Satlyt prueba su software de cómputo en órbita con la NASA

Un solo computador en órbita bastó para validar el cómputo distribuido en el espacio

Satlyt demostró que su software puede repartir tareas de cómputo entre computadores que orbitan la Tierra. La prueba se completó este mes con una red simulada de cuatro equipos, cuatro usuarios y ocho servicios, pero solo un computador físico a bordo de una nave en órbita: los otros tres eran simulaciones. Los resultados volvieron a la Tierra correctamente.

La startup, fundada en 2024 por Rama Afullo —ex Google y ex SpaceX—, trabajó 13 meses en ese experimento junto a la Universidad de Houston, dentro de un proyecto de investigación financiado por la NASA. Para un founder fuera del sector espacial, lo relevante no es el satélite: es el modelo. Satlyt no construye naves ni compra cohetes. Vende una capa de software que convierte flotas de satélites ya desplegadas en una red de procesamiento compartido.

Qué probó exactamente Satlyt y qué le falta

El software recibió un encargo concreto: asignar y ejecutar tareas entre esos cuatro computadores considerando cuánta capacidad de cómputo y cuánta comunicación había disponible en cada momento. Lo resolvió generando un plan a bordo del hardware que está en órbita, no en tierra. Ese es el punto central del experimento: la decisión se toma arriba.

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El resultado tiene matices. Según Afullo, uno de los enfoques funcionó mejor que los otros, pero exigía más capacidad de cómputo. Es el tipo de compromiso que cualquier equipo de infraestructura conoce: rendimiento contra recursos disponibles.

La prueba también dejó un hallazgo incómodo. El software estaba midiendo mal los retrasos: registraba el tiempo de llegada de un dato en lugar del retardo transcurrido, que es una métrica distinta. El equipo lo reconoce sin dramatizar: el desarrollo, la ejecución a bordo y el retorno de los resultados sí funcionaron.

Satlyt ya tiene su software en tres satélites en órbita y quedó entre los cinco finalistas del TechCrunch Disrupt Battle de este año. Pero hay una precisión importante: aunque el proyecto contó con financiamiento de la NASA, la agencia todavía no eligió a Satlyt para ninguna misión específica ni aprobó el despliegue de su tecnología.

Por qué el cómputo en órbita dejó de ser ciencia ficción

El contexto ayuda a dimensionar el movimiento. Google lanzó su primer satélite de prueba de Project Suncatcher en una misión compartida de un cohete Falcon 9 de SpaceX a comienzos de octubre, según reportó CNN. El prototipo busca verificar cómo se comportan sus chips TPU tras el lanzamiento y bajo la radiación espacial.

Las limitaciones físicas son concretas. CNN detalla que el satélite de prueba entrega alrededor de 1 kilovatio de potencia a los TPU y debe apagarse cada 20 minutos para no sobrecalentarse. En cambio, según un paper del equipo de investigación de Google publicado en la revista Joule y citado por CNN, un rack de datacenter típico en Tierra necesita entre 50 y 100 kW. La brecha es de dos órdenes de magnitud.

Google no está sola. MarketWatch reportó que Starcloud, una startup de datacenters orbitales valorada en US$2.300M, puso en órbita un satélite con un chip Nvidia H100, y que SpaceX planea desplegar hasta un millón de satélites de cómputo con IA. Sobre la viabilidad económica hay dudas serias: un informe de JLL Research citado por CNN advierte que los chips de IA se renuevan cada uno o dos años mientras los satélites duran entre cinco y siete, lo que convierte la obsolescencia de hardware en un problema estructural.

Satlyt no construye satélites: quiere ser el Android de la computación espacial

Esta es la parte más interesante para quien esté pensando en cómo montar una empresa sobre infraestructura que no controla.

Afullo compara su enfoque con VMware y Snowflake: plataformas que dejan correr software complejo sin que el usuario se preocupe por la infraestructura de abajo. Y usa una analogía directa: si quienes construyen datacenters orbitales son el iPhone, Satlyt quiere construir el Android.

Los números de tracción son verificables. TechCrunch reportó que la compañía levantó una ronda seed de US$8M liderada por Non Sibi Ventures, fondo con sede en Houston en el que participa Bernard Harris, astronauta de la NASA por más de 20 años. Ya voló su software en dos misiones de demostración y desplegó el modelo Gemma de Google DeepMind a bordo de una nave operada por Momentus: según la compañía, eso redujo más del 60% el tamaño de una transmisión sobre errores de software a bordo.

El argumento de Non Sibi es de manual para inversores de deeptech: no necesitan que los datacenters en el espacio funcionen para que Satlyt tenga éxito. Les basta con que siga aumentando la cantidad de satélites en órbita. La meta declarada de Afullo es estar presente en el 20% de los satélites a finales de la década.

Qué significa esto para tu startup

Cuatro lecturas aplicables fuera del sector espacial:

  • Vende la capa, no el fierro. Satlyt no esperó a que existieran datacenters orbitales ni a tener su propio satélite. Se montó sobre activos que ya están arriba y que en su mayoría no aprovechan su capacidad de cómputo. Pregúntate qué hardware o software ya instalado en tus clientes está subutilizado y podría resolverse con una capa tuya.
  • Diseña con permisos, prioridades y límites. La propuesta es explícita: el usuario define permisos, prioridades y límites operativos, y el software decide dentro de esas reglas. Ese envoltorio es lo que reduce la resistencia a ceder control a un algoritmo. Si tu producto toma decisiones por el cliente, deja que sea él quien fije los parámetros.
  • Reporta los errores como hallazgos. Satlyt encontró un bug de referencia temporal y lo comunicó como parte del resultado, sin declarar fracaso. Cuando vendes a clientes con procesos críticos o a una agencia pública, la transparencia sobre lo que falló vale tanto como el resultado positivo.
  • No confundas financiamiento con contrato. El proyecto tuvo respaldo de la NASA, pero eso no equivale a una misión adjudicada. En ventas enterprise y de gobierno, la validación técnica y la compra son dos procesos distintos y secuenciales.

Lo que todavía no está resuelto

Afullo enumera lo que falta sin adornos: enlaces de comunicación utilizables, permiso de los operadores participantes, transferencias seguras, planificación de recursos y recuperación cuando la conexión entre computadores se cae. Los próximos pasos son validación más amplia, integración y, después, demostrar cómputo compartido entre naves separadas.

También persiste el escepticismo sobre el negocio. CNET citó a Mahdi Eslamimehr, de la consultora Quandary Peak Research: demostrar que los chips funcionan en órbita no es demostrar un modelo de negocio, y los servicios de IA cotidianos seguirán dependiendo de instalaciones terrestres por un buen tiempo. A eso se suma que los costos de lanzamiento no están bajando, según CNN.

Conclusión

El experimento de Satlyt no cambia la industria por sí solo: es un componente, uno de planificación, dentro de una capacidad mucho más amplia. Pero marca una ruta que cualquier founder de deeptech puede estudiar: identificar una infraestructura cara y desaprovechada, construir software que la haga útil y validarlo dentro de un ecosistema ajeno en lugar de competir contra él. La pregunta abierta sigue siendo económica, no técnica, y en eso el sector espacial se parece bastante al resto del mercado.

Fuentes

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