Cyberselfish vuelve 25 años después a Silicon Valley

Un libro de 2000 que vuelve a las librerías

Cyberselfish, el libro que Paulina Borsook publicó en el año 2000 para diseccionar la cultura libertaria de Silicon Valley, vuelve a imprimirse después de dos décadas fuera de catálogo. La nueva edición llega de la mano de Tin House, con una introducción del periodista Gil Durán, autor de Nerd Reich.

Para un founder hispanohablante que hoy levanta capital, negocia con reguladores o simplemente intenta entender por qué la conversación pública sobre tecnología se volvió tan hostil, el regreso de este libro no es una curiosidad bibliográfica. Es un mapa de cómo se formó el sistema de creencias que hoy domina la industria.

Borsook empezó a trabajar en Silicon Valley en 1981 como redactora técnica, según el perfil que le dedicó Mother Jones, y fue colaboradora de Wired en sus primeros años. Su tesis original apareció como ensayo en esa misma revista en el número de julio/agosto de 1996, con un subtítulo que resumía todo: Silicon Valley, uno de los mayores receptores de fondos públicos del país, quería morder la mano que le daba de comer.

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¿Qué es el tecno-libertarismo y por qué Borsook lo cuestiona?

Borsook popularizó el término "technolibertarian" para describir a un grupo que rechazaba casi cualquier regulación gubernamental mientras se beneficiaba masivamente del gasto público en investigación. En sus palabras, "ningún sector de la sociedad se benefició más y sufrió menos del gobierno que estos tipos".

Su diagnóstico central es que esa postura no era una filosofía madura, sino "una visión del mundo de 12 años": un conjunto de creencias violentamente anti-regulación, con un mal préstamo de la biología evolutiva del tipo "dejemos que las cosas evolucionen y estarán bien".

El argumento tiene una parte incómoda para cualquiera que construya tecnología hoy. Borsook sostiene que la industria ignora sistemáticamente la infraestructura pública que la hizo posible: desde el acueducto de California hasta la red eléctrica, pasando por ARPANET, el precursor de internet, financiado con dinero del gobierno. En su lectura, los fundadores de la primera ola actuaban como si todo eso hubiera surgido de la nada.

Ravers y Gilders: las dos culturas que conviven en Silicon Valley

Una de las distinciones más útiles del libro es la que separa a los Ravers de los Gilders. Los Gilders, nombrados en referencia al pensador conservador George Gilder, representan la vertiente socialmente conservadora y reaccionaria. Los Ravers, en homenaje a John Perry Barlow, encarnan la cultura más liberal: drogas, Burning Man, experimentación sexual.

Borsook insiste en que ambas corrientes corren en paralelo y no necesariamente en conflicto. Y sostiene que esa grieta sigue vigente: hoy conviven nacionalistas cristianos y católicos conservadores en puestos de liderazgo con la comunidad de burners y el mundo de la altruismo efectivo y la IA.

Hay un matiz que vale la pena retener. Borsook aclara que habla de cultura, no de política electoral: la península de San Francisco sigue votando demócrata. Su foco está en la clase dirigente, en "los señores de la tecnología", no en la base de empleados. Sobre esa base, su observación es más matizada: mucha gente entró a trabajar en cripto o IA sin pensar demasiado en el contexto político, y ante la precariedad laboral prefiere sostener el empleo antes que confrontar a su jefe.

Del Netscape IPO a DOGE: la tesis de la continuidad

Frente a la pregunta de si lo que vemos hoy es un giro o una continuidad, Borsook no duda. Ve continuidad, y ubica el punto de inflexión en el IPO de Netscape, cuando Silicon Valley fue "invadida por los finance bros" y apareció la cultura de flip and flee.

Su lectura es que ni siquiera el estallido de la burbuja puntocom corrigió esa actitud. Al contrario: quedó ahí, "percolando, contaminando los acuíferos", sin corrección, expandiéndose. Desde esa óptica, casos como Airbnb o Uber no son innovación tecnológica en su definición, sino jugadas estrictamente financieras que pelearon con dureza contra cualquier regulación que les exigiera ser buenos actores comunitarios.

Esa línea de continuidad es la que, según el perfil de Mother Jones, explica el renovado interés: Borsook anticipó cómo el desprecio del mundo tech por el gobierno podía convertirse en el deseo de destruirlo, algo que la autora asocia con lo ocurrido con DOGE bajo Elon Musk.

¿Por qué Borsook llama a la IA "un gran esquema Ponzi"?

La autora no es amable con el ciclo actual. En la entrevista con TechCrunch describe a la IA como "un gran esquema Ponzi" y sostiene que la lógica del accionista justifica lo que hacen las compañías de IA por la jugada bursátil, no por valor intrínseco.

También apunta a la contradicción entre el discurso liberador y la práctica: "No necesitamos ser regulados. Somos las personas más brillantes y maravillosas del mundo". Para ella, esa autopercepción sigue intacta aunque el contexto cambió por completo.

En el plano personal, el regreso del libro llegó tarde. Borsook, de 72 años según Mother Jones, relata que tras la publicación original nadie volvió a interesarse en su trabajo, acumuló una deuda de US$65.000 por un contrato editorial caído y llegó a perder casi todas sus pertenencias. Hoy sigue dependiendo de una campaña de recaudación que una amiga lanzó en 2024.

¿Qué significa esto para tu startup?

Más allá de la anécdota editorial, el libro deja tres lecciones operativas para quien construye hoy.

  • Audita tu dependencia de lo público. Borsook insiste en que la industria olvida cuánto de su infraestructura viene de fondos estatales: investigación básica, redes, energía, agua. Si tu producto se apoya en infraestructura pública o en incentivos fiscales, tenlo mapeado antes de adoptar un discurso anti-regulación. La coherencia entre lo que dices y de dónde sale tu ventaja competitiva es cada vez más escrutada por inversores, clientes y prensa.

  • Separa la cultura del discurso de moda. La distinción entre Ravers y Gilders recuerda que "Silicon Valley" no es un bloque. Al elegir socios, inversores o empleados, evalúa convicciones reales y no etiquetas. Un inversor puede compartir tu visión de producto y no tu visión de sociedad; conviene saberlo antes de firmar.

  • Prepara el escenario regulatorio, no lo niegues. Si Borsook tiene razón en algo, es que la resistencia reflexiva a la regulación no eliminó la regulación: la volvió más conflictiva y más tardía. Para un founder en LATAM o España, donde el marco regulatorio es más activo que en Estados Unidos, anticipar el cumplimiento es una ventaja, no un costo.

El valor del regreso de Cyberselfish no está en su capacidad de predicción, sino en su método: observar la cultura de una industria como si fuera un territorio extranjero y anotar lo que no cierra. Es una disciplina que cualquier equipo fundador puede adoptar, aunque el libro que resulte no tarde 25 años en encontrar lectores.

Fuentes

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