Maine: la revuelta por los data centers define el Senado

Una protesta en un debate que resume un problema de infraestructura

El 76% de los habitantes de Maine se opone a que se construya un data center en su comunidad, y el 58% se opone con firmeza. Ese dato, de una encuesta de UMass Lowell y YouGov de septiembre citada por The Verge, explica por qué la carrera al Senado de ese estado se convirtió en el campo de batalla político más visible del boom de infraestructura de IA en Estados Unidos.

Durante el último debate de la campaña, un asistente interrumpió a la senadora republicana Susan Collins para gritarle que los data centers de IA "están destruyendo nuestro clima" y "envenenando nuestra agua". Collins intentó desviar el tema hacia su rival demócrata, Troy Jackson. No funcionó: a días de la votación, la expansión de estas instalaciones es uno de los asuntos más volátiles del estado.

Para un founder hispanohablante que construye con IA, esto no es política lejana. Es la primera vez que el costo social y energético de la infraestructura que sostiene a los modelos se convierte en un factor electoral decisivo. Y lo que se decida en Maine va a marcar el tono de la regulación federal de data centers e IA.

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¿Por qué Maine se volvió el epicentro de la pelea por los data centers?

La geografía explica casi todo. Mientras las grandes ciudades se quedan sin terreno y sin capacidad eléctrica, Maine tiene tierra barata, molinos industriales vacíos y acceso abundante a agua por sus ríos y vías navegables. Es el perfil exacto que busca un desarrollador de data centers.

El estado ya dio un primer aviso en abril, cuando la Legislatura aprobó lo que habría sido la primera moratoria estatal del país sobre data centers grandes. La gobernadora Janet Mills la vetó diez días después. El veto no calmó nada: municipios de todo el estado empezaron a aprobar moratorias temporales o a llevar la pregunta a las urnas.

Según The Prospect, Mills pagó un precio político alto por ese veto: el revuelo la obligó a bajarse de la carrera al Senado poco después, y el proyecto que la moratoria buscaba habilitar terminó colapsando. Es una lección sobre cuánto puede costar ignorar la opinión local en un proyecto de infraestructura.

El malestar tiene una base material concreta. Molly White, la investigadora detrás de Tech Influence Watch, señala que los votantes conectan los data centers con el aumento de las tarifas eléctricas, en un otoño de costos récord de calefacción. La pregunta que se hace un votante de Maine, dice White, es simple: "¿este candidato va a invitar a un data center a mudarse al lado, y después me va a subir la luz?".

El empleo prometido que casi nunca llega

El argumento de venta de los desarrolladores es la creación de empleo a largo plazo. La evidencia económica apunta en otra dirección: la mayoría de los data centers genera prácticamente cero empleo neto una vez terminada la construcción, según la investigación citada por The Verge.

Mark Brewer, que dirige el departamento de ciencias políticas de la Universidad de Maine, lo pone en términos comparables: "Una cosa es aguantar una planta de papel que emplea a tres turnos de 1.000 trabajadores. Los data centers no hacen eso".

El dato se refuerza con research independiente. Un informe de Brookings Institution de agosto, citado por Mercury News, encontró que un condado típico que recibe su primer data center grande gana apenas entre 100 y 200 empleos, con salarios que se mantienen prácticamente sin cambios. En paralelo, un informe encargado por la Data Center Coalition —que agrupa a Google, Meta, Amazon y Microsoft— sostiene que la industria de data centers de California sostuvo 665.500 empleos directos, indirectos e inducidos en 2024. La diferencia entre ambas cifras está en la metodología, y conviene leerlas con esa advertencia.

Maine tiene además una memoria industrial que condiciona la discusión. La industria maderera aportó alrededor de US$8.300 millones a la economía estatal en 2024, pero los aranceles y el aumento de costos operativos la golpearon con cierres de plantas y despidos. Nicholas Jacobs, director del Public Policy Lab de Colby College, lo resume como una cultura de desconfianza hacia lo extractivo: "La riqueza rural existe, pero se extrae de la comunidad".

¿Cuánto dinero tech hay detrás de esta elección?

La carrera de Maine será la más cara per cápita en la historia del Senado de Estados Unidos, con una proyección de US$81 millones de gasto demócrata y US$114 millones republicano, según The Verge. Buena parte de ese dinero viene de la industria que los votantes rurales llevan más de un año enfrentando.

