añadió otro dato relevante para el sector: unos 7.000 organismos policiales tienen contrato con Flock y la compañía ronda las 120.000 cámaras a nivel nacional. Cuando el volumen es ese, cada cancelación mal gestionada se convierte en un caso público.
Qué significa esto para tu startup
Si vendes a gobiernos, hospitales, universidades o grandes empresas, el offboarding es parte del producto, no un anexo legal que se resuelve al final.
1. Diseña el proceso de salida antes de firmar. Tu contrato debe responder por escrito: quién puede autorizar visitas de mantenimiento, cómo se acusa recibo formal de una cancelación, en cuántos días se desactiva el servicio y en cuántos se retira el hardware. Si el equipamiento es tuyo, define una fecha máxima de retiro y una penalidad por incumplirla.
2. Trata la cancelación como un ticket de soporte crítico. El error de Flock en Plymouth no fue legal, fue operativo: nadie contestó. Un acuse de recibo automático, un responsable asignado y un cronograma enviado en 48 horas habrían evitado que un jefe de policía desconectara tus equipos y que el caso terminara en la prensa nacional.
3. Mide el churn por reputación, no solo por ingresos. El costo real de estos episodios no es el contrato perdido, sino la cobertura negativa que desincentiva a los próximos 50 compradores. En ventas B2G, donde las decisiones se toman en sesiones públicas de concejo, la reputación es un activo del balance.
4. Documenta el estado de los datos al salir. En productos que manejan información sensible, el cliente necesita saber qué pasa con sus datos después de la terminación. Definirlo por contrato te protege y te diferencia frente a competidores que lo dejan ambiguo.
Conclusión
La historia de Plymouth es incómoda porque el problema no fue tecnológico ni regulatorio: fue de atención al cliente. Una ciudad hizo todo bien, la empresa no contestó y el resultado fue un jefe de policía con un destornillador y una nota en un medio nacional.
Para un founder, la lección es directa: el momento en que un cliente se va define más tu reputación que el momento en que llega. Un proceso de salida claro, rápido y documentado no es burocracia — es la diferencia entre perder un contrato y perder el mercado.
Fuentes
- The Drive: My City Canceled Flock's Contract. Flock Ignored It.
- WIRED: Flock Offers Employees Buyouts as Customers Flee
- TechTimes: Flock Safety Crosses 100,000 Cameras as 53 Cities Cancel
- Yahoo News: Flock Safety Reinstalled Cameras a City Had Canceled
- GovTech: NYPD Reviews Use of Flock Safety AI License Plate Readers
- Chicago Sun-Times: What to know about Flock's controversial license plate readers
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