Flock Safety: ciudad desenchufa cámaras al cancelar

Plymouth le cortó la energía a las cámaras de Flock Safety

El 22 de septiembre de 2026, el Concejo Municipal de Plymouth (Minnesota) votó por unanimidad terminar su contrato con Flock Safety. Al día siguiente, la ciudad suspendió todas las cuentas de la compañía, la notificó y envió una carta formal de cancelación por correo postal y electrónico con el respaldo de su fiscalía municipal. Pasó más de una semana sin respuesta de las áreas corporativa ni legal de Flock. El jefe de policía Eric Fadden ordenó entonces a su equipo desconectar físicamente los cables de alimentación de las cámaras.

El resultado: equipos instalados en la vía pública, todavía propiedad del proveedor, apagados a mano por el cliente. Para cualquier founder que venda software a municipios, gobiernos o grandes cuentas corporativas, el episodio es una clase sobre la parte del ciclo de vida que casi nadie diseña: la salida del cliente.

¿Qué argumentó la ciudad y qué contestó la empresa?

Fadden explicó a The Drive que la decisión se tomó en la sesión del 22 de septiembre y que, tras consultar con la fiscalía municipal, la ciudad envió la cancelación formal por dos vías. Del lado de Flock, el único contacto fue con el representante local: sin respuesta del área corporativa ni del equipo legal.

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La instrucción del jefe de policía fue deliberadamente quirúrgica. No ordenó desmontar los equipos, sino desconectar la alimentación eléctrica para garantizar que no siguieran grabando patentes. La ciudad no necesitaba que Flock viniera a retirar nada para dejar de recopilar datos. Necesitaba que alguien, del otro lado, ejecutara una tarea operativa simple.

El incentivo que explica la demora

Acá está la parte que cualquier equipo de operaciones debería leer dos veces. Retirar cámaras cuesta trabajo: una orden de servicio, un técnico, un viaje, una unidad que sale del inventario activo. Dejarlas apagadas donde están, en cambio, casi no cuesta nada.

Cuando una empresa tiene miles de dispositivos desplegados y un equipo que se está achicando, esa asimetría gana sola. La inercia juega a favor de no hacer nada, y el cliente que se fue descubre que sigue dependiendo del proveedor para algo tan básico como que le saquen el equipo de la esquina.

Es exactamente lo que señala Tom's Hardware, la fuente original de esta nota: este tipo de movimientos le reducen a Flock su área de cobertura y le generan costo de mano de obra, mientras que dejar los equipos donde están probablemente no le cuesta nada a la compañía.

No es un caso aislado: Dayton, Crystal y otros municipios

Dayton, Minnesota, a unos 10 kilómetros al norte de Plymouth, votó en agosto cancelar su contrato. El 17 de septiembre de 2026 la policía local detectó que Flock había generado una orden de mantenimiento; al día siguiente la ciudad avisó que el programa estaba en pausa y que no se autorizaba ningún trabajo. La empresa avanzó igual: una cámara volvió a servicio sin autorización y luego se identificó una segunda reinstalada, según el relato que recoge BroBible. El administrador municipal Zach Doud contó a KARE 11 que Flock reconoció la cancelación, pero dijo que retirar el equipamiento le tomaría 60 días.

En Crystal, Minnesota, el jefe de policía Pete Underthun directamente desmontó cámaras y postes por su cuenta, y todavía seguía coordinando con la empresa el retiro de los equipos que quedaron en su garaje. En Elgin Community College, Illinois, cubrieron seis cámaras con precintos y bolsas de basura negras mientras esperaban que alguien las retirara. Otras comunidades, incluida una en Arkansas, recurrieron al mismo método.

El desgaste también llegó a Virginia: la división de policía del condado de Henrico anunció el 6 de octubre que terminaría su contrato, y el alcalde de Richmond, Danny Avula, dijo el 13 de octubre que la ciudad cancelaría el suyo, sin descartar usar lectores de patentes de otro proveedor. En Carolina del Sur, los condados de Oconee, Anderson y Spartanburg avanzaron con ordenanzas para restringir las cámaras, Greer suspendió su uso en agosto y el concejo de Simpsonville votó 5 a 2 el 27 de octubre para avanzar en esa dirección.

