Olesym (ITQ-CSIC) reduce 90% el CO2 en detergentes y cosméticos

El problema invisible detrás de tu champú y tu lavadora

Champús, acondicionadores, suavizantes, detergentes y fragancias tienen un componente que el consumidor medio no mira: la mayor parte de sus ingredientes activos se fabrican hoy a partir de aceite de palma o de derivados petroquímicos importados de fuera de la UE, según advierte el CSIC. Esa dependencia no es solo un asunto ambiental — deforestación, pérdida de biodiversidad y elevadas emisiones de CO₂ — sino también industrial: la cadena europea queda expuesta a la volatilidad de precios, a interrupciones de suministro y a nuevas exigencias regulatorias de trazabilidad.

Sobre ese cuello de botella trabaja Olesym Chemicals, una startup deeptech surgida del Instituto de Tecnología Química (ITQ), centro mixto del CSIC y la Universitat Politècnica de València (UPV). La compañía ha dado este mes un paso clave: la transición de su tecnología a planta piloto, tras más de una década de investigación en el ITQ y en el Instituto Max Planck de Alemania.

Qué hace Olesym y por qué su enfoque es distinto

La propuesta de Olesym parte de una idea simple: si la industria europea puede producir las mismas moléculas que hoy se importan, pero a partir de materias primas europeas, se cierra la dependencia del aceite de palma y del petróleo sin cambiar las fábricas de detergentes y cosméticos ya existentes.

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El proceso, según detallan los fundadores, transforma gas de síntesis renovable — producido a partir de residuos de biomasa agrícola, de mantenimiento de montes, o de CO₂ capturado en industrias como la del cemento o el acero — en ingredientes listos para incorporarse a formulaciones reales. Las primeras estimaciones de la propia startup apuntan a una reducción de la huella de carbono entre el 75% y el 90% respecto al proceso convencional, una cifra que aún debe confirmarse con la validación industrial.

Donde Olesym marca diferencia frente a otras biotecnologías verdes es en su base termocatalítica: utiliza calor y catalizadores en lugar de microorganismos modificados genéticamente. Eso le permite aspirar a rendimientos cercanos a los de las rutas petroquímicas tradicionales — un punto crítico, porque una alternativa más verde que no escala al mismo ritmo rara vez convence a un director de compras.

El equipo fundador combina a Gonzalo Prieto, investigador del CSIC que lidera el grupo Ingeniería de catálisis para la sostenibilidad del ITQ y ejerce como CSO; a Ilaria Ceteroni, coinventora de la tecnología y CTO; y al holandés Joost Korver, CEO con dos décadas de experiencia en energía, sostenibilidad y crecimiento de compañías deeptech. La spin-off nace con el apoyo del venture builder Zubi Labs, y a su junta directiva se incorpora Iker Marcaide, cofundador y presidente ejecutivo de Zubi Group, según recoge la nota oficial de la UPV.

Por qué importa: la presión regulatoria que ya está aquí

La oportunidad de mercado no es solo ambiental: es regulatoria. La Reglamentación de la UE contra la deforestación (EUDR), plenamente aplicable desde 2025, obliga a las empresas a demostrar que sus insumos — incluidos el aceite de palma y sus derivados — no están vinculados a la deforestación. La consecuencia práctica para cualquier fabricante de detergentes o cosméticos que venda en Europa es que necesita trazabilidad de extremo a extremo o cambiar de proveedor.

Ese marco, sumado a las metas de reducción de emisiones de alcance 3 (las emisiones indirectas de la cadena de suministro que muchas grandes corporaciones ya se han comprometido a recortar), abre una ventana comercial concreta para ingredientes alternativos producidos dentro de la UE. Olesym no compite aún en precio con el aceite de palma — está en planta piloto, sin precios públicos — pero sí ofrece algo que el mercado empieza a pagar: origen europeo verificable y menor huella de carbono.

El sector lo sabe. Según el análisis de la propia UPV, los surfactantes sostenibles mueven ya un mercado global de gran tamaño, dominado por multinacionales químicas que llevan años incorporando rutas biotecnológicas. Olesym entra por la puerta termocatalítica, que hasta ahora tenía poca representación en este segmento.

De la bancada del laboratorio a la planta piloto

La siguiente etapa — la planta piloto en el GreenRuptive Innovation Hub del ITQ en Paterna (Valencia) — es la que separa un paper de un negocio. Ahí se valida que la tecnología sea reproducible y estable a mayor escala, y se producen los volúmenes necesarios para que clientes potenciales cualifiquen el ingrediente en sus propias formulaciones, como explica Ceteroni.

La propia UPV destaca que la tecnología ha sido apoyada por dos programas de excelencia del Consejo Europeo de Investigación (ERC) — la línea de financiación más competitiva de la UE para ciencia frontera, con tasas de éxito por debajo del 15% — antes de llegar a fase piloto. Es un sello de calidad que pesa en procesos de due diligence industrial.

Qué significa esto para tu startup

Aunque Olesym opera en química industrial, el caso deja tres lecturas prácticas para founders hispanohablantes que trabajan en sectores adyacentes — cosmética, limpieza, packaging, agro o materiales:

  • Construye sobre tecnología pública verificable. Olesym no nació de una idea de garage: arrancó tras diez años de investigación en ITQ y Max Planck, validada con fondos ERC. Para founders que desarrollan deeptech, el camino es largo pero el moat técnico y reputacional que deja un paper y un grant competitivo es difícil de replicar por un competidor bien financiado.
  • Elige el ángulo regulatorio antes que el narrativo. Vender “sin aceite de palma” importa menos que vender “cumplimiento EUDR + reducción de CO₂ cuantificada”. Cuando el regulador te obliga a cambiar, el cliente ya te está buscando.
  • Diseña para integrarse, no para reemplazar. Olesym no pide a Unilever o L’Oréal que cambien sus fábricas: produce ingredientes que se enchufan en sus formulaciones actuales. Esa filosofía drop-in reduce drásticamente el tiempo de adopción.

Acciones concretas que puedes tomar esta semana:

  • Audita tu cadena de suministro y mapea qué insumos están bajo el alcance de la EUDR o de las metas de alcance 3 de tus clientes B2B. Si dependes de derivados de palma, aceite de coco o soja, la presión regulatoria te va a llegar antes que tu próximo contrato.
  • Si haces cosmética, limpieza o materiales, contacta con hubs de transferencia tecnológica españoles como el GreenRuptive Innovation Hub (ITQ), la Red de Parques Científicos o plataformas como Tech Transfer UPV: son el camino más corto para identificar ingredientes o materiales europeos alternativos en fase de validación.

Fuentes

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