Mundo sin trabajo con IA: 3 sociedades que ya lo vivieron

El ‘sector relacional’: la respuesta que ya dio un economista

Entre enero y mayo de 2026, las empresas estadounidenses anunciaron cerca de 90.000 recortes de empleo vinculados directamente a la inteligencia artificial, según datos publicados por TechCrunch. Si la curva se sostiene, hasta un 15% de los empleos en ese país podrían desaparecer en los próximos cinco años. ¿Qué harán los humanos el día que la IA supere todo trabajo económicamente necesario? Un ensayo publicado en la revista Asterisk Magazine (número 15, dedicado al trabajo) responde con una tesis incómoda: ya hemos visto ese mundo, y no una, sino tres veces.

La clave está en un concepto del economista Alex Imas en su ensayo ‘What Will Become Scarce’: un sector relacional es el conjunto de actividades económicas que solo pueden realizar humanos entre humanos, cuidado, compañía, conversación y gestión de relaciones. Cuando la IA supere al humano en todo trabajo productivo, ese será el único sector que quede. Y el acceso a esos empleos no dependerá de lo que sepas, sino de a quién conozcas.

Tres sociedades que ya vivieron el ‘después del trabajo’

El autor del ensayo recurre a tres estudios etnográficos muy distintos. No tienen casi nada en común en lo económico, pero comparten un patrón social notable.

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Los aristócratas franceses del siglo XVIII dejaron un registro minucioso de su vida en los memorias del duque de Saint-Simon, cortesano de Luis XIV en Versalles. La corte aparece como un mundo donde la única vía de ascenso era la política, y toda política era personal. Los días se organizaban en torno a la intriga: quién hablaba con quién, qué vestimenta llevaba cada cual, qué alianzas se formaban o se rompían. El trabajo remunerado no existía como fuente de dignidad ni de identidad. Esa venía del linaje y del lugar en la jerarquía.

Las amas de casa de clase alta del Medio Oeste estadounidense en 1984 son el segundo retrato, extraído del estudio ‘Women of the Upper Class’ de Susan Ostrander. No trabajaban fuera del hogar. Su actividad principal era el voluntariado en juntas directivas de orquestas, hospitales y organizaciones benéficas, no para lograr resultados, sino para mantener su red social en orden y justificar su posición. Como dijo una de ellas, el voluntariado era ‘la ilusión de ser útil’.

Los italoamericanos del West End de Boston en los años 50 protagonizan el tercer caso, del libro ‘The Urban Villagers’ del sociólogo Herbert Gans. Eran una comunidad de obreros con empleos precarios y mal pagados, pero donde el trabajo no era el centro de la vida. El centro era el grupo de pares: parientes, amigos de la infancia, compadres que se reunían cada noche para conversar. Hablar, sobre todo, significaba vigilar quién cumplía las normas del grupo.

El patrón común: trabajo sin estatus, pertenencia con vigilancia

Las tres sociedades comparten cuatro rasgos que el ensayo subraya:

  • El trabajo no es fuente de estatus. Muestran lo que tienen, no lo que hacen en su empleo.
  • Son excluyentes. Los de adentro desconfían de los de afuera, incluidos vecinos de otra etnia que llevan toda la vida en el mismo barrio.
  • Vigilancia obsesiva de la desviación. En el West End, a un chico lo acosaban por sacarse buenas notas. En Versalles, el protocolo de precedencia era cuestión de vida o muerte.
  • La dignidad viene del grupo, no del individuo. Tu valor depende de tu lugar en la jerarquía del colectivo.

El contexto de 2026: la transición ya empezó

Estos retratos históricos llegan en un momento en que el debate sobre el futuro del empleo dejó de ser teórico. Goldman Sachs estima, según reportó TechCrunch, que la IA ya elimina alrededor de 16.000 empleos netos al mes en Estados Unidos.

El golpe, además, no es parejo. El Stanford Digital Economy Lab y la iniciativa Digital Planet de Tufts, ambos recogidos por CNBC, coinciden en el diagnóstico. Stanford detectó que el empleo de trabajadores de 22 a 25 años en ocupaciones altamente expuestas a la IA cayó un 16% respecto a sus pares de mayor edad. Tufts, por su parte, ubica a escritores y autores (57%), programadores (55%) y diseñadores web (55%) en el ranking de ocupaciones más vulnerables para los próximos dos a cinco años.

El ensayo de Asterisk, sin embargo, recoge una pista menos catastrófica: la dignidad que la gente obtiene del trabajo no depende de que la tarea sea significativa, sino de que ofrezca respeto, competencia y utilidad social. Eso explicaría por qué tantas personas lloraron de alegría al volver a la oficina después de los confinamientos por COVID.

Qué significa esto para tu startup

Tres acciones concretas a partir de lo que estas sociedades sugieren:

  • Construye comunidad antes de construir producto. En un mundo donde la IA abarata el output, lo escaso será la confianza y la red. Los founders que inviertan hoy en relaciones reales con clientes, otros founders y referentes del sector llevan una ventaja que ningún modelo de lenguaje puede replicar.
  • No confundas tu identidad con tu cargo. Si tu dignidad viene solo de ser ‘CEO de X’, vas a pasarla mal cuando llegue la automatización. Las tres sociedades del ensayo derivaban su sentido de pertenencia de algo más amplio que un puesto de trabajo. Replicar eso a nivel personal es un seguro de carrera.
  • Diseña productos que refuercen vínculos, no que los reemplacen. La trampa del sector relacional, según el propio ensayo, es que termina siendo excluyente y vigilante: castiga al que se sale del guion. Una startup puede usar IA para multiplicar la capacidad de su equipo sin caer en el error de construir experiencias que aíslen a las personas entre sí.

Una advertencia para llevar

El ensayo termina con una nota incómoda: las sociedades relacionales son más restrictivas y más excluyentes que las sociedades laborales modernas. Cuando la dignidad depende del grupo, empezamos a regular quién puede entrar y qué pasa cuando entra. Eso debería preocupar a quien diseñe productos, políticas o empresas en los próximos diez años: el riesgo no es solo que la IA elimine empleos, sino que la respuesta social a esa eliminación nos devuelva, sin darnos cuenta, a jerarquías que creíamos superadas.

Fuentes

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