  • Collins recibió US$325.644 de donantes de IA y cripto, según el rastreador de donaciones de Molly White. Entre sus donantes individuales figuran Alex Karp (Palantir), Marc Andreessen y Ben Horowitz (Andreessen Horowitz), además de aportes de empleados de Google, Meta y Microsoft.
  • Casi 100 multimillonarios donaron a su campaña de reelección en alguna forma.
  • El super PAC Republican Senate Leadership Fund volcó cerca de US$42 millones en avisos en Maine. Elon Musk aportó US$158 millones a ese fondo y gastó alrededor de US$450 millones de su propio dinero apoyando a los republicanos en las midterms; su America PAC desembolsó cerca de US$2,1 millones en Maine.
  • Pine Tree Results PAC, con vínculos personales con Collins y su esposo, puso US$29,1 millones en la carrera. Stephen Schwarzman, de Blackstone, donó US$2 millones este año a ese comité.

El flujo no es solo de campaña. Forbes ubicó el hogar de Collins en el quinto puesto del Senado por inversiones ligadas a IA y data centers, con entre US$300.000 y US$800.000 a nombre de su esposo, Thomas Daffron, exlobbista. Según The Verge, Daffron cobró honorarios de consultoría en 2025 de la firma de lobby de Scott Reed, que preside Pine Tree Results y cuya firma hizo lobby para un desarrollador con data centers en Maine.

Del otro lado, Troy Jackson, quinto generación de leñadores y expresidente del Senado estatal, no tiene vínculos financieros reportados con data centers, IA o Big Tech. Su postura, sin embargo, es parecida a la de Collins: habla de "guardrails" —la palabra amable para regulación— y de asegurar empleos sindicalizados en la construcción y el mantenimiento de las instalaciones.

¿Qué está pasando fuera de Maine?

Maine es la punta del iceberg. Monterey Park, en California, se convirtió en la primera ciudad del país en prohibir data centers de forma permanente, con una medida que pasó con el 88% de los votos. Al menos seis ciudades del Área de la Bahía impusieron moratorias o empezaron a reescribir sus códigos de desarrollo.

La presión también es nacional. Una encuesta de Gallup de mayo, citada por Mercury News, encontró que 6 de cada 10 estadounidenses apoyan limitar la cantidad de data centers nuevos, con mayorías en ambos partidos. Y un informe de la Universidad de las Naciones Unidas de junio proyecta que hacia 2030 los data centers representarán cerca del 3% del consumo eléctrico mundial.

La industria reaccionó. Amazon anunció que invertirá más de US$1.000 millones en cinco años en las comunidades donde opera data centers, tras haber gastado ya más de US$1.000 millones en los últimos tres años, según reportó AP. Su CEO de cloud, Matt Garman, advirtió contra lo que considera desinformación y mencionó las más de 100 moratorias en discusión en el país.

¿Qué significa esto para tu startup?

Si tu producto depende de cómputo intensivo, este ciclo político te toca directamente, aunque operes desde LATAM o España.

1. Trata la ubicación de tu infraestructura como una decisión de negocio, no solo técnica. La oposición local ya está retrasando y encareciendo proyectos en Estados Unidos. Si dependes de un proveedor cloud, revisa en qué regiones está expandiendo capacidad y cuáles están bajo moratoria. Diversificar regiones antes de que un cuello de botella te obligue a hacerlo es más barato que reaccionar después.

2. Anticipa el costo de la transparencia. El patrón regulatorio que emerge —revelar consumo de agua y energía, someterse a revisión ambiental, negociar beneficios comunitarios— va a llegar a más jurisdicciones. Los proveedores van a trasladar parte de ese costo. Si estás negociando contratos de cómputo a varios años, pregunta explícitamente cómo se reparte el riesgo de aumentos tarifarios y de nuevos requisitos de divulgación.

3. Si vendes software a gobiernos o utilities, ahí hay oportunidad. El vacío de información es el problema central: según un informe liderado por investigadores de Santa Clara University citado por Mercury News, la mayoría de los data centers de California no tiene estudios de impacto ambiental públicos. Herramientas de medición, reporte y cumplimiento para consumo de agua y energía tienen demanda regulatoria garantizada.

4. Cuida el relato de tu propio consumo. La desconfianza hacia la IA ya no se limita a los modelos: se extiende a la infraestructura física que los sostiene. Las startups que comunican con claridad su huella energética van a tener una ventaja reputacional medible frente a clientes corporativos y administraciones públicas.

Conclusión

Maine no es una anomalía: es el primer lugar donde el costo real de la infraestructura de IA se convirtió en una pregunta electoral que nadie puede esquivar. La carrera más cara per cápita de la historia del Senado se está definiendo, en buena medida, por quién controla el agua, la tierra y la electricidad de un estado rural.

Para los founders, la señal es clara: la era en que el cómputo era un commodity invisible y barato está terminando. Quien planifique su infraestructura asumiendo restricciones regulatorias, costos energéticos crecientes y escrutinio comunitario va a estar mejor parado que quien espere a que el mercado se lo imponga.

Fuentes

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