INFIRA, la startup del arroz perenne, gana premio OMPI 2026

Un premio global y un genoma «despertado»: INFIRA, la startup santafesina que quiere cosechar el doble

La científica argentina Renata Reinheimer y su startup INFIRA acaban de ganar el WIPO Global Awards 2026 en la categoría Agricultura y Alimentación, entre más de 1.300 candidaturas de 126 países. Para un founder hispanohablante, lo más relevante no es el reconocimiento en sí: es que demuestra que se puede construir una empresa deeptech desde un laboratorio público en Santa Fe, llevar el desarrollo al campo y terminar compitiendo en la mesa grande de la innovación global.

Reinheimer también recibió en la misma edición el premio a Mejor Mujer Emprendedora, un reconocimiento doble que la posiciona como una de las voces más escuchadas del momento en agtech.

¿Qué hace INFIRA? Reactivar genes que la domesticación apagó

La idea central de la startup apunta a revertir una característica que la agricultura fue perdiendo durante miles de años: la larga vida de las plantas. Mientras la mayoría de las especies vegetales son perennes, los grandes cultivos que alimentan al planeta —arroz, trigo, maíz y soja— son anuales y obligan a los productores a sembrar después de cada cosecha.

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El equipo de Reinheimer identificó genes cuya expresión se redujo o se apagó durante la domesticación, y mediante edición génica busca volver a activarlos. «Toda la información ya está en el genoma de nuestras plantas», resumió la científica en entrevista con PERFIL. No se trata de incorporar genes externos: la información ya estaba en la planta y solo hay que despertarla.

El recorrido técnico empezó en Arabidopsis, una planta modelo de laboratorio que vive cerca de dos meses. Algunas líneas experimentales modificadas llegaron a vivir cerca de un año y medio, casi dos —el «efecto wow» interno—. Después pasó al arroz, primero en invernadero y desde 2024 a campo. Hoy INFIRA lleva dos campañas de evaluación y avanza también con soja, maíz, alfalfa y caña de azúcar.

Del laboratorio al campo: por qué hizo falta una empresa

Reinheimer es investigadora del CONICET en el Instituto de Agrobiotecnología del Litoral, dependiente también de la Universidad Nacional del Litoral. Cuando los primeros resultados aparecieron, ambas instituciones protegieron la tecnología mediante patentes. Pero, según cuenta la fundadora, las empresas del agro les decían: «Tráiganmela validada en una especie comercial y a campo».

La conclusión fue que el salto requería una estructura propia. Así nació INFIRA, una startup de base tecnológica con sede en el Parque Tecnológico Litoral Centro de Santa Fe, incubada en la Aceleradora Litoral y acompañada por ITERA Technological Intelligence. Hoy la empresa tiene entre 2 y 10 empleados según su ficha de LinkedIn, y su equipo incluye a Carolina Bellino, Natalia Theiler y Mariano Tomas Cassani, además de la cofundadora María Victoria Nagel.

En el plano internacional, INFIRA ya cuenta con una patente concedida en Australia a través de IP Australia, firmada por Reinheimer y Bellino como inventoras, por su método para mejorar características agronómicas de las plantas. Es la primera señal de que la estrategia de propiedad intelectual pensada desde el CONICET y la UNL empieza a cruzar fronteras.

El WIPO Global Awards 2026 y el efecto Climate Week

El reconocimiento llegó en un momento clave: la empresa ya podía mostrar resultados a campo, lo que cambió la conversación con potenciales socios. Tras el premio, Reinheimer fue invitada a la Climate Week NYC 2026, donde participó de un panel en la sede de las Naciones Unidas organizado por WIPO y WIPO GREEN, junto a referentes como Edward Kwakwa (Subdirector General de WIPO), el Programa Mundial de Alimentos, el PNUMA y Syngenta, entre otros.

En septiembre, la fundadora participó además del panel «Agtech en acción: capital de riesgo y startups frente a frente» en el Santa Fe Business Forum, junto a fondos como Simma Capital e InnoVenture Iowa, en una señal clara de que el reconocimiento ya se está traduciendo en conversaciones con capital. La estrategia declarada: «vincularnos con empresas que permitan escalar, registrar variedades, producir semillas y comercializarlas».

¿Qué significa esto para tu startup?

El caso INFIRA condensa varias lecciones aplicables a founders deeptech en LATAM y España:

  • La propiedad intelectual es palanca, no el fin. Las patentes iniciales del CONICET y la UNL no llegaron solas al mercado: hicieron falta resultados a campo y un vehículo comercial para que el sector privado las tomara en serio. Un founder científico debe pensar desde el día uno cómo se va a licenciar o explotar esa patente.
  • El «efecto wow» temprano importa, pero no alcanza. La validación en Arabidopsis duró poco tiempo y fue decisiva para sostener el proyecto, pero el salto a un cultivo comercial (arroz) llevó años y dos campañas de campo. Pensar desde el inicio en cuál va a ser el cultivo o especie ancla evita que la tecnología quede atrapada en el laboratorio.
  • El reconocimiento internacional se traduce en inversión local. El premio WIPO llegó después de los resultados a campo, no antes, y permitió abrir conversaciones con fondos de venture. Para founders deeptech: apuntar a premios sectoriales (WIPO, MassChallenge, Hello Tomorrow) funciona cuando ya hay datos concretos que mostrar.
  • El ecosistema público-privado no es opcional en deeptech agro. La combinación CONICET + universidad + parque tecnológico + aceleradora + capital es, en muchos países hispanohablantes, el único camino realista para llegar al campo. Mapear qué actores existen en tu región antes de fundar puede ahorrar años.

Conclusión

INFIRA es todavía una startup temprana, con ensayos en desarrollo en soja y alfalfa, y necesita cerrar alianzas con semilleras para escalar. Pero su trayecto resume lo que una buena ejecución deeptech puede lograr cuando ciencia pública, propiedad intelectual y visión comercial se alinean: un genoma que estaba «dormido» en plantas domesticadas hace miles de años vuelve a trabajar, una científica se convierte en cofundadora y CSO, y una ciudad como Santa Fe aparece, por un rato, en el mapa global de la innovación agrícola.

Fuentes

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