La otra cara: Dallas e Inkster

No todas las ciudades van en la misma dirección, y eso importa para leer el mercado. En Dallas, el departamento de policía informó que más de 300 cámaras que iban a quedar fuera de línea seguirán operativas al menos 90 días más, tras una reunión entre el jefe Daniel Comeaux y el CEO de Flock, Garrett Langley. La ciudad tiene 684 cámaras, 321 de ellas financiadas con fondos estatales, según CBS News.

En Inkster, Michigan, la ciudad va al revés: firmó una expansión a 10 años que lleva los lectores de patentes de seis a 20, suma cinco cámaras de seguridad, 48 dispositivos de detección de disparos y un dron de respuesta a emergencias, según ClickOnDetroit. El alcalde Byron Nolen y la jefa de policía Tamika Jenkins defendieron el plan y anunciaron un portal de transparencia y auditorías internas para detectar usos indebidos.

¿Qué está pasando con el negocio de Flock?

El contexto financiero ayuda a entender por qué la ejecución operativa se está resintiendo. Yahoo Finance reportó que Flock planea eliminar alrededor de 270 puestos, cerca del 18% de una plantilla de unos 1.500 empleados, con salidas previstas para finales de octubre, después de un programa de separación voluntaria anunciado en septiembre. La misma nota señala que la compañía cerró una ronda de US$275 millones liderada por Andreessen Horowitz, a una valoración reportada de US$7.500 millones, y que su financiación total reportada supera los US$950 millones.

La escala del despliegue explica el tamaño del problema: según el reporte de Reuters que cita Yahoo Finance, Flock opera unas 120.000 cámaras con IA en 49 estados y tiene más de 4.800 agencias policiales y casi 1.000 clientes empresariales. El artículo original de Tom's Hardware menciona más de 300.000 cámaras instaladas en el país, una cifra bastante mayor que la de Reuters.

La presión pública también se mide. Una encuesta de Reuters/Ipsos encontró que el 47% de los estadounidenses se oponía a instalar cámaras de Flock en su comunidad, frente a un 38% que las apoyaba. La compañía respondió con cambios de producto: reducir de 30 a 7 días el periodo de retención de datos por defecto y exigir un código de caso antes de cada búsqueda, según CBS News.

Vale aclarar qué hace realmente el sistema, porque es la raíz del conflicto: aunque se comercializa como lector automático de patentes, la plataforma usa IA para identificar vehículos por otras marcas, como calcomanías, color de pintura, marca y modelo, según describe la fuente original.

¿Qué significa esto para tu startup?

El caso no es sobre cámaras ni sobre Minnesota. Es sobre qué pasa cuando un cliente decide irse y tu empresa no tiene a nadie asignado a esa tarea. Si vendes SaaS B2G o contratos anuales con hardware o datos, estas son las acciones concretas que se desprenden del episodio:

  • Escribe la cláusula de salida antes de firmar la entrada. Plazo máximo de retiro de equipos o datos, quién ejecuta, en cuántos días y con qué penalidad si no se cumple. Si no está en el contrato, no existe: Flock tardó 60 días según su propia versión, y eso fue suficiente para que una ciudad actuara por su cuenta.
  • Define un dueño del offboarding con SLA interno. Un responsable con nombre, un correo de confirmación de recepción de la baja en menos de 48 horas y una fecha de ejecución. La falla de Plymouth no fue técnica: fue que nadie contestó.
  • Calcula el costo de la inercia. Si mantener un activo apagado te cuesta cero y retirarlo te cuesta dinero, tu proceso por defecto será no hacer nada. Ponle número a ese costo y compáralo con el riesgo reputacional de que un cliente resuelva el problema por su cuenta.
  • Trata la vigilancia regulatoria como input de roadmap. Retención de datos más corta, códigos de caso por búsqueda y auditorías no son concesiones de marketing: son requisitos que ya están apareciendo en ordenanzas locales y en legislación estatal. Diseñar el producto para que se pueda auditar te ahorra la próxima crisis.

Conclusión

Flock no perdió el contrato de Plymouth por la cancelación, que ya estaba decidida. Lo perdió por la forma en que la gestionó: un cliente que se va sin fricción es un ex cliente; un cliente que tiene que ir a desenchufar tus equipos se convierte en un caso de estudio, en un titular y en un argumento para que la próxima ciudad vote en contra.

Para un founder, la lección es incómoda pero barata de aplicar. La mayoría de los equipos mide la adquisición, la activación y el uso. Casi ninguno mide la salida. Y la salida es, justamente, el último momento en el que tu empresa todavía puede controlar la narrativa.

Fuentes